Familiares, escritores y nazis despidieron a Miguel Serrano

El funeral se inició con una misa católica y luego se pudo escuchar un "Heil Hitler" y ver unas pocas esvásticas. Antonio Gil, Santiago Elordi y Armando Roa representaron a la literatura en la despedida.

Antes de llegar a su tumba, el cuerpo de Miguel Serrano hizo un recorrido especial por el Cementerio General. Seguido por más de 100 personas, entre familiares, amigos, simpatizantes y escritores, el ataúd se detuvo frente al memorial de la Matanza del Seguro Obrero del 5 de septiembre de 1938, día en que murieron más de 60 jóvenes nacionalsocialistas. Fue el primer indicio de que ayer también se despedía a uno de los líderes del nazismo en Chile. Poco después llegó lo obvio: “¡Heil Hitler! ¡Heil Miguel Serrano! ¡Viva Chile!”, gritaron unas 30 personas, levantando su brazo derecho. Fue el único estallido político en medio de una jornada prácticamente sin esvásticas.

Fallecido el sábado pasado, a los 91 años, de un derrame cerebral, el escritor fue sepultado en una ceremonia inusualmente tradicional para un hombre que, en palabras de su amigo Armando Roa, “buscó una clave de interpretación de la historia al margen de la visión judeo cristiana”. Serrano pidió, sin embargo, que para su muerte se celebrara una misa católica en la Capilla San Pedro, ubicada a pasos del Parque Forestal.

CANTANTES Y ESCRITORES
Allí lo despidió un grupo dominado por su familia, pero también por amigos, como el empresario Carlos Cardoen (“Se nos va un gran pensador y para mí un gran amigo) y pequeñas organizaciones de hitlerismo esotérico y neonazis. La actriz Tamara Acosta estuvo ahí acompañando a su esposo, el director Sebastián Araya (Azul y blanco), nieto del escritor. Y en el cementerio se pudo ver al cantante Oscar Andrade, registrando el funeral con una cámara al hombro para un proyecto personal.

La literatura también tuvo sus representantes: además de Roa, estuvieron los escritores Santiago Elordi y Antonio Gil. “Estoy acá porque valoro profundamente el aporte de Miguel Serrano a la literatura chilena y porque siento que ha habido un desconocimiento oficial constante a su obra”, aseguro Gil, mientras bajo un pesado sol de mediodía seguía el ataúd por el cementerio. Roa añadió: “El valor más permanente de la obra de Serrano estuvo en la audacia de  crear una cosmogonía propia”.

Diplomático, amigo de Hermann Hesse y Carl Gustav Jung (ver recuadro), Serrano vio el mundo desde una perspectiva mitológica, cruzando tradiciones germánicas, indias y chilenas, en la que cabían habitantes gigantes en la Cordillera de los Andes y secretos místicos escondidos en la Antártica. Su obra poética no llegó a ser tan conocida como su filiación a un nazismo esotérico, que de hecho contaba con seguidores: al menos cuatro pequeños grupos presentes en el funeral llevaban insignias ligadas a dicho movimiento.

Con el permiso del hijo del escritor, José Miguel, tres hombres con camisas pardas montaron su propia ceremonia de despedida a Serrano, que incluyó una alabanza que mezclaba español, mapudungún y alemán, más la interpretación de una tonada fúnebre con una gaita. Se limitaron a decir que eran del sur de Chile y seguidores del hitlerismo esotérico, pero no dieron su nombre.

Erwin Robertson, director de la revista Ciudad de los Césares, hizo un discurso en que destacó que Serrano pasaba a la historia espiritual de Chile. Más tarde se escuchó el “Heil Miguel Serrano”, apoyado por el característico saludo nazi de varios presentes, entre ellos, de la esposa  del escritor, Sabela Quintela. No sólo la cámara de Oscar Andrade estaba encendida; también Sebastián Araya filmaba la escena. Poco antes, Antonio Gil descreía de las filiaciones políticas: “El funeral fue en una Iglesia, él mismo lo pidió. La cosa nazi no pasa más que de ahí. Creo que todo el tema político de Serrano es literatura. Es su obra literaria”.

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