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Cómo las amenazas de Trump a Groenlandia ponen a prueba a la OTAN

Si la Alianza Atlántica apareció para confrontar la amenaza del bloque comunista y la Unión Soviética, nada en sus estatutos preveía la posibilidad de que un país miembro, como Estados Unidos, se planteara invadir a otro, como Dinamarca. Copenhague calificó de "franca y constructiva" su reunión de este miércoles en la Casa Blanca.

Gente en fila para votar en las elecciones groenlandesas, en Nuuk, la capital de la isla. Foto: Archivo Emil Helms

Después de la exitosa captura del presidente Nicolás Maduro, llevada a cabo por el Ejército estadounidense en Caracas, y su desafío por el control del petróleo venezolano, la retórica de Donald Trump vuelve a una obsesión que lleva meses cultivando. En sus palabras de este domingo, el inquilino de la Casa Blanca aseguró que “Groenlandia es muy estratégica ahora, rodeada de naves chinas y rusas por todas partes, y por eso necesitamos a Groenlandia desde un punto de vista de seguridad nacional. Y Dinamarca no es capaz de proveer eso”.

Y este miércoles, horas antes de que su vicepresidente, JD Vance, y su secretario de Estado, Marco Rubio, recibieran a autoridades danesas y groenlandesas para conversaciones, Trump volvió sobre el tema al afirmar que cualquier cosa que no sea que el control de Groenlandia esté en manos de Estados Unidos es inaceptable.

“Estados Unidos necesita Groenlandia por motivos de Seguridad Nacional. Es vital para la Cúpula Dorada que estamos construyendo”, señaló Trump, quien ha mostrado su intención de adueñarse de esa isla del Ártico, un territorio autónomo de Dinamarca.

“La OTAN será más formidable y efectiva cuando Groenlandia esté en manos de ESTADOS UNIDOS. Cualquier otra cosa por debajo de eso es inaceptable”, escribió el mandatario estadounidense en redes sociales.

El vicepresidente JD Vance y el secretario de Estado Marco Rubio salen del edificio de la Oficina Ejecutiva Eisenhower después de una reunión con el ministro de Relaciones Exteriores de Dinamarca, Lars Loeke Rasmussen, y la ministra de Relaciones Exteriores de Groenlandia, Vivian Motzfeldt, en Washington, el 14 de enero de 2026.

Antes de la cita en la Casa Blanca, el gobierno de Dinamarca anunció este miércoles que sus Fuerzas Armadas ampliarán su presencia en Groenlandia en el marco del aumento de las tensiones con Estados Unidos por sus pretensiones de anexionarse el territorio autónomo danés.

En tanto, Trump reclamó este miércoles a la OTAN que ejerza presión sobre Dinamarca para que evite la presencia militar rusa y china en Groenlandia y la región del Ártico. “¡OTAN, dile a Dinamarca que los saque de ahí ya!”, escribió en sus redes sociales.

Tras una hora y media de duración, la esperada reunión entre una delegación de alto nivel de Dinamarca y Groenlandia con sus contrapartes de Estados Unidos concluyó este miércoles, sin grandes avances, pero aparentemente sin una crisis todavía mayor.

“Ha sido una conversación franca pero constructiva”, explicó el ministro de Asuntos Exteriores danés, Lars Løkke Rasmussen, admitiendo que ambas partes siguen discrepando sobre el futuro de Groenlandia, pero que han aceptado crear un “grupo de trabajo de alto nivel” que se reunirá “en las próximas semanas” para ver cómo se puede avanzar para abordar las preocupaciones de seguridad estadounidenses.

“Queremos trabajar en estrecha colaboración, pero debe ser una cooperación respetuosa. No es fácil pensar en soluciones innovadoras cuando te despiertas cada mañana con diferentes amenazas”, añadió Rasmussen, quien aclaró que “siempre estamos dispuestos a hacer más”.

“Colaborar sí, pero no queremos pertenecer a Estados Unidos”, insistió la representante de Asuntos Exteriores de Groenlandia, Vivian Motzfeldt.

La “debilidad” de Europa

En cualquier caso, las amenazas norteamericanas, que van desde comprar la isla a Copenhague, sin descartar el invadirla de plano, ponen en jaque a Europa y a la OTAN en general. En declaraciones a la BBC, un funcionario de la Unión Europea resumió: “Toda esta situación ha vuelto a subrayar una cosa: la debilidad fundamental de Europa cara a cara con Trump”.

La alarma discreta que prevalecía en las capitales europeas, sobre todo en 2025, ante el comportamiento amenazante de la administración Trump hacia Groenlandia, se ha convertido este año en una emergencia total. El martes, los líderes europeos trazaron apresuradamente nuevas líneas rojas y advirtieron a la Casa Blanca que la OTAN, la alianza militar transatlántica de 76 años de existencia, colapsará si Trump cruza estas líneas.

Barco navegando por Groenlandia. Brennan Linsley

En un comunicado publicado este martes, siete líderes europeos prácticamente le dijeron al presidente estadounidense que diera marcha atrás con sus planes. “Groenlandia pertenece a su pueblo. Corresponde a Dinamarca y Groenlandia, y solo a ellos, decidir sobre los asuntos que les conciernen”, se leía en el texto. Los líderes también instaron a Trump a colaborar con la OTAN para alcanzar los objetivos de seguridad estadounidenses en la región ártica, y a dejar de intimidar a Dinamarca, que ha tenido jurisdicción sobre la enorme isla, cubierta de hielo pero rica en minerales, durante más de 300 años.

Groenlandia, con una población de aproximadamente 56 mil habitantes, es semiautónoma y gestiona la mayor parte de sus asuntos internos, mientras que Dinamarca controla la política exterior y la defensa del territorio. Enfrentarse a la superpotencia que ha respaldado la seguridad europea durante casi ocho décadas, es algo distinto a cualquier crisis interna de la Alianza Atlántica que los líderes europeos hayan tenido que afrontar en el pasado.

Pero tras la operación militar estadounidense que condujo a la captura de Nicolás Maduro, los líderes europeos de la OTAN parecen haber decidido colectivamente que la tendencia de Trump a tomar medidas unilaterales ya no puede ignorarse ni tolerarse: es una amenaza seria. Sin embargo, la Casa Blanca se mostró impávida ante el comunicado, y en cambio, lanzó nuevas amenazas de coerción, llegando incluso a sugerir que el uso de la fuerza militar contra sus aliados sigue siendo una opción.

Trump ha manifestado interés por los recursos de Groenlandia.

En términos concretos, con un presupuesto militar de casi 900.000 millones de dólares para 2006, Estados Unidos sigue siendo hoy el Ejército nacional más poderoso del mundo. Todos juntos, los miembros europeos de la OTAN no llegan ni siquiera de cerca a esa cifra, además de que ningún país del continente podría competir con la habilidad norteamericana de poner a sus Fuerzas Armadas en cualquier parte del mundo.

Los líderes europeos, encabezados por el Big Three compuesto por el presidente francés Emmanuel Macron, el canciller alemán Friedrich Merz y el primer ministro británico Keir Starmer, han intentado usar la diplomacia para convencer a Trump de que puede lograr todos sus objetivos políticos sin tomar Groenlandia físicamente, ni destruir la alianza de la OTAN a su paso.

Lin Mortensgaard, especialista en el Ártico del Instituto Danés de Estudios Internacionales, afirma que las acciones estadounidenses de los últimos días plantean dudas sobre la estrategia europea: “Creo que estamos empezando a ver que esto no se trata realmente de seguridad nacional, seguridad internacional ni recursos”, declaró a CBC News. “Creo que se trata del legado de Trump. Creo que se trata de su deseo de expandir el territorio estadounidense”, agregó.

De ser así, muchos analistas, diplomáticos y políticos creen que no solo fracasará la diplomacia europea, sino que todo el sistema de alianzas posterior a la Segunda Guerra Mundial se derrumbará junto con ella, si Estados Unidos actúa unilateralmente en la isla. “Significaría el fin de la OTAN”, declaró Kerry Buck, exembajador canadiense ante la Alianza Atlántica entre 2015 y 2019. “Podría ser una muerte rápida o lenta, pero sería la muerte de la OTAN”.

Nadie esperaría, siendo realistas, que alguno de los otros 31 miembros de la OTAN defendiera militarmente Groenlandia si Estados Unidos intentara apoderarse de ello. Esto último ha sido un punto enfatizado por el asesor de Seguridad Nacional de Trump, Stephen Miller, quien afirmó: “Nadie va a luchar militarmente contra Estados Unidos por el futuro de Groenlandia”. “El mundo real”, añadió, “se rige por la fuerza”, no por tratados ni apoyo mutuo.

Vista de la Base Espacial Pituffik en Groenlandia, la única instalación militar estadounidense en el Ártico.

La administración de Trump ha insistido en que su estrategia sobre Groenlandia es necesaria para “garantizar la seguridad de Estados Unidos” frente a las amenazas de Rusia y China. Ivo Daalder, que fue embajador de Estados Unidos ante la OTAN durante la presidencia de Barack Obama, advirtió que el intento de la Casa Blanca de “apoderarse” de Groenlandia constituye en sí mismo un riesgo para la seguridad nacional.

“En muchos sentidos, la amenaza de apoderarse de Groenlandia y su toma efectiva reducirían nuestra seguridad, ya que haría que quienes hoy son aliados de Estados Unidos, dejarían de serlo en el Ártico”, declaró. “Ya tenemos todo lo que queremos en materia de seguridad en lo que respecta a Groenlandia, porque es miembro de la OTAN. Y, de hecho, si nos fijamos en el Ártico, todos, salvo Rusia, siete de los ocho países árticos son miembros de la OTAN. Por lo tanto, la manera de mejorar la seguridad en el Ártico es trabajar a través de la OTAN”, añadió.

En ese sentido, Daalder opina que Estados Unidos tiene mejor poder de disuasión cuando trabaja con sus aliados, que por sí solos. Recordando un tuit reciente de Trump, en el que asegura que la OTAN nunca le ha servido de nada a Estados Unidos, el exembajador opinó: “Me ofende en nombre de nuestros aliados europeos. Nuestros aliados han apoyado a Estados Unidos no solo desde el principio, sino en todo momento. La única vez que la OTAN invocó el Artículo Cinco, el de la cláusula de defensa colectiva, fue después del 11 de septiembre de 2001, cuando la OTAN desplegó aviones para ayudar a defender los cielos de Estados Unidos. Todos los países de la OTAN, sin excepción, así como otros 20 países, desplegaron tropas en Afganistán durante 13 años. Que el presidente de Estados Unidos diga que la OTAN no viene a ayudarnos es, para los países que lucharon junto a nosotros, cuyos hijos, hijas y esposos murieron para defender nuestros intereses, ofensivo”.

Donald Trump en una conferencia de prensa en La Haya, durante una cumbre de la OTAN. NICOLAS TUCAT

La idea de que un país de la OTAN pueda atacar a otro, como sería una invasión estadounidense de Groenlandia, es tan extraña que el artículo más famoso del tratado fundacional de la alianza no distingue claramente qué ocurriría si dos de sus miembros entraran en guerra. De todos modos, existe el consenso de que el Artículo 5 de la alianza, apodado “todos para uno y uno para todos”, no es aplicable a un ataque de un país de la OTAN a otro.

Un caso de esta índole fue, por ejemplo, el conflicto entre Turquía y Grecia por Chipre. El peor momento de violencia se produjo en 1974, cuando Turquía invadió la parte norte de Chipre en respuesta a un golpe de Estado apoyado por la junta militar griega contra el presidente chipriota Makarios: la OTAN no intervino, pero su miembro más poderoso, Estados Unidos, pudo mediar entre ambos países.

La OTAN también superó la crisis de Suez en 1956, que vio a Gran Bretaña y Francia, junto con Israel, invadir Egipto para recuperar el control del canal de Suez, antes de retirarse tras la intensa presión estadounidense. La alianza también sobrevivió a las “guerras del bacalao” entre Reino Unido e Islandia en 1958, 1972 y 1975. Y la OTAN no se desintegró durante la ruptura que surgió entre sus miembros antes y después de la invasión de Irak liderada por Estados Unidos en 2003.

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