Por Bastián DíazEl complejo momento para Meloni tras su primera gran derrota en Italia
El fracaso de la primera ministra italiana en el referéndum sobre la reforma judicial, que era su proyecto estrella, no solo marca su primera derrota en unas elecciones a nivel nacional desde que llegó al poder en 2022, sino que pone en duda sus expectativas de reelección en 2027.

Desde su llegada al puesto en octubre de 2022, la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, había podido mantener una buena popularidad y, cosa rara en su país, seguir gobernando durante más de tres años. Esa imagen de estabilidad que se proyectaba al exterior se rompió definitivamente tras el referéndum sobre la reforma judicial, realizado el 22 y 23 de marzo, luego de una derrota en las urnas que les hace replantearse a ella y sus socios el futuro de la legislatura. No solo marca su primera derrota en unas elecciones a nivel nacional desde que llegó al poder, sino que pone en duda sus expectativas de reelección en 2027.
Luego de una campaña altamente politizada para la consulta propuesta por el gobierno, la mayoría de los italianos decidió que no estaban interesados en la reforma judicial de la coalición de derecha, que se había vuelto un “caballito de batalla” de la alianza con la ultraderechista Liga de Matteo Salvini y Forza Italia de Antonio Tajani. El 53,24% de los votos “no”, frente al respaldo del 46,76% al proyecto, vino a dar una ilusión a la oposición italiana, que hasta ahora no lograba encontrar algo que la uniera.
“Los italianos han decidido. Y nosotros respetamos su decisión. Seguiremos adelante, como siempre lo hemos hecho, con responsabilidad, determinación y respeto hacia el pueblo italiano y hacia Italia”, declaró Meloni en X, tildando de paso el fracaso como una “ocasión perdida” para modernizar el sistema judicial de su país.

Desde el gobierno, que impulsó la reforma, el proyecto buscaba modernizar el sistema judicial y equipararlo a estándares de las democracias occidentales. Sin embargo, tanto desde la magistratura como de los partidos de la oposición, la proposición fue recibida como un intento de debilitar la autonomía del Poder Judicial.
Aun partiendo como un tema más bien “técnico”, la campaña por el referéndum fue politizándose semana tras semana, hasta volverse una amplia confrontación política. Desde el gobierno, muchos miembros prominentes criticaron al Poder Juicial, reviviendo un conflicto de larga data entre la magistratura y la derecha italiana.
Al respecto, el analista político italiano Emmanuele Bobbio comenta a La Tercera: “Esta tensión tiene profundas raíces históricas y está vinculada al legado de Silvio Berlusconi, quien durante décadas planteó las reformas judiciales como una batalla política clave. En la fase final de la campaña, la participación directa de la primera ministra Giorgia Meloni elevó aún más la tensión política”.
Tras cuatro años de legislatura, y con el gobierno enfrentando varios desafíos difíciles, incluido el aumento de precios por la guerra en Irán, la oposición vio el referéndum como la primera oportunidad real para asestar un revés político al gobierno, y pudo aprovecharlo.
Al respecto, la periodista de The European Correspondent, Benedetta Di Placido, detalló: “El referéndum fue sumamente polémico, ya que abordó un tema delicado: el equilibrio de poder entre el poder judicial y la política, históricamente conflictivo en Italia. Si bien hubo cierta coincidencia entre las posturas de derecha e izquierda, la división no fue del todo clara: sectores de la centroderecha promovieron la reforma en nombre de la eficiencia y la rendición de cuentas, mientras que gran parte de la izquierda y el poder judicial se opusieron para defender la independencia judicial. Sin embargo, existían divisiones internas en ambos bandos, lo que hizo que el referéndum fuera menos rígido ideológicamente que un típico enfrentamiento partidista”.
Con esto, Giorgia Meloni se enfrenta a un importante desafío político. El “no” obtuvo una clara victoria en un referéndum constitucional que resulta decisivo para el resto de la legislatura, hasta entonces caracterizada por una estabilidad excepcional. No solo obtuvo el 53,24% de los votos, sino que también una alta participación de más del 55%, cuatro puntos porcentuales más que en el último referéndum de 2020.
La estrategia oficialista, basada en estigmatizar implacablemente a los jueces para promover la reforma, presentada en particular como un medio para acabar con el control férreo de los “jueces rojos” sobre la vida democrática, no logró asegurar la victoria. Por otro lado, el bando del “no” buscaba defender una cultura republicana que consideraba amenazada por el ejercicio iliberal del poder por parte de Giorgia Meloni.
El contexto internacional, plagado de amenazas, también resultó desfavorable para la jefa de gobierno, poniendo en entredicho la posición de una primera ministra que, a pesar de la hostilidad incluso dentro de su propio partido, había optado por alinearse con la administración de Donald Trump. Finalmente, a pocos días de la votación, las revelaciones de la prensa sobre las conexiones con la mafia calabresa, tanto personales como comerciales, que tenía el subsecretario de Estado de Justicia, Andrea Delmastro Delle Vedove, no favorecieron al gobierno.
Para reaccionar luego del fracaso, la primera ministra forzó tres dimisiones en solo 48 horas. Primero fueron dos altos cargos de Justicia (entre ellos Andrea Delmastro), para terminar el miércoles renunciando la ministra de Turismo, Daniela Santanchè.
Al respecto, Di Placido asegura que, más allá de la gravedad de la derrota, está lejos de ser el golpe final a la legislatura. “La derrota representa más un revés político que una crisis sistémica. Si bien debilita el moméntum de la reforma judicial, es improbable que desestabilice al gobierno a corto plazo. La renuncia de Meloni no se contempla seriamente, sobre todo dada la actual mayoría parlamentaria. Sin embargo, ya se ha iniciado una reestructuración del gobierno”, comenta la periodista.
Bobbio, por su parte, especula para los próximos meses: “La primera ministra Meloni se enfrenta ahora a un dilema estratégico. Una opción sería dimitir y convocar elecciones anticipadas, aprovechando el sólido mandato electoral que obtuvo en las últimas elecciones generales, donde obtuvo aproximadamente 12 millones de votos, e intentando convertir la derrota del referéndum en un reinicio político antes de que la oposición tenga tiempo de consolidarse en torno al resultado. La alternativa a eso es permanecer en el cargo y seguir gobernando hasta el final natural de la legislatura, dentro de un año aproximadamente”.
Ahora bien, indica el analista, el próximo año se presenta particularmente complicado. El gobierno aún no ha implementado algunas de las principales reformas institucionales prometidas por la coalición, y opera en un contexto internacional difícil. Por estas razones, no se puede descartar la posibilidad de elecciones anticipadas. Por el momento, sin embargo, la decisión predominante parece ser la de mantenerse en el poder e intentar sortear las consecuencias políticas.
Lo que se prevé también es un cambio de agenda, que incluirá entre otras cosas la reforma de la Ley Electoral, que deberá regular las próximas generales. Si se agota la legislatura, estas tendrían que ocurrir a finales de 2027.
En opinión de Di Placido, es probable que Meloni se centre en áreas con mayor consenso político: estabilidad económica, control migratorio y reformas institucionales menos divisivas que la reestructuración judicial. “También podría priorizar el mantenimiento de la cohesión dentro de su coalición y el fortalecimiento de la posición de Italia en la UE, especialmente en cuestiones fiscales y geopolíticas. Dirigir sus acciones fuera de Italia y hacia Europa podría ser también una estrategia para desviar la atención de los problemas internos”, afirmó la periodista italiana.
“La principal prioridad del gobierno de Meloni probablemente será demostrar que aún puede garantizar la estabilidad y el crecimiento económico. Sin embargo, esto no será fácil. Gran parte del reciente desempeño económico de Italia ha estado vinculado a inversiones financiadas por el plan de recuperación Next Generation EU, que se acerca gradualmente a su fin. A medida que este ciclo de financiación se agota, mantener el mismo nivel de crecimiento podría volverse más difícil”, añade Bobbio.
El problema político más acuciante en Italia sigue siendo el costo de la vida. La inflación, sobre todo en energía y productos básicos, ha aumentado la ansiedad entre los hogares, y muchos consumidores italianos temen que su situación económica empeore aún más, y este creciente malestar social representa un importante desafío para el gobierno. “El problema es que el margen de maniobra fiscal del gobierno es relativamente limitado. Esto dificulta la introducción de medidas de alivio económico a gran escala, y esa limitación ya ha contribuido a la frustración de los votantes”, afirmó Bobbio.
Esta derrota también debilita la imagen internacional de Meloni, explica el analista: “Hasta hace poco, Giorgia Meloni parecía prácticamente invencible en Europa. Mientras que otros líderes importantes como Emmanuel Macron, Pedro Sánchez, Keir Starmer y la cúpula conservadora alemana se enfrentaban a diversas dificultades políticas, Meloni parecía ganar todas las contiendas en las que participaba. Esta derrota cambia esa percepción. No implica necesariamente el fin de su liderazgo, pero sí la hace parecer más vulnerable, tanto a nivel nacional como internacional”.
Al respecto, Bobbio señala que su relación con Donald Trump ha sido uno de los pilares de su posicionamiento internacional: “Sin embargo, si el propio Trump empieza a mostrar signos de debilidad política, esa alianza podría volverse menos ventajosa”.
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