Columna de Daniela Lagos | Halston: puntada sin hilo
A pesar de que a ratos está algo sobreactuado, Ewan McGregor es convincente en su rol y uno de los puntos a rescatar en una miniserie a la que le falta mucha emoción y que no se siente justificada.

En los años 70, Halston era uno de los más grandes nombres de la moda estadounidense, con ventas de millones de dólares, diseños usados por figuras como Jackie Kennedy y Liza Minnelli y un estatus de estrella por donde pasara. Para mediados de los 80, el diseñador había perdido el control de su marca y su vida llena de excesos y fiestas en Studio 54 iba en caída libre.
Esa es la historia que se cuenta en Halston, miniserie de cinco episodios estrenada por Netflix, con Ewan McGregor como gran estrella y Ryan Murphy (American Horror Story, Ratched, Glee) en la producción.
La trama parte con una breve escena en la que un pequeño Roy Halston le da un sombrero adornado por él a su madre, para alegrarla luego de que su marido la golpeara. 23 años después, todas las mujeres quieren tener uno de sus sombreros, luego de que Jackie Kennedy usara uno en la toma de mando de su marido.

Primero fueron sombreros, luego vestidos, ropa de hombres y también perfumes. En sólo unos años Halston había creado un imperio y pronto las cosas empezarían a salirse de control, con sexo, drogas, ego, fama y berrinches como ingredientes en la juguera. Sin duda una lista que Hollywood ama, sobre todo si se combina con ropa y peinados de época, pero que en este caso simplemente no logra su objetivo.
A pesar de que a ratos está algo sobreactuado, Ewan McGregor es convincente en su rol y uno de los puntos a rescatar en una miniserie a la que le falta mucha emoción y que no se siente justificada. Halston es presentado como un tipo infinitamente superficial y egocéntrico, sin una gran genialidad, que casi se tropieza con el éxito. Y no hay en esta producción una gran apuesta por hacer una verdadera exploración del personaje, su historia, motivaciones y puntos débiles. Por el contrario, en su gran mayoría es una historia que simplemente avanza, contando una serie de eventos, uno tras otro.
Ryan Murphy ha sido llamado el nuevo rey Midas de las series, pero aquí definitivamente no hay oro. La producción se siente hecha como una tarea que había que cumplir, no como una historia fascinante que alguien debía contar. Y en un momento donde las opciones parecen infinitas y las series deben lograr conectar para no ser puestas en la gran pila de las que no se verán, esta es sin duda una de las no obligatorias.
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