Por Rodrigo Yáñez Chile y Argentina, una oportunidad histórica, ahora
En América Latina, son pocas las veces que se produce un alineamiento político y económico entre dos países vecinos. Hoy en día presenciamos como Chile y Argentina atraviesan uno de esos momentos de excepción, que presenta una oportunidad histórica para avanzar en un mayor acercamiento de largo plazo.
Argentina, bajo el Presidente Milei, ha iniciado un giro económico profundo, reordenando sus fundamentos macroeconómicos y su inserción internacional. Para Chile esto es una señal que obliga a repensar la relación bilateral desde una lógica más ambiciosa.
Durante años el vínculo comercial entre ambos países ha estado por debajo de su potencial para dos países vecinos y con economías complementarias. Si bien Argentina es el segundo socio comercial de Chile en Sudamérica, el volumen del intercambio comercial es 40% menos que el con Brasil. En inversiones, pese a la relevancia en algunos sectores, estas no han alcanzado los niveles esperados para dos países vecinos.
Hoy el escenario se abre para construir esa estrategia.
La naturaleza complementaria entre ambas economías es evidente. Argentina cuenta con abundantes recursos energéticos, especialmente gas natural, y un sector industrial robusto. Chile, por su parte, ofrece estabilidad institucional, acceso a mercados globales y liderazgo en sectores como minería, energías renovables y servicios. Esta combinación ofrece importantes oportunidades en un contexto internacional enfocado en la búsqueda de cadenas de suministro más resilientes.
En materia de energía, se abre la posibilidad de avanzar hacia un mercado energético más integrado, focalizado en flujos estables de gas desde Argentina y la exportación de energías limpias desde Chile, lo cual podría llegar a convertirse en un pilar de la relación bilateral. A esto se suma el potencial del litio, donde ambos países concentran parte significativa de las reservas a nivel global, generando espacios para la cooperación.
Otra oportunidad, bastante más subestimada, se encuentra en la infraestructura y la logística. Los corredores bioceánicos, que han recibido un nuevo impulso en los últimos años, no solo facilitarán la conexión entre Chile y Argentina, sino que también pueden facilitar articular plataformas productivas integrando al norte argentino con puertos chilenos, para facilitar el acceso a mercados asiáticos.
Para poder avanzar en esta senda se requiere de decisión política, coordinación público-privada y, sobre todo, contar con una visión estratégica compartida, manifestada en una agenda bilateral clara, con prioridades definidas y mecanismos concretos de implementación, donde el sector privado tenga un rol activo. La experiencia muestra que las ventanas de oportunidad en la región suelen ser breves: se abren rápido, pero también pueden cerrarse con la misma velocidad.
Por Rodrigo Yáñez, secretario general de Sofofa
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