Por María Catalina BatarceAldo Cornejo: “No hay nada más alejado a mi forma de ser que pagarle un soborno a un magistrado”
El exdiputado habla por primera vez de la imputación que enfrenta en la trama bielorrusa. El abogado contradice los dichos de Silber, explica su trabajo en el estudio de Lagos y Vargas, detalla la relación que tenía con el presidente de Codelco y cuenta por qué lo quiso llamar para advertirle del revés judicial que recibiría en la Suprema.

Lejos de sus años en el Congreso, hoy Aldo Cornejo enfrenta imputaciones por presunto soborno y lavado de activos en la trama bielorrusa, donde la Fiscalía de Los Lagos investiga a los abogados Eduardo Lagos y Mario Vargas por haber coimeado a la exministra Ángela Vivanco, a través de su pareja, Gonzalo Migueles, para que se favoreciera al Consorcio Belaz Movitec (CBM) en un millonario litigio contra Codelco. El militante DC aparece en este caso como un lobista que intentó interceder por la firma chileno-bielorrusa ante el presidente de la estatal, Máximo Pacheco, lo que él descarta de forma rotunda.
Según Cornejo, se relacionó con CBM antes de que el caso se judicializara y sólo gestionó una reunión informativa con la senadora Yasna Provoste. Nunca, dice, vio irregularidades que tuviera que denunciar. Por estos días su caso penal no es la batalla más importante que libra. Hace algunas semanas le confirmaron que tiene cáncer en etapa 4 y prontamente iniciará quimioterapia. Su condición de salud debió informarla al Ministerio Público y, afirma, tuvo una recepción empática del fiscal Marco Muñoz. En su representación, actúan los abogados Pablo Araya Zacarías y Patricio Silva-Riesco, de Silva-Riesco Abogados.
¿Cuál era su relación con Eduardo Lagos, Mario Vargas y Gabriel Silber?
A Gabriel Silber lo conozco mucho. Es él quien en 2019 o 2020, no recuerdo bien, me contacta y me dice que Eduardo Lagos quiere hablar conmigo por temas laborales. Me ofreció trabajar en su oficina y una determinada remuneración mensual por asesorías jurídicas. En ese minuto no pasaba por el mejor momento económico de mi vida, acepté y empecé a venir a la oficina. Así estuve un buen tiempo, hasta que Lagos me dice que no puede seguir pagándome el honorario mensual, pero seguí en labores puntuales.
¿No era amigo de Lagos ni de Vargas, pero sí de Silber?
No, de ninguno. De Lagos yo no sabía que existía; de Vargas, para nada, y con Gabriel, por el contacto que habíamos tenido en el Parlamento. Después Gabriel entró a trabajar a la oficina. He leído que él ha dicho que yo lo llevé a la oficina, pero como le digo, yo creo que él está equivocado.
¿Por qué cree que Silber dice eso?
Él conocía a Lagos antes que yo. No sé, yo no tengo ningún interés en polemizar con Silber. Ya habrá tiempo para aquello. Pero creo que él está equivocado, yo no lo llevé a la oficina. Yo de repente llegué y me vi con Gabriel formando parte de esa sociedad.

¿Tuvo participación en el litigio de CBM?
En el tiempo en que estuve asesoré en distintas causas. En alguna tuve un rol más protagónico, pero mi labor era básicamente asesoría. En lo referente a CBM, mucho antes del recurso que origina la disputa con Codelco, yo recibí a Josip Sekul, que era el gerente o dueño, en la oficina. Llegó acompañado del abogado Antonio Saavedra, quien fue asesor legislativo de Gabriel Silber por años. Llegan a hablar conmigo y me plantean el problema que tenía, que Codelco había puesto término al contrato y que también estaban haciendo gestiones con Cancillería.
¿Qué le solicitó Sekul?
Él quería escuchar mi opinión. Me dijo que tenían muchas deudas con distintos proveedores en la Región de Atacama y que entre ellos había mucho proveedor chico. Eso, obviamente, iba a significar un problema, porque los proveedores iban a empezar a cobrar su crédito. Entonces me pareció que era conveniente y oportuno poner en conocimiento de esto a Yasna Provoste.
¿Ahí no había una disputa judicializada?
Esto fue mucho antes. Esa reunión con la senadora Provoste se produce en un momento en que nada de lo que el país ha conocido después existía. No existían recursos, Lagos no era el abogado del consorcio, nada de lo que hoy día conocemos existía. Era una reunión que tenía por propósito informar a una senadora de lo que estaba pasando. Y nunca más yo he tenido una reunión con ninguna autoridad por el tema del consorcio.
Pese a sus observaciones, CBM decidió recurrir contra Codelco ¿Usted le recomienda que tomen la representación de la oficina de Lagos?
No. No recuerdo exactamente cómo, pero el consorcio pasó a ser cliente de la oficina, de Eduardo básicamente. Yo estuve en un par de reuniones junto con Silber y Vargas. Pero estuve sólo en la etapa de escuchar a la empresa.
Codelco amplió su querella y le atribuye haber realizado gestiones. Según Silber, llamó a Máximo Pacheco por instrucción de Lagos, luego de que él recibiera información de parte de la ministra Vivanco.
Le voy a decir lo mismo que le dije al fiscal, porque no tengo otra versión. A mí Lagos no me dio ninguna instrucción de que yo debía llamar a Máximo Pacheco. Eso no es así. Cuando él me llama, me dice que a Codelco le va a ir mal. “Les va a ir mal. Les vamos a ganar”, me comentó. Yo no le pregunté nada del fallo, ni si había salido.
¿Por qué Lagos lo llama justo luego del supuesto llamado de Vivanco?
Siempre fui muy escéptico de la vía que siguieron. Probablemente eso alimentó a Eduardo Lagos para decirme ‘nos va a ir bien, perdió Codelco’. Pero a mí no me pidió hacer nada. Nadie me pidió llamar o escribirle a Pacheco. A mí se me ocurrió. A Pacheco lo conozco hace muchos años. Hemos tenido una relación social y política de larga data. Desde cuando su padre fue candidato a senador en mi tierra, en Curicó, en el año 89 y le pidió ayuda a mi padre para la campaña. Estuve en el matrimonio de sus hijas. Hablábamos frecuentemente, me llamaba con mucha frecuencia para hablar de política.
Pacheco descarta que fueran cercanos.
Me llama profundamente la atención que Pacheco diga lo que dice, tratando de desmentir una relación. Le advierto y le aclaro que yo no conozco su casa y él no conoce la mía. Pero él sabe la relación que teníamos, de confianza política. Cuando él era ministro de Energía, le advertí algunas situaciones que a mí me parecía que a él lo podían perjudicar. No era la primera vez que yo le escribía por algo para evitar que le pase algo malo.

¿No conocía la resolución de la Suprema?
En el primer momento, cuando Lagos me llama, no. Si hubiese sabido y me hubieran dicho que la información que tenían provenía de doña Ángela Vivanco, no me habría pasado inadvertido. Habría sido una confesión bastante grave que yo no habría aceptado.
¿Volvió a conversar con Pacheco?
En lo referente al CBM el tema quedó ahí. Yo nunca hablé con Codelco. Nunca hablamos del tema. Pero en 2024, a propósito del cierre de Ventanas, conversé muchas veces con él. En algún momento, además, acompañé a mi mujer a una entrevista con él. Ahí tuvimos una conversación muy agradable, los dos, fue muy cariñoso, atento. Mi señora al final no trabajó en Codelco, pero igual, cuando me fui a Valparaíso, a mi casa, me pareció que era de caballero agradecerle.
¿Cuándo fue eso? ¿Qué le dijo?
Esto fue el 27 de junio del 2024. Y le escribí que quería agradecerle la gentileza de haber recibido a mi señora. Y él me contesta: “Así es la vida, querido Aldo. Me importa cuidar los afectos que se construyen en la vida, porque son lo que al final importa. Un abrazo”. ¿A usted le parece que esto se da entre gente que no se conoce?
Pese a que usted niega haber actuado por encargo de Lagos, en la querella de Codelco se señala que justo después de resoluciones importantes para CBM usted recibía pagos de los abogados.
Esos pagos corresponden a distintas materias de carácter profesional, transferencias en distintas fechas y que corresponden a trabajos por los que se hicieron las respectivas boletas. No tienen nada que ver con CBM, fue por otras dos causas que no tienen ninguna vinculación directa ni indirecta con CBM.
¿Nunca vio nada irregular en las oficinas de Lagos?
No, nunca. Si yo hubiera estado en antecedentes, hubiera presenciado algo, hubiera escuchado, hubiera visto algún antecedente de este tipo, nunca habría vuelto a esa oficina. No tengo por qué mentir.
¿Le sorprendió cuando estalló todo este caso?
Casi me morí. Vi en la televisión que se estaban entregando en la oficina del OS7 y fue un golpe muy duro. Le voy a decir algo que uno a lo mejor no debería decir, pero yo soy agradecido. A mí Lagos me tendió la mano cuando yo la necesité y nunca lo vi comprometido con situaciones irregulares. Fue muy doloroso.
¿Qué le parece ser imputado en una causa como esta, después de haber sido alcalde y durante más de 20 años parlamentario?
Ha sido muy complicado, porque yo he ejercido la profesión no muchos años. Pero nunca, nunca cometí en el ejercicio de mi profesión un acto reñido con la ley. Confío en que esto en algunos minutos se va a aclarar y que van a separar la paja del trigo. Pero aún así, creo que no hay nada más lejano a mi forma de ser que pagarle un soborno a un magistrado.
Esta indagación, además, se da cuando usted enfrenta un momento complejo de salud.
Sí. Yo recibí la noticia de la querella de Codelco el mismo día y casi a la misma hora que me confirmaban que tenía cáncer al estómago en grado 4. Ha sido duro, porque tengo absoluta claridad de que mi principal preocupación es enfrentar la enfermedad, aunque tampoco pienso que lo otro no sea importante. Ahí la mayor labor la tendrá mi abogado; quiero concentrarme exclusivamente en tratar de hacer todo el esfuerzo por superar una enfermedad que es bastante compleja.

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Casi nadie tiene claro qué es un modelo generativo. El resto lee La Tercera.
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