Histórico

Artista exhibe la muerte de ex presidentes a manos de escolar

Papas Fritas, el mismo que quemara los pagaré de la U. del Mar, crea instalación política afuera del MAC Quinta Normal.

La escena es cruda y fulminante. Una escolar encapuchada le dispara con una metralleta al general Augusto Pinochet. La bala le atraviesa el pecho, sale por su  espalda y en su trayecto impacta a una hilera de otras personas sin cabeza y con banda presidencial: desde Patricio Aylwin hasta Sebastián Piñera todos acaban muertos sobre un camino de ladrillos. “El acribillado es Pinochet, pero la secuencia de los impactos que recibe se ven en los otros cuerpos que van cayendo atrás de él. La idea es la continuidad de la dictadura que sigue hasta hoy gracias a un sistema político que no hemos podido destruir y que está representado en el ladrillo”, explica Papas Fritas, el artista y performer que este fin de semana inauguró su instalación en el frontis del MAC Quinta Normal.

La obra, titulada El ladrillo angular, alude al programa  de política económica que sentó las bases para la introducción del sistema de libre mercado en Chile y que fue escrito por los llamados Chicago Boys, un grupo de economistas locales liberales influenciados por Milton Friedman. Para Papas Fritas, la dictadura no se termina si es que los preceptos de El ladrillo se siguen aplicando: “No estoy llamando a la lucha armada, no creo en eso. A lo que llamo es a la desobediencia civil. Todos somos responsables de reafirmar este modelo”.

No es primera vez que Francisco Tapia Salinas (1983), Papas Fritas, realiza actos de arte político. En mayo pasado logró que una kombi ingresara al GAM donde proyectó un video en el que explicaba cómo, junto a alumnos de la U. del Mar, quemó los pagarés de la deuda estudiantil, y allí mismo expuso las cenizas. La acción podría haber quedado en la metáfora sino fuera porque el rector de esa casa de estudios, Patricio Galleguillos, reconoció el extravío de los documentos.

La obra actual es producto también de trabajos anteriores, como en 2008, cuando creó una réplica de Milan Ivelic, director entonces del Museo de Bellas Artes, y lo asesinó en el hall del edificio de Parque Forestal. También se tatuó en la espalda el logo de Fondart con la leyenda “I love my sponsor”. “No soy político, soy artista, para mí el arte es una herramienta para crear subjetividad, también para llamar la atención, para impactar, pero no por la fama”, dice.

Su obra es parte de la exposición Trabajadores de la Luna, curada por el colectivo artístico Etcétera, formado en 1997 en Buenos Aires, que justamente reúne a más de 30 artistas con una mirada más política del arte. “El arte por el arte genera artistas autoreferentes, enfocados en el mercado. Queremos hacer ver que los artistas sí somos capaces de crear discursos”, dice Federico Zuckerfeld, curador de la muestra junto a Loreto Garín, quienes han participado en las bienales de Sao Paulo, Estambul y Atenas.

En la exposición hay otros chilenos, como Alejandra Prieto y Máximo Corvalán, y entre los artistas extranjeros destaca el indio Rupali Patil, quien recoge en dibujos las transformaciones urbanas de Bombay; el alemán Andreas Siekamann, quien reflexiona sobre la historia económica del carbón, y el colectivo ruso Chto Delat, que exhibe un video sobre la Perestroika.

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