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Díaz-Canel descarta renunciar a la presidencia y recuerda que a los dirigentes de Cuba “no los elige” EE.UU.

En una entrevista con la cadena NBC, el presidente cubano además afirmó que la Casa Blanca “no tiene moral para exigirle nada” a La Habana, como tampoco para decir que están preocupados por la situación de su pueblo.

El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel. Imagen @DiazCanelB en X.

El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, manifestó este jueves no tener intención de renunciar al cargo que ostenta desde 2019, tras reemplazar en el puesto a Raúl Castro, y recalcó que los dirigentes cubanos no son elegidos por el Gobierno de Estados Unidos.

“Renunciar no forma parte de nuestro vocabulario”, afirmó el mandatario caribeño en una entrevista con la cadena NBC, en la cual agregó que es el pueblo cubano quien debe determinar si es “incapaz” o no está “a la altura” de su puesto y, por ende, el que decidirá si debe seguir al frente del país o no.

Tras subrayar que los dirigentes cubanos no llegan a su puesto porque representen a “una élite de poder”, insistió en que “es el pueblo quien elige”, aunque lamentó que “haya una matriz que trata de desconocer eso”.

“Tenemos un sistema, también de elecciones, que es totalmente sobre la base de la participación popular”, dijo, para añadir que Cuba es un estado “soberano”, “libre”, “con determinación” y que no se somete a “ningún designio del Gobierno de Estados Unidos”.

En la misma entrevista, el jefe de Estado consideró que la Casa Blanca, que a su juicio tiene una “política hostil” contra la isla, no solo “no tiene moral para exigirle nada” a La Habana sino que, además, tampoco la tiene “para decir que están preocupados con la situación del pueblo cubano”.

Seguidamente, abogó porque ambos países se centren en “dialogar” sin “condicionar” ni “exigir cambios” en el sistema de la isla, en pro de sentarse a negociar para “evitar la confrontación y tener un futuro”.

Víctima de un “castigo colectivo prolongado”

Este mismo jueves, el presidente cubano publicó un mensaje en sus redes sociales, donde condenó las trabas puestas por la Washington para impedir la entrada de petróleo a su país durante los últimos meses, lo que llevó a La Habana a una asfixia energética, impuesta para presionar a las autoridades cubanas.

“Cuba es víctima de un castigo colectivo prolongado que pretende arrollar a su pueblo por hambre, enfermedades y duras carencias de insumos básicos”, aseguró Díaz-Canel luego de recordar los “65 años de la guerra económica, comercial y financiera más severa y prolongada”.

Para poco después argumentar que, al impedir la llegada de combustible a Cuba, “el Gobierno de Estados Unidos viola de manera flagrante, deliberada e injustificada los derechos humanos de todo un pueblo, así como la libertad de comercio de terceros países”.

Esta situación, según lamentó el mandatario, provocó en la isla “prolongados cortes diarios de electricidad, desabastecimiento de agua y gas licuado”, y ha “paralizado” servicios médicos que requieren estabilidad energética.

Incluso -agregó- los centros escolares y universitarios tuvieron que “reajustar” sus programas de estudio y acudir a modalidades semipresenciales para garantizar la continuidad del proceso educativo, mientras que el transporte público y privado se encuentra “prácticamente paralizado por la falta de combustible”.

Tras abogar por la adopción de un “instrumento internacional jurídicamente vinculante” que “demande el levantamiento inmediato de estas medidas y la rendición de cuentas de los responsable”, el jefe del Ejecutivo caribeño afirmó que Cuba “confía y apuesta por el multilateralismo y la diplomacia, como las únicas herramientas eficaces para el mantenimiento de la paz, la convivencia civilizada y el desarrollo sostenible”.

Finalmente, declaró que el pueblo cubano “no olvidará a los que, frente al atropello y el chantaje, se colocaron del lado de la justicia y alzaron sus manos y voces sin miedo para defender el derecho de este heroico pueblo a vivir y a elegir soberanamente su destino”.

Tal como ocurrió con Rusia y el envío a La Habana del buque Anatoli Kolodin con 100.000 toneladas de petróleo a bordo, para romper así el bloqueo de combustible hacia el país impuesto por la Casa Blanca.

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