Por Fernando FuentesUn declive “sin precedentes”: EE.UU. pierde su estatus de “democracia liberal” por primera vez desde al menos 1975
En su último informe anual, el Instituto V-Dem, referente en el análisis del estado de la democracia en el mundo, rebajó la calificación de Estados Unidos, que pasó de ser una democracia “liberal” a una democracia “electoral”, algo que no ocurría desde hace medio siglo.

La salud de la democracia global está retrocediendo a niveles propios de la Guerra Fría. Para el ciudadano medio del mundo, la democracia ha vuelto a ser como en 1978, según una nueva investigación que analiza más de 200 países.
La décima edición del Informe sobre la Democracia del Instituto V-Dem de la Universidad de Gotemburgo, en Suecia, revela que el nivel de democracia para el ciudadano medio en Europa Occidental y Norteamérica se encuentra en su punto más bajo en más de 50 años, principalmente debido al creciente autoritarismo de Estados Unidos.
De hecho, según los criterios utilizados en este informe, Estados Unidos ya no se considera una “democracia liberal”. En cambio, ha sido degradado a una “democracia electoral”.
El informe V-Dem combina la ciencia política con cinco principios fundamentales de la democracia: electoral (la celebración de elecciones libres), liberal (la protección de los derechos), participativo (la implicación de los ciudadanos en los procesos políticos), deliberativo (si las decisiones se toman siguiendo un proceso establecido, y no en función de intereses particulares) e igualitario.
Estos principios se evalúan anualmente mediante más de 600 atributos diferentes por aproximadamente 4.200 académicos y otros expertos en 202 países y territorios desde 1789. El resultado es la mayor base de datos sobre democracias del mundo, con más de 32 millones de puntos de datos.
En el informe, los países se clasifican como democracias liberales, democracias electorales, autocracias electorales o autocracias cerradas.
Así, la última edición del informe V-Dem revela que tan solo el 7% de la población mundial vive en democracias liberales. Se trata de países con elecciones multipartidistas libres y justas, y con libertad de expresión y asociación. Además, cuentan con limitaciones judiciales y legislativas al poder ejecutivo, así como con la protección de las libertades civiles y la igualdad ante la ley.
Por el contrario, el 74% de la población mundial, es decir, seis mil millones de personas, vive actualmente bajo autocracias: una forma de gobierno donde el poder se concentra en manos de una sola persona. Esto incluye a Indonesia, Vietnam, Singapur, India y China.
A nivel mundial, la democracia ha retrocedido a sus niveles más bajos desde mediados de los años 70. “El mundo nunca antes había visto tantos países autocratizando al mismo tiempo”, afirma Staffan Lindberg, fundador del instituto.
El 19% restante vive en una democracia simulada donde las elecciones multipartidistas siguen siendo libres y justas, pero los mecanismos clave de control y equilibrio están gravemente comprometidos. En estos lugares, además, la protección de las libertades civiles y la igualdad ante la ley es limitada.
El informe también clasifica a los países utilizando un indicador denominado índice de democracia liberal. Los cinco países con las mejores puntuaciones son Dinamarca, Suecia, Noruega, Suiza y Estonia.
Caída del puesto 20 al 51
La democracia estadounidense se encuentra actualmente en un proceso de deterioro mucho más rápido que cualquier otra democracia en los tiempos modernos. En tan solo un año, la puntuación de Estados Unidos en el índice V-Dem de Democracia Liberal ha disminuido un 24%, mientras que su posición en el ranking mundial cayó del puesto 20 al 51 de entre 179 naciones.
Según V-Dem, Estados Unidos ha perdido por primera vez desde al menos 1975 su estatus de “democracia liberal” tras el regreso al poder de Donald Trump.
El país se considera ahora una “democracia electoral”, una categoría que agrupa a algunos países occidentales como Reino Unido (desde 2024), Portugal (desde 2023) o Grecia (desde 2020).
La escala V-Dem va de 0 (totalitarismo en toda regla) a 1 (democracia electoral floreciente). En la práctica, en 2025, los países obtuvieron puntuaciones que oscilaron entre 0,01 (Corea del Norte) y 0,88 (Dinamarca).
Desde la década de 1990 hasta el inicio de la primera administración Trump, Estados Unidos solía obtener una puntuación de 0,8 o superior, suficiente para situarlo entre los 20 países con mejor desempeño a nivel mundial. Sin embargo, el año pasado su puntuación se desplomó a 0,57, lo que lo sacó del top 50, según consigna el medio Slate.
Estados Unidos está atravesando un rápido proceso que los autores del informe denominan “autocratización”. “La magnitud y la velocidad de la autocratización bajo la administración Trump no tienen precedentes en la historia moderna”, escriben los autores del Informe sobre la Democracia de 2026 del Instituto V-Dem.
“Durante la presidencia de Trump, el nivel de democracia en Estados Unidos ha retrocedido al mismo nivel que en 1965”, añaden. Ese fue el año en que se aprobó la Ley de Derecho al Voto, y también el año en que la mayoría de los expertos consideran que Estados Unidos finalmente se convirtió en una verdadera democracia.
“Nuestros datos sobre Estados Unidos se remontan a 1789. Lo que estamos viendo ahora es el retroceso democrático de mayor magnitud que jamás haya experimentado el país”, afirma Lindberg.
El índice muestra que la velocidad con la que se está desmantelando la democracia estadounidense no tiene precedentes en la historia moderna. El factor principal es “la rápida y agresiva concentración de poder en la presidencia”, según Lindberg.
Los autores del informe señalan que varios factores específicos están impulsando este declive. El Congreso, controlado por los republicanos, ha abandonado en gran medida su papel como una rama del gobierno con igual poder, otorgando de hecho al presidente el “poder de controlar” el presupuesto para cancelar o redirigir unilateralmente fondos federales y fijar aranceles arbitrariamente.
Los republicanos en el Congreso también han cedido gran parte de su autoridad legislativa a la Casa Blanca, permitiendo a Donald Trump intentar realizar cambios políticos radicales mediante órdenes ejecutivas (y dejando en manos de los tribunales la tarea de determinar si alguno de ellos es legal).
En su primer año como presidente, Donald Trump firmó 225 órdenes ejecutivas, mientras que el Congreso, controlado por los republicanos, aprobó tan solo 49 leyes nuevas. “La mayoría de las órdenes ejecutivas de Trump fueron significativas. Cerró departamentos gubernamentales enteros y despidió a cientos de miles de empleados. Las leyes aprobadas por el Congreso fueron, en su mayoría, modificaciones insignificantes a las leyes existentes. Por lo tanto, ya no existe una división clara entre los poderes legislativo y ejecutivo”, afirma Lindberg.
Así, el Congreso ha sido marginado, poniendo en peligro el sistema de pesos y contrapesos (limitaciones judiciales y legislativas al poder ejecutivo), fundamental para la democracia estadounidense. Las “restricciones legislativas”, es decir, la capacidad del Congreso y de las agencias gubernamentales para interrogar, investigar y controlar al poder ejecutivo, registraron la mayor caída, pasando de 0,86 a 0,61, lo que supone una pérdida de un tercio de su valor.
Al mismo tiempo, los derechos civiles han disminuido rápidamente y la libertad de expresión se encuentra en su nivel más bajo desde la década de 1940, apunta Martin Gelin, periodista del diario sueco Dagens Nyheter, en una columna publicada en The Guardian.
Rápida concentración del poder
Según Slate, Trump también ha socavado directamente el funcionamiento del sistema judicial, sobre todo al indultar a 1.500 personas acusadas o condenadas en relación con la insurrección del 6 de enero de 2021 en el Capitolio de Estados Unidos. El mandatario ha pedido el juicio político y ha presentado denuncias por mala conducta contra los jueces que fallan en su contra, se ha negado a acatar las órdenes judiciales y ha emulado al dictador francés Napoleón Bonaparte al declarar: “Quien salva a su país no viola ninguna ley”.
“Hemos visto una concentración de poder muy rápida en el poder ejecutivo. El poder legislativo prácticamente ha abdicado de sus atribuciones al presidente. Ya no funciona como contrapeso al poder ejecutivo”, afirma Lindberg.
La autocratización de Estados Unidos, caracterizada en particular por el refuerzo de los poderes ejecutivos, ha sido la más rápida del mundo en los últimos 25 años, señala el medio El Grand Continent.
“A Orbán en Hungría le llevó unos cuatro años, a Vučić en Serbia, ocho años, y a Erdoğan en Turquía y a Modi en India, unos diez años lograr la supresión de las instituciones democráticas que Trump ha conseguido en tan solo un año”, afirma Lindberg.
“Trump ha destituido a inspectores generales y altos funcionarios de diversos departamentos, reemplazándolos con personas leales. Esto es exactamente lo que hicieron Orbán y Erdoğan. Eliminan las limitaciones al poder. A estas alturas debería ser obvio que Trump aspira a una dictadura”, agrega.
Según V-Dem, Estados Unidos es el único caso en el mundo en el que un movimiento descrito como de extrema derecha, nacionalista y antipluralista ha logrado hacerse con el control de un partido dentro de un sistema bipartidista. El año 2026 marcará un momento crítico para la democracia estadounidense con la celebración de las elecciones de mitad de mandato en noviembre.
“Las elecciones de mitad de mandato estadounidenses de 2026 serán una prueba crucial para la calidad de las elecciones y la democracia en Estados Unidos. Si los indicadores electorales también empeoran, Estados Unidos caerá aún más”, advierte Lindberg.
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