Atila Fernández, el rey de los 1

Autor: Chomsky

Fue precursor del estilo que años más tarde popularizarían el argentino Hugo Gatti y el colombiano René Higuita al salir del área y eludir a los delanteros. Francisco Fernández Barja (1 de enero de 1932-2 de febrero de 2010) hizo escuela entre sus colegas chilenos (Gustavo Piturra, de Ferrobadminton; Leopoldo Vallejos, de Universidad Católica; Manuel Araya, de Colo Colo) y disfrutó de la simpatía de los aficionados por entretenerlos en las canchas.

Bajo para el puesto de arquero (medía 1,74 metros) y con sobrepeso (pesaba 85 kilos), Pancho suplió esas desventajas con sus reflejos y una sorprendente agilidad. Llegó a las divisiones inferiores de Unión Española en 1945; debutó en Primera División por Iberia, como suplente de William Marín (1950); jugó tres años en los rojos de Santa Laura (1951 a 1953); estuvo en Audax Italiano en dos ocasiones (1954 y 1955, 1959 a 1961); en Magallanes (1956); Deportes La Serena (1957, campeón de Ascenso, y 1958); Universidad Católica (1962 a 1964); Green Cross de Temuco (1965 a 1969); Antofagasta Portuario (1970 y 1971) y Deportivo Aviación (1972).

Las excentricidades de Fernández fueron múltiples. En protesta por el segundo penal que iba a ejecutar Leonel Sánchez, de Universidad de Chile, se sentó al lado de un poste y se quitó la camiseta. Fue expulsado, sancionado en dinero y suspendido (septiembre de 1959).

Cuando regresó del castigo, con tela adhesiva escribió la palabra Atila en la espalda de la camiseta. Citado al Tribunal de Penalidades, explicó: “Atila era el rey de los hunos y yo soy el rey de los 1” (abril de 1960).

En Santa Laura, defendiendo a Audax Italiano, no solo le paró un penal a Hugo Rivera, de Unión Española. También salió dribleando hasta la mitad del campo y más tarde despejó de cabeza al verse fuera del área (octubre de 1960).

En 1961, una bebida gaseosa estableció un premio de 100 escudos al arquero que detuviera un penal. Después del cuarto lanzamiento atajado por Fernández, la recompensa llegó a su fin, porque se supo que él se ponía de acuerdo con los pateadores para repartirse el botín.

En el estadio Independencia, de Universidad Católica, apareció con un gorro de lana con un pompón (mayo de 1966). En Ñuñoa, frente a Palestino se apoyó en el vertical derecho del arco sur para beber un café, a su lado esperaba el vendedor con el termo (mayo de 1967). En Rancagua, el argentino Rubén Fernández, de O’Higgins, le anotó un gol cuando el portero se hallaba cerca de la mitad de la cancha (julio de 1967). En el Estadio Nacional, contra Santiago Morning utilizó botines blancos, décadas antes de la moda de los colores en el calzado (septiembre de 1968). Postuló a la elección municipal de Antofagasta y obtuvo 57 votos (abril de 1971).

Acaso para poner fin a su indisciplina, terminó su carrera en Deportivo Aviación, cuyo presidente era Gabriel von Schowen, general de la Fuerza Aérea de Chile. El club contaba con nueve mil socios que pagaban una cuota escalonada de 15, 10 y cinco escudos, según su grado. Los futbolistas tenían prohibición de sindicalizarse, pero sí pagaban sus cuotas al Sindicato de Jugadores (febrero de 1972) ¿Un arquero? “Sergio Livingstone, a quien le vi atrapar la pelota 20 centímetros por sobre el travesaño y hacer difíciles las fáciles e imposibles las difíciles. ¡Un espectáculo!”.

¿Un partido inolvidable? “Con Green Cross de Temuco le ganamos 1-0 a la Unión Soviética en el sur. Lev Yashin, la Araña Negra, estaba lesionado, me regaló sus guantes y me dijo que yo era el mejor arquero sudamericano que había conocido (marzo de 1966)”.

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