Por Alfredo Jocelyn-HoltCaptura de Maduro

Curioso, a nadie parece haberle ofendido gravemente que se apresara en chancletas al, hasta ahora (se suponía) mandamás de Venezuela. ¿Es que era hora y los yanquis lo hicieron “their way”, tratándose de su patio trasero? Montaron una cinemática producción, asaltaron un búnker militar, mataron a 32 “Gaps” cubanos y pusieron al mafioso a disposición de un tribunal federal en cosa de horas, importando cero sus insignias de mando. Entregado por su propia gente, incluso, a no ser que él mismo se prestara a tamaña puesta en escena, a fin de evitar lo sucedido a Gaddafi y a Hussein. ¿De lo contrario, cómo entendemos que, en cámara, les deseara a sus captores un feliz año y se le haya comenzado a imaginar, debido o no a fake news, haciendo su paseo diario en redondo, igual de resignado que Rudolf Hess en Spandau?
Lo de las chancletas es innegable y el tipo no merece clemencia. Los militares peruanos sacaron a Belaúnde Terry en pijama a medianoche, pero don Fernando no chancleteaba e incluso, en traje de baño, parecía un caballero (solía conversar con él en la piscina de nuestro edificio de departamentos en Washington). Si hubiera sido Chávez, seguramente habrían sido más respetuosos; cuando parafraseaba a Gaitán —“Yo no soy yo, yo soy un pueblo”— quizá no blufeaba. Con Fidel tampoco se atrevieron, aunque en sus años finales se aprovecharon de que estaba senil y en vitrina (de verde oliva se volvió fanático de los buzos Adidas). Lo que es, al Che, lo inmortalizaron cual Cristo de Mantegna por si acaso, y a Allende ni con Hawker Hunters lo silenciaron. Tratándose de figuras con algo de autodignidad, se les respeta; en cambio, con Maduro se trapea el piso.
Ni Obama ni Biden pudieron con él; tampoco el derecho internacional. Este último ha resultado tan inservible como Boric, con su protagonismo crepuscular. ¿Y qué mejor papel para Trump que el de villano, pero por una buena causa? En el exilio venezolano no hay, además, quien tenga el ñeque de cubanos como Marco Rubio, posible sucesor de su jefe o presidente en “Havana” si sigue sus órdenes. En cambio, el buenismo de Machado y de Edmundo González, el Nobel y el supuesto 70% de votación, de nada sirven. Recuerdan a Guaidó. Es que la perpetuación del “cesarismo democrático”, gracias a la clase política venezolana de centro y derecha, ha hecho que Venezuela siga siendo igual que siempre. Ese país vio nacer al “gendarme necesario” (aunque prescindible, por lo visto); estos caudillos (desde Bolívar y Páez) nunca han asegurado la continuidad; la fuerza militar actual es de opereta, posee más de 2.000 generales (Israel, sólo 114) y vea usted. Por último, fue en Venezuela donde EE.UU. estrenó este esquema de enjuiciar a presidentes que sirven de fusibles, empezando con Pérez Jiménez. En otras palabras, Trump no ha inventado nada nuevo.
Por Alfredo Jocelyn-Holt, historiador
COMENTARIOS
Para comentar este artículo debes ser suscriptor.
Lo Último
Lo más leído
Plan digital + LT Beneficios por 3 meses
Comienza el año bien informado y con beneficios para ti ⭐️$3.990/mes SUSCRÍBETE













