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Sebastián Sichel: “A mí demuéstrenme por qué el Liceo Augusto D’Halmar estará mejor en el SLEP”

El alcalde de Ñuñoa, que en 17 días tiene que firmar el convenio para traspasar sus colegios al SLEP La Quebrada, aboga por un sistema mixto. Esto ya se lo verbalizó al gobierno luego de hacer las paces con Kast, que tuvo su primer acto como Presidente junto al edil.

Mario Tellez / La Tercera MARIO TELLEZ

En medio de la campaña de segunda vuelta presidencial, el alcalde de Ñuñoa, Sebastián Sichel, olvidó las rencillas con José Antonio Kast y le envió un mensaje. Era para darle ánimo y para decirle que lo consideraba mejor candidato que Jeannette Jara, lejos del escenario de tensión y condiciones que en 2021 le puso para apoyarlo en el balotaje. El WhatsApp tuvo respuesta del candidato, quien le agradeció el gesto, pero además le dijo algo que le quedó dando vueltas a Sichel: la admiración por el trabajo en el Liceo Augusto D’Halmar, el mejor público de la última PAES.

Ese fue el primer paso de reconciliación entre ambos y que derivó en el hito vivido el 11 de marzo: Kast decidió que en ese recinto sería su primera pauta como Mandatario. “Que inaugure el año académico en un liceo público un Presidente junto a cuatro ministros no solo es extraordinario, sino que un reconocimiento al trabajo. También fue simbólico el orgullo de los estudiantes y en lo político esta señal de que la educación pública sí importa en la medida que se reconozca el trabajo, la perseverancia, la comunidad escolar”, dice Sichel.

También es señal que en medio del debate sobre si pausar los SLEP el Presidente, que quiere revisar esa política, vaya a una comuna que no quiere traspasar.

Veo una señal superrelevante. El triste legado que dejó el Frente Amplio era la visión ideológica y no basada en evidencia para tomar decisiones en educación. Hubo exceso de fanatismo y falta de análisis, y que el Presidente venga a ver esta experiencia es una señal: ‘Quiero ver las cosas que funcionan’. Hoy veo un gobierno abierto a escuchar a los alcaldes, a ponerse en el lugar de esos niños y poner al centro lo pedagógico, no lo burocrático de quién es el sostenedor.

Menciona lo ideológico, pero hay alcaldes que están por el traspaso como Daniel Reyes de La Florida que no es de izquierda.

Yo entiendo que varios alcaldes de mi sector sí quieren transferir. Si el punto es que lo ideológico es creer que esto es binario; sí o no. Lo ideológico es creer que las soluciones en políticas públicas se transforman en decisiones entre barra brava; los que están a favor de los SLEP y los que están en contra. La evidencia colegio por colegio debería determinar cuál es el mejor método para cada uno. Quién es el dueño no es relevante, lo relevante es si la calidad puede mejorarse con las medidas tomadas. Yo tengo una evidencia que con la administración municipal a mis colegios de les va bien. Del otro lado no hay evidencia de que mejoren los resultados en colegios que ya les va bien, sí a los que estaban muy mal. A mí demuéstrenme por qué el D’Halmar estará mejor en el SLEP.

¿Cómo podría demostrarse sin traspaso? ¿Qué pasa si se le está negando ser incluso mejor?

Tú dices que mi argumento es autológico. ¿Y si fueras papá de uno de esos niños? A ellos les están diciendo que su hijo sea conejilla de Indias y ver si en cinco años funciona, cuando hoy ya funciona. Ya probaron con el Instituto Nacional y se les fue la cresta. Para experimentos usen a sus propios hijos.

Pero los municipios podrían seguir ligados.

Yo sé que me van a decir que en el SLEP yo también podría hacer cosas, pero es superdistinto porque dependo de la voluntad del sostenedor. Pasa algo raro, porque a los ya traspasados el SLEP les dice ‘hagamos un convenio que nos preste un bus’ y hoy mis colegios sí tienen movilización. Está pasando que vuelven a los municipios a pedir ayuda. ¿Por qué no dejamos a los colegios que están bien para que el Estado central se focalice en los que están mal?

¿No conlleva eso un riesgo de segregación?

¿Qué segregación puede haber si todos pueden postular? La mayoría de mis estudiantes no son de Ñuñoa. Y segundo, ¿vamos a darnos el lujito de decirle a los municipios que no gasten en educación? Hay algo contraintuitivo, porque la respuesta es nivelar para abajo, sacar patines. Es la tortura intelectual que me provoca el FA, jugar a ser Finlandia cuando somos un país subdesarrollado. Todos los recursos disponibles, los municipales, los del Estado central, los de los apoderados que puedan aportar, deberían utilizarse, no podemos desperdiciar.

¿Ve disposición de las nuevas autoridades para no traspasar?

No hemos llegado a una conclusión, pero veo una apertura a la conversación, que ya es mil más que lo que había tenido hasta ahora, que era la negación a la discusión. Lo que veía antes era un fanatismo ciego respecto a lo que ellos querían y no escuchar.

El tema es que esto no sólo depende de la voluntad del gobierno, también es del Congreso.

Se tiene que presentar un proyecto, no hay una solución que no vaya por ese camino, y entiendo que ese es el objetivo de los próximos 90 días del gobierno, tomar una decisión de cómo avanzar. Hoy por lo menos veo una conversación sobre la mesa que espero que avance rápido, y espero que el Congreso entienda.

¿Cuánto favoreció esta confluencia en torno a los SLEP su reencuentro con el Presidente?

(Ríe) ¿Usted dice que tuvimos alguna vez dificultades? Esa es la grandeza de nuestra República: cuando discutes en elecciones siempre hay puntos de diferencia, pero el día que uno asume como autoridad empezamos a trabajar en puntos común.

Y en campaña también las cosas se exacerban.

Se exacerban... En algún minuto de la campaña le escribí un mensaje de ánimo y él me respondió también con ánimo, que le tenía mucho cariño a los colegios de acá y que había visto que estábamos dando la pelea. Hay un chat entre él y yo que en que confluimos en la educación pública. Y ahí me dijo ‘si llego a ganar, me gustaría que conversáramos de esto’. A lo que voy es que qué linda es la mesa de este país cuando la conversación es en torno a algo y no contra algo. Yo soy bien crítico con el FA, que instaló la conversación del contra qué estaba.

¿De quién fue la idea de pauta?

Yo había cateteado dos o tres veces a la ministra de Educación (María Paz Arzola) para fijar la inauguración del año académico. Y un día me llama y me dice, ‘le tengo una sorpresa, no solo voy yo’. El día exacto fue idea de él. ¿Qué señal más evidente que le importa la educación pública que el día que asume, venga? Pudo ir a una mina, a un hospital, a otras 300 comunas y su decisión política es visitar un liceo público de Ñuñoa, eso debería llenar de orgullo desde el mundo de la más ultra izquierda a la ultra derecha.

¿Qué espera de este gobierno en temas educativos, más allá de los SLEP?

Primero, que el orden le gane a la violencia, que el mérito le gane al fracaso, y que pongamos en el centro de estudiantes y no la burocracia. Tengo la sensación que el Estado de Chile dudó a veces contra la violencia en los colegios y dejó que se que se incubara un sistema violento. Hay que erradicar la violencia, porque se roba los colegios. En su minuto dejé que Carabinero entrara al Liceo 7, sin respaldo del gobierno, ahora espero tenerlo. Lo segundo es que hoy los colegios públicos no te dan la habilidades mínimas de la modernidad y el Mineduc y los municipios podemos ser articuladores. Y lo tercero es que el sistema preescolar da pena, uno no ve una gran política de Estado.na gran política de Estado.

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