Por Jaime AbedrapoChina–EE.UU.: ¿quién llega con más cartas?

La cita entre los presidentes Trump y Xi Jinping, agendada entre el 13 y el 15 de mayo, marcará un hito relevante en la disputa por la hegemonía mundial.
Estados Unidos pareciera llegar con menos cartas para el juego diplomático, ya que la cita se desarrollará en un contexto en que Washington no ha podido imponer sus términos frente a Irán; ha gastado más de 25.000 millones de dólares desde el 28 de febrero a la fecha; el precio del barril de petróleo supera los cien dólares; las encuestas entre los estadounidenses demuestran una desaprobación en el uso de la fuerza frente a Irán. Todas estas razones permiten suponer que uno de los ejes principales en la conversación giraría en torno al emplazamiento de Estados Unidos a China para que interceda sobre Irán, facilitando el desbloqueo del Estrecho de Ormuz y promoviendo que los demás estrechos en la región se mantengan abiertos para no afectar el comercio internacional, en particular de hidrocarburos, tierras raras y fertilizantes.
Las dudas están puestas en la forma y en la estrategia que Trump y su equipo negociarán con China, país que ha señalado que sólo aceptará una conversación en “pie de igualdad”, rechazando las sanciones impuestas a empresas chinas tras ser acusadas de apoyar con tecnología y armas a Irán.
China también requiere del desbloqueo del Estrecho de Ormuz, ya que sus reservas de petróleo son limitadas y, sobre todo, porque su estrategia de penetración mundial requiere de estabilidad para avanzar comercial y financieramente con nuevos socios a escala mundial. No obstante, en los hechos las sanciones arancelarias impuestas por Trump no han conseguido afectar importantemente las exportaciones de Beijing; en abril las aumentó en torno a un 14 por ciento.
Hay varios otros asuntos que se abordarían y que están interrelacionados en la competencia geopolítica y geoestratégica: Taiwán (reivindicada por Beijing y protegida por Estados Unidos, siendo el principal productor de semiconductores), relaciones comerciales bilaterales e internacionales, regulación de la IA, control y acceso a las tierras raras, interés de potencias por contar con armas nucleares, intercambio militar de EE.UU. con Indonesia, deuda impaga de Venezuela a China y el devenir de Cuba, entre otros.
En consecuencia, esta es una ocasión que pudiese significar un punto de inflexión en la ofensiva “conflictiva” que ha desplegado Washington para mantenerse como la hegemonía mundial, o, por el contrario, imponer condiciones no negociables desde la perspectiva China. Si esta última fuera la estrategia de la Casa Blanca, muy posiblemente se aceleraría la percepción de decadencia de los Estados Unidos respecto de su moral, credibilidad, prestigio y confianza. ¿Trump exhibirá un enfoque que pretende avanzar en la repartición de las influencias con China y Rusia?, o ¿pretenderá proyectarse como el gran hegemón?
Por Jaime Abedrapo, Director de Centro de Derecho Público y Sociedad, USS
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