Jorge González: su nueva vida en Berlín y el retorno al Festival tras 10 años

El músico vive hace dos años solo en la ciudad, en un barrio de carácter obrero y donde toca gratis en cafés.

En septiembre, Mahmut Mavigök, dueño del Café Casero de Berlín, invitó a uno de sus parroquianos de cada día a montar una pequeña tocata para animar una velada entre amigos y garzonas que trabajan en el lugar. En una de las noches posteriores, el comensal apareció con guitarra acústica, se manejó con la habilidad de los que cuentan décadas en la ruta y logró conmover a un par de latinos. Para Mavigök el asunto estaba claro: se trataba de un veterano de la canción. Más aún: el hombre que había conocido semanas atrás y que, en uno de sus tantos desayunos en el recinto se presentó como Jorge González, ahora le revelaba que era la figura más trascendente del rock chileno. Tras la cita ante una audiencia circunstancial, el músico enfiló hasta su departamento, situado a pocos metros.

La secuencia ilustra la cotidianidad del ex Prisionero en la capital alemana, el lugar donde se asentó hace dos años para vivir solo, disfrutar de su nueva soltería, entregarse a un anonimato que le permite montar shows en lugares con las mismas dimensiones de un pub y proyectos que, entre otras cosas, lo tienen hoy de vuelta para actuar en el Festival de Viña.

“Si viajas todos los años a Italia/ si la cultura es tan rica en Alemania/ ¿Por qué el próximo año no te quedas allá?”, preguntaba el mismo González en 1986. “Pero este es el único lugar donde puedo ser yo”, pareció responderse 27 años después, apoyado en una reja situada sobre el barrio berlinés donde hoy vive y mirando a la cámara que lo retrató en el mini documental Jorge González en Berlín, del realizador chileno Maximiliano Mellado Marambio y que está en YouTube.

El sanmiguelino llegó a la ciudad en mayo de 2011, luego de residir en México y España. Alentado por las diferencias personales con su pareja de esos días, Loreto Otero -con quien vivía desde 2001 e integraba el dúo Los Updates- y por su intención de sumergirse en el universo electrónico germano, el cantautor se mudó a Berlín con su guitarra, su teclado y sus computadores.

Bajo las recomendaciones de su círculo en Alemania, entre los que destaca otro músico chileno, Pier Bucci, la voz de los 80 escogió el barrio de Friedrichshain, situado en el antiguo Berlín oriental y de inclinación obrera e izquierdista, retratado en sus grafitis, sus casas okupas y sus bajos arriendos. “Acá lo tratan como una persona normal, se puede mover tranquilo y nadie lo conoce mucho. Eso le ha hecho bien”, postula Mellado, quien también realizó el video de su single Yo no estoy en condiciones. Para empezar con su nueva vida, González arrendó un departamento de una pieza, ubicado en un edificio de fachada antigua. Ahí instaló un estudio y convirtió al Café Casero en su destino de cada mañana.

“Desde que llegó, pasa casi todos los días y pide un jugo Vitaminkick, mezcla de naranjas, manzanas, jengibre y zanahorias. O un capuccino para acompañar su plato de pasta mediterránea. O bien, un desayuno Oslo, con salmón, raíz picante, pan horneado y frutas. Al dueño, Mahmut, le llamó la atención que siempre se sentara a escribir en sus cuadernos y un día le preguntó qué anotaba. El le respondió: ‘Pensamientos, chistes fomes, dibujitos, letras’. Ahí se conocieron y lo invitó a tocar”, relata Leonor Abujatum, chilena que hoy cursa un doctorado y que trabaja en el recinto.

El bajista se entrega a una rutina que incluye clases de alemán y encuentros con su acotado núcleo de cercanos, grupo que integran DJ y realizadores chilenos y antiguos socios, como el músico venezolano Argenis Brito. Eso sí, como plan para este año quiere estudiar Literatura.

Cuando el asunto es menos formal, el propio ex Prisionero se sienta a cantar junto a sus amigos, en los sillones abandonados que se desperdigan en la plaza frente a su edificio y que empalma con el mercado de Boxhagener Platz, otro de sus sitios favoritos. Ahí, apenas armado de su guitarra, despacha covers como Rock with you. “Hace música todo el día y su rutina consiste en trabajar todas las semanas en eso. Berlín ha sido su manera de tener libertad y espacio para desarrollar sus ideas”, describe Brito.

En ese fortalecimiento nació Libro, álbum estrenado ayer y que no estaba en la hoja de ruta inicial, pero que se consumó tras la separación definitiva de Otero. Con letras de ruptura, el disco lo grabó en un mes en su habitación y también encarna otra distancia geográfica: la que tiene con Leonardo (11), único hijo junto a su ex pareja y que se quedó en España con la madre. Por eso, le escribió un tema (Hijo amado) y se lo lleva a Berlín por períodos prolongados. “Es el mejor papá del mundo y con su hijo es una locura. Jamás lo ha tomado como una obligación. Es un súper tipo y también está disfrutando de este período soltero”, cuenta Gonzalo Yáñez, uno de sus músicos, en torno a una flamante vida que todos califican de “renovada”.

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