Los calvarios por un candidato único

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Desde septiembre de 1970 que un DC no se enfrenta directamente en una elección presidencial a una carta del eje socialista radical. Tras el retorno de la democracia, acuerdos políticos y distintos tipos de primarias han sido las vías para asegurar la cohesión de la centroizquierda.




Todos tras Aylwin: Acuerdo para no tensionar la transición 

Aunque desde el PS renovado se levantó la candidatura de Ricardo Lagos y desde el Partido Radical la de Enrique Silva Cimma, e incluso los humanistas mencionaron a Laura Rodríguez, la tensión y los miedos por un retorno a la democracia con Pinochet aún al mando del Ejército fueron determinantes en una compleja negociación, donde finalmente primó -a mediados de 1989- que lo más prudente era la postulación del DC Patricio Aylwin, quien ya se había impuesto en su partido tras una polémica contienda con Gabriel Valdés.

La Concertación de Partidos por la Democracia, integrada entonces por 17 colectividades, proclamó a Aylwin el 16 de julio en el Teatro Caupolicán. En el acuerdo político sellado días antes se impuso la necesidad de presentar una carta única e ideológicamente moderada, que ayudara a la reconciliación nacional, además del buen desempeño mediático que había logrado Aylwin como vocero de la Concertación por el No.

Ni siquiera el Partido Comunista -ajeno y crítico de la naciente coalición oficialista- puso en cuestión la necesidad de cerrar filas frente a la carta DC, llamando abiertamente a votar por Aylwin.

La seguridad de la DC: La intrincada fórmula de 1993 

Pese a las tensiones cívico- militares que caracterizaron el gobierno de Aylwin, para sectores de izquierda de la Concertación ya estaban las condiciones para levantar una carta a las presidenciales de 1993. Más de un año antes, Ricardo Lagos había renunciado al Ministerio de Educación para trabajar en la plataforma de su primera incursión por llegar a La Moneda. Al interior de la DC, en tanto, se imponía sin mayores dificultades Eduardo Frei Ruiz- Tagle.

Cómo llegar a una candidatura única, cuando algunos levantaban la tesis de la alternancia: se optó por un intrincado sistema que incluyó una primaria y una convención, y que fue resistido por algunos socialistas que acusaban que la fórmula garantizaba el triunfo de la DC.

La primaria contemplaba la participación de militantes y adherentes previamente inscritos con el patrocinio de algún partido oficialista. De su resultado dependería la conformación del 60% de una posterior convención de tres mil delegados. El otro 40% sería nominado por los comandos en proporción a los resultados de la municipal 1992. El 23 de mayo, Frei se impuso en la primaria con el 63% de los votos. Siete días después, el DC sería elegido en la convención por mil votos de diferencia.

El turno del socialismo: El debut de las primarias abiertas

Con la Democracia Cristiana por cumplir 10 años en La Moneda y habiéndose esfumado, en gran parte, los fantasmas del pasado (Pinochet estaba detenido en Londres desde octubre de 1998 y un sector de la derecha buscaba desligarse de su figura), el ala izquierda de la Concertación no aceptaría otro mecanismo para definir su carta presidencial que una elección primaria, vinculante y abierta a toda la ciudadanía (salvo a aquellos militantes de partidos de derecha).

Apoyado por el PS, el PPD, y el PR, Ricardo Lagos se mediría frente al DC Andrés Zaldívar en un comicio fijado para el 30 de mayo de 1999.

Pese a que se esperaba un resultado favorable a Lagos, sí sorprendió la alta participación de la jornada: un millón 400 mil electores, la mayor movilización electoral convocada hasta ahora por una fuerza política.

Aunque la elección se desarrolló con normalidad, un corte de electricidad que afectó a gran parte del país generó cierto nerviosismo y suspicacias. Al final de la jornada, el conteo de casi millón y medio de votos otorgó un holgado triunfo a Ricardo Lagos, con el 71% de los sufragios.

El fenómeno Bachelet: La DC se baja de la carrera

Luego de jugar un rol clave en la segunda vuelta, que permitió el triunfo de Ricardo Lagos en enero de 2000, tras un reñido empate con Joaquín Lavín un mes antes, la DC Soledad Alvear asomaba como la carta natural de la Concertación para suceder al socialista, incluso, con la venia del gobernante.

Por eso, cinco años más tarde, en marzo de 2015, Alvear resintió con tanto dolor que Lagos revelara su inclinación por Michelle Bachelet. Pero para entonces, y ya desde 2004, el escenario había cambiado con la fuerte irrupción de la ministra de Defensa. Su sorpresiva popularidad y su desempeño en sondeos -en pocos meses desbancó a Lavín- hicieron que el pragmatismo primara en las elites políticas.

Pero la DC no cedería sino hasta meses después. Con primarias fijadas para el 31 de julio de 2005, Alvear y Bachelet rivalizaron en una tensa campaña. Y tras dos debates, el 24 de mayo la carta DC declinaría su opción. Tres factores gatillarían su bajada: el escaso apoyo de la mesa de su partido, liderada por Adolfo Zaldívar; su pobre desempeño en las encuestas, y la sorpresiva decisión de RN -una semana antes- de competir a Lavín con Sebastián Piñera.

Fallida apuesta del PR: Las primarias regionales inconclusas

Luego de que los principales presidenciables de la Concertación declinaran sus candidaturas (Lagos, Insulza y Alvear), Eduardo Frei y el PR José Antonio Gómez reafirmaron su disposición de competirle a Piñera, quien desde mediados de 2008 era favorito en las encuestas.

Para decidir entre la carta DC -apoyada también por el PS y el PPD- y el radical, se acordó un sistema de primarias regionales escalonadas. Seis serían las fechas, bajo la condición de que el proceso se interrumpiría si un candidato superaba al otro por un margen de 20% de los votos.

Solo bastó la primera elección del 5 de abril de 2009 en O'Higgins y el Maule para proclamar a Frei, aunque la jornada se transformó en una de las elecciones más tensas de la Concertación.

Si bien se esperaba un amplio margen para Frei, los primeros cómputos arrojaban una diferencia que le permitía a Gómez seguir en carrera. Con el paso de las horas el cuadro varió y, a las 21 horas, Frei era proclamado, mientras que en el mismo escenario el presidente PS, Camilo Escalona, protagonizaba un fuerte enfrentamiento con Gómez, a quien acusó de no querer reconocer su derrota y quebrar la Concertación.

Resultado sin sorpresa: El trámite de Bachelet

Aunque para nadie era un misterio que Bachelet retornaría a La Moneda en marzo de 2014, los partidos de la naciente Nueva Mayoría (tras el ingreso del PC al pacto) acordaron elegir a su abanderado a través de primarias abiertas.

Serían las primarias con más candidatos que hasta el momento se habían desarrollado, y en ella participaron Claudio Orrego por la DC -pese a las fuertes resistencias en algunos sectores de ese partido-, el PR nuevamente con José Antonio Gómez y, como independiente, el ex ministro de Hacienda Andrés Velasco, con un fuerte discurso crítico a los partidos políticos.

Aunque la apuesta de la DC en ese minuto fue fortalecer su identidad partidaria, pese al favoritismo de Bachelet -un proceso que incluyó primarias internas donde Orrego se impuso a Ximena Rincón-, la experiencia fue mal evaluada en ese partido.

Orrego no solo tuvo grandes dificultades para comprometer al partido tras su postulación, sino que el día de la elección del 30 de junio de 2013 la candidatura DC se ubicó en el tercer lugar, con el 8,8% de los votos y por debajo de Velasco, quien no tenía apoyos partidarios.

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