Por Guillermo LarraínAlternativas a la torpe alienación de Europa

El Presidente Trump sorprende cada día con medidas que ahondan el foso que separa a EE.UU. de sus aliados europeos. Debilitar Europa y darle buenas razones para desconfiar es un error mayúsculo.
La desaparición de la URSS, el surgimiento de China y de potencias regionales como Brasil y Sudáfrica hace rato reclamaban un reordenamiento del multilateralismo. Dicho orden fue diseñado por EE.UU. que reconoció que debía tener una lógica cooperativa con el bloque no comunista tanto para prosperar expandiendo mercados como para enfrentar a la URSS.
Parece paradójico que EE.UU. sepulte ese orden. Antes de Trump, ya había signos de irritación pues EE.UU. debía negociar, aun teniendo la fuerza para no hacerlo. Esa tensión esperable, era manejada por la política interna norteamericana. Para romper un equilibrio basado en la buena voluntad de la potencia hegemónica se necesitan dos cosas: un liderazgo con capacidad para destruirlo y una amenaza que justifique internamente medidas extraordinarias.
El liderazgo lo puso Trump. Dijo al New York Times que el único principio que lo guía es su conciencia. Como domina ambas cámaras, no tiene restricciones internas. Así, Trump sube aranceles, decide abandonar el Acuerdo de París y anunció que se retiraba de 60 organizaciones y tratados internacionales.
Lo segundo es la emergencia de China. “Nixon goes to China” no fue un viaje de turismo sino una estrategia para enfrentar a la URSS. Durante décadas EE.UU. y sus empresas toleró que China copiara su tecnología, a cambio de acceso a su mercado. Lo que no calculaban era que China desarrollaría tecnología tanto o más avanzada que la propia.
Ambas superpotencias están como los perros, oliéndose. Puede haber pelea… o no. ¿Es razonable el conflicto? No es razonable, pero es posible, porque ambas deben medir fuerzas para negociar reglas. El estudio de las mafias muestra que estas no toleran vivir mucho tiempo sin reglas y en conflicto. Lo mismo los países. EE.UU. y China se deberán poner de acuerdo.
El error gigante de Trump es pensar que el nuevo orden lo podrá dictar EE.UU. como en 1945. Con mercados globales, todos deberán negociar.
La política norteamericana hacia Europa es inentendible. Es absurdo que EE.UU. aliene a Europa debilitando su estructura política, siendo débil contra Rusia en Ucrania y amenazando con la anexión de Groenlandia.
Una Europa unida y fuerte podría ser un aliado natural. Al contrario, con una Europa fragmentada y desconfiada, EE.UU. jugará aislado frente a China y Rusia. Difícilmente podrá contra una buena organización capitalista-autoritaria.
Ucrania y Groenlandia son las nuevas Bélgicas y Polonias. Europa no debe ceder. Su bajo gasto en defensa es consecuencia del equilibrio cooperativo de post guerra. Ex post, fue un error. Europa debe fortalecerse reformándose, uniéndose y con el Reino Unido en su seno.
Se desmorona un mundo conocido y no emerge todavía el que no imaginamos.
Por Guillermo Larraín, FEN U. de Chile
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