La vida política de Nancy Pelosi, la demócrata que nuevamente desafía a China

La presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, durante una conferencia de prensa sobre la invasión al Capitolio, en enero de 2021. Foto: AFP.

Hija de un alcalde demócrata, Pelosi ha pasado su vida ligada a la política. Reconocida por sus pares como una intrépida recolectora de fondos para el partido en el que milita y por ser la primera mujer en ser presidenta de la Cámara de Representantes, hoy se encuentra en el ojo del huracán tras su viaje a Taiwán y el aumento de la tensión entre Estados Unidos y China.




La vida de Nancy Pelosi está indivisiblemente unida a la política estadounidense. Y sus credenciales la avalan como una de las mujeres con mayor impacto en la historia reciente del país. Nacida en marzo de 1940 y elegida en 2021 por la revista Forbes como la 15° mujer más poderosa del mundo, es alguien que, desde los estereotipos y las preconcepciones, se podría definir como conservadora. Idea que se prueba errada al ver su historial de proyectos legislativos, más cercanos al progresismo y al liberalismo.

Nancy Patricia D’Alesandro es su nombre de soltera. Proveniente de una familia italoamericana de Baltimore y cristiana ferviente, tuvo su primer acercamiento a la política de la mano de su padre, el alcalde demócrata Thomas D’Alesandro Jr., a quien le llevaba un “registro de favores” políticos de sus cercanos cuando era solo una niña, explicó a Lisa Tucker McElroy para la biografía Nancy Pelosi: First Woman Speaker of the House. Es posible que precisamente de ahí provenga su elogiada capacidad organizativa y el éxito que luego demostraría recolectando fondos.

Nancy Pelosi junto a John F. Kennedy. Foto: Facebook de Nancy Pelosi.

Tenía 12 años cuando asistió a su primera Convención Nacional Demócrata. Y 21 cuando una joven Nancy Pelosi escuchaba el discurso con el que John F. Kennedy tomaba posesión del cargo de Presidente de Estados Unidos. A Paul Pelosi, su esposo, lo conoció en la Universidad de Georgetown. Para 1969 era madre de cinco hijos y la familia se mudó a San Francisco, lugar donde iniciaría un club del Partido Demócrata desde su hogar.

Y pese a que vivió toda su vida inmersa en la política -trabajando en la campaña presidencial del gobernador de California en 1976, Jerry Brown, transformándose en la presidenta del Partido Demócrata del estado de California para 1981, reportó US News-, Pelosi entró de lleno al ruedo al cumplir 47 años. Obtuvo su primer cargo de elección popular al disputar un escaño en la Cámara de Representantes por San Francisco en 1987, cuando su hijo menor había partido hacia la universidad, logrando una clara victoria y convirtiéndose hasta el día de hoy en uno de los distritos demócratas más seguros en las elecciones.

Habían pasado solo cuatro años desde su elección, cuando tuvo su primer disputa frente a frente con China. Era 1991 y Nancy Pelosi se paraba junto a otros dos congresistas en la plaza de Tiananmén en Beijing para protestar contra el gobierno chino por la matanza de miles de manifestantes en 1989. Acompañada por Ben Jones y John Miller, los parlamentarios mostraron un lienzo negro con letras blancas en las que se leía “A los que murieron por la democracia en China”. Fuerzas de seguridad los sacaron del lugar.

La masacre fue el punto de inflexión de la congresista sobre la relación que Estados Unidos debería llevar con China, y hasta la fecha ha criticado en múltiples ocasiones al gobierno comunista. Cuestionó la reacción frente a las manifestaciones en el Tíbet en 2008, y criticó el encarcelamiento de los manifestantes de Hong Kong, en 2017. En 2020, apoyó la Ley de Política de Derechos Humanos de los Uigures, la que buscaba sanciones a los funcionarios chinos involucrados en la vigilancia y detención masivas de miembros de esta minoría musulmana en Xinjiang.

Pelosi impulsó derechos LGTB y se hizo cargo de la crisis del Sida cuando estos eran temas altamente impopulares en el país. Agenda que mantiene hasta la actualidad y que le ha valido más de un problema con la Iglesia Católica. “Mi religión me obliga, y me encanta por eso, a estar en contra de cualquier tipo de discriminación en nuestro país”, rescató The Washington Post en mayo de 2012, cuando le consultaron por el desacato a la doctrina católica por su respaldo al matrimonio homosexual. Y continuó: “considero (a la prohibición del matrimonio homosexual) una forma de discriminación. Creo que es inconstitucional”.

También ha usado previamente su fe católica para justificar su fuerte apoyo a la legalización del aborto, señala la prensa estadounidense.

Taiwaneses caminando junto a una pantalla que le da la bienvenida a la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi. Foto: AP

El salto dentro del Partido Demócrata, y luego en la política estadounidense, partió en 2002, cuando logró recaudar US$ 1,8 millones para sus aliados. Dick Gephardt renunció como líder de la minoría y Pelosi se consagró como la primera mujer en liderar un partido en el Congreso. Pero los logros no quedaron ahí.

En 2006, junto a un grupo de senadores, diseñó un plan electoral para recuperar el control de ambas cámaras, logrando una mayoría tanto entre los Representantes como en el Senado, y Nancy Pelosi se convirtió en la primera mujer en llegar a la presidencia de la Cámara de Representantes. Junto al expresidente Barack Obama, ubicaron al Partido Demócrata en su mejor posición en más de una década, al tener control del Congreso y la Casa Blanca por primera vez en 14 años.

De ahí en más, Pelosi se mantuvo en el centro de la política estadounidense. Salió de la presidencia por unos años, pero la recuperó rápidamente. Desde su sitial, lideró las acusaciones contra el expresidente Donald Trump, las que fueron desechadas por la mayoría republicana en el Senado, y fue nuevamente reelecta para el cargo de presidenta de la Cámara de Representantes en enero de 2021, días antes de la invasión al Capitolio.

Hoy, vuelve a ser noticia por un nuevo enfrentamiento con China, potencia que lanzó duras amenazas antes de la llegada de Pelosi a Taiwán. Y que, a pesar de ello, arribó este martes para tratar lo que ella definió como “el compromiso inquebrantable de Estados Unidos de apoyar la vibrante democracia de Taiwán”, iniciando un gallito político con Beijing.

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