Por Yurii DiudinUcrania: cuatro años de la guerra y el difícil camino hacia la paz

Por Yurii Diudin embajador de Ucrania en Chile
Hace cuatro años, el 24 de febrero de 2022, la Federación de Rusia lanzó una invasión a gran escala contra Ucrania. Aquella madrugada, millones de ucranianos despertamos con el sonido de misiles y explosiones. Lo que el Kremlin presentó como una “operación especial” fue, y sigue siendo, una guerra de agresión injustificada destinada a destruir nuestra soberanía, nuestra democracia y nuestra identidad nacional.
Durante estos cuatro años, Ucrania ha resistido no solo por su integridad territorial, sino por los principios fundamentales del derecho internacional: la inviolabilidad de las fronteras, la autodeterminación de los pueblos y el respeto a la vida humana. La decisión del dictador ruso Putin de escalar la guerra no fue únicamente un ataque contra nuestro país; fue un desafío directo al orden internacional basado en reglas, que busca proteger a las naciones grandes y pequeñas por igual.
El costo ha sido inmenso. Miles de civiles han perdido la vida. Ciudades enteras han sido destruidas. Millones de personas se han visto forzadas a abandonar sus hogares. A ello se suma el terror sistemático ejercido contra nuestra infraestructura energética. Centrales eléctricas, subestaciones y redes de distribución han sido blanco deliberado de ataques con misiles y drones. En pleno invierno, millones de familias han quedado sin electricidad, calefacción ni agua potable. Hospitales, escuelas y viviendas han debido funcionar bajo cortes prolongados, sometiendo a la población civil —niños, adultos mayores, personas enfermas— a sufrimientos innecesarios. Este intento de quebrar la resistencia de la sociedad ucraniana mediante el frío y la oscuridad constituye una violación flagrante del derecho internacional humanitario.
Sin embargo, Ucrania no se ha rendido. Gracias al coraje de nuestras Fuerzas Armadas y de la sociedad civil, hemos defendido nuestra capital, recuperado territorios ocupados y demostrado que la libertad no es una consigna vacía, sino una convicción profunda.
En estos años oscuros, hemos sentido la solidaridad del mundo democrático. Valoramos profundamente el apoyo político, humanitario y moral que hemos recibido de la República de Chile. Chile, con su propia historia de defensa de la democracia y los derechos humanos, comprende que la indiferencia frente a la agresión solo alienta nuevas violaciones. Las posiciones claras adoptadas en foros multilaterales y la ayuda brindada a quienes han debido buscar refugio son gestos que el pueblo ucraniano no olvidará.
La guerra de Rusia contra Ucrania tiene repercusiones globales. Ha afectado la seguridad alimentaria, los mercados energéticos y la estabilidad económica mundial. También ha puesto de relieve la importancia de fortalecer las alianzas entre regiones geográficamente distantes pero unidas por valores comunes. América Latina y Europa comparten una vocación por la paz, el multilateralismo y la solución pacífica de controversias. Defender a Ucrania es, en esencia, defender esos principios.
A cuatro años del inicio de la invasión a gran escala, reiteramos que la paz es nuestro objetivo. El Gobierno de Ucrania ha impulsado activamente iniciativas para alcanzar una paz justa y duradera, coordinando estrechamente posiciones en las negociaciones con nuestros socios europeos y estadounidenses. Lamentablemente, la falta de voluntad de Moscú para comprometerse de buena fe, dilatando los procesos y presentando ultimátums inaceptables, ha obstaculizado avances concretos. La paz que buscamos debe estar basada en la Carta de las Naciones Unidas, restablecer plenamente nuestra integridad territorial y garantizar la rendición de cuentas por los crímenes cometidos. Una paz impuesta en los términos del agresor recompensaría la violencia y sentaría un precedente peligroso para cualquier región del mundo.
Ucrania quiere ser conocida no solo por la guerra, sino por su cultura milenaria, su talento, su espíritu emprendedor y su aporte a la comunidad internacional. Queremos reconstruir nuestras ciudades, traer de regreso a nuestros niños y mirar al futuro con esperanza. Para ello, necesitamos que la comunidad internacional mantenga su firmeza y coherencia.
Hoy recordamos a quienes han dado su vida por la libertad y renovamos nuestro compromiso con una Ucrania libre, democrática y europea. Agradecemos a Chile y a su pueblo por caminar junto a nosotros. La historia ha demostrado que la resiliencia y la solidaridad pueden vencer a la agresión. Con esa convicción, seguimos adelante.
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