La contraseña: “¿Qué haría Cristo en mi lugar?”

En el encuentro con los jóvenes, en el Templo Votivo de Maipú, el Papa apeló a la tecnología para acercarse a las cerca de 45 mil personas que llegaron al lugar.

Si el martes fue una de las intervenciones más emocionales del Papa durante su visita a nuestro país, la de este miércoles en el Templo Votivo de Maipú fue la más cercana con la juventud. Habló de “Wi-Fi”, “contraseñas”, “ancho de banda” y “cargadores”, traduciendo su mensaje al idioma de los nativos digitales que llegaron a escucharlo.

Fueron casi 45 mil las personas que asistieron al encuentro del Papa con los jóvenes, pese a los 31 grados de calor que se registraron en Santiago. Un ejemplo de eso fue Carolina (22), quien llegó a las 14.30 de la tarde, desde Malloco, a esperar al Pontífice. “Me motivó toda la energía, sabiduría y paz del Papa”, dijo.

La energía fue lo que más se sintió en Maipú, impulsada por los jóvenes, los cuerpos de baile y también por el cantante nacional Américo. Con ese ambiente, a las 17.10 de la tarde el Pontífice hizo su ingreso al Templo Votivo de Maipú, donde lo recibió la alcaldesa de la comuna, Cathy Barriga, quien tras darle la bienvenida, le pidió una “selfie”.

Ya en el escenario, el Papa se sentó y escuchó el mensaje de tres jóvenes que agradecieron su visita. Enseguida, tomó la palabra y lo primero que hizo fue hacer un llamado a los jóvenes: “¡Cuánto necesita la Iglesia chilena de ustedes, que nos muevan el piso y nos ayuden a estar más cerca de Jesús! Sus preguntas, su querer saber, su querer ser generosos son exigencias para que estemos más cerca de Jesús”. La respuesta del público fue una: “¡Esta, esta, esta es la juventud del Papa!”.

A partir de esa interacción entre el público y el Papa fue que comenzó a verse el lado más cercano del Pontífice con los jóvenes. Y lo hizo en su idioma: “Charlando un día con un joven le pregunté qué lo ponía de mal humor, él me dijo cuando al celular se le acaba la batería o se acaba la señal de internet, me dice, ‘padre, me pierdo todo lo que está pasando, me quedo colgado, y en ese momento salgo corriendo a buscar un cargador o una red de Wi-Fi para volverme a conectar’. Esa respuesta me hizo pensar que con la fe puede pasar lo mismo. Con la visita del Papa la fe crece, pero después de un pedazo de camino hay un momento en que sin darnos cuenta comienza a bajar nuestro ancho de banda, nuestro querer estar conectado con Jesús se empieza a perder y empezamos a quedarnos sin conexiones, sin batería, entonces nos gana el mal humor, nos quedamos descreídos, tristes y sin fuerzas, y todo lo empezamos a ver mal. Al quedarnos sin esta conexión, el corazón empieza a perder fuerza y a quedarse sin batería”.

El Papa apuntó a persistir en la fe y para ejemplificarlo volvió a apelar a la tecnología.

“La contraseña de (Padre Alberto) Hurtado para mantener la señal es muy simple, me gustaría que la anotaran en el teléfono si se animan. Yo se las dicto. Hurtado se pregunta: ¿Qué haría Cristo en mi lugar? ¿Qué haría Cristo en mi lugar en la universidad, en la calle, frente al que hace bullying?”.

El Pontífice cerró su idea señalando que “esa es la contraseña, la batería para encender en mi corazón, encender la fe, y la chispa en los ojos. Eso es la contraseña”. Y para que no quedaran dudas preguntó reiteradamente al público: “¿Cuál es la contraseña?”, e inmediatamente le respondían en masa: “¡Qué haría Cristo en mi lugar!”.

Grupo La Ley

Y fue poco antes de terminar su discurso, el que duró cerca de 20 minutos, cuando el Papa lanzó su último guiño a la juventud chilena. Si antes en La Araucanía había citado Arauco tiene una pena, de Violeta Parra, después en Maipú recordó un clásico de los 90 en Chile: Aquí, del grupo La Ley. “El ruido ambiente y soledad de la ciudad nos aíslan de todo. El mundo que gira al revés pretende sumergirme en él ahogando mis ideas”, expresó.

De esta manera, el Papa fue cerrando uno de los mensajes más cercanos con el público, donde hubo interacción, energía y un calor que no impidió la masiva concurrencia de los jóvenes, a quienes el Pontífice, antes de retirarse, les pidió un favor: “No se olviden de rezar por mí”, como lo ha hecho al final de todas sus intervenciones públicas.

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