Editorial

Debate por nueva ruta a Farellones

En la medida que exista una infraestructura que permita aprovechar masivamente la cordillera a lo largo de todo el año se generaría un potente polo turístico, lo que justificaría plenamente invertir recursos para mejorar los accesos.

El reciente fin de semana volvió a quedar en evidencia la insuficiente infraestructura vial para acceder a los principales centros de ski de la Región Metropolitana (RM). Producto de una masiva afluencia de público, los tiempos para el descenso en algunos casos superaron las 10 horas, lo que generó la indignación de los usuarios. Ante ello, las autoridades comunales de la Municipalidad de Lo Barnechea nuevamente emplazaron al Ministerio de Obras Públicas por su responsabilidad en lo que debe ser la mantención y sobre todo el mejoramiento de la referida ruta, como asimismo a que se reactiven proyectos como el de un teleférico que podría facilitar el acceso desde el río Molina, disminuyendo la congestión del camino.

No cabe duda de que el Estado debe hacerse cargo de un sinnúmero de necesidades sociales en el país, entre ellas los requerimientos por el desarrollo de infraestructura, sobre todo en zonas remotas del país o en localidades que viven en mayor pobreza. En este contexto, destinar recursos para ampliar las capacidades del camino a Farellones seguramente aparecería como algo impopular, pues se vería como un beneficio para un segmento muy reducido, sobre todo para personas de alto patrimonio, en particular aquellas que cuentan con refugio en estos centros.

El problema de los centros de ski en la RM es que en general no cuentan con la infraestructura suficiente y adecuada para recibir a las personas que solo van por el día, lo que sumado a los problemas de conectividad terminan por darles una apariencia elitista, lo que naturalmente complica el debate por nuevos recursos para mejorar su conectividad. Para que un nuevo camino a Farellones aparezca justificado es fundamental romper con esta lógica de elitismo y pensar en el desarrollo de proyectos que puedan ser disfrutados por un amplio número de chilenos, porque de esa forma una nueva ruta se vería como un beneficio tangible para toda la sociedad.

La viabilidad económica de la ruta depende en primer término de que las instalaciones cuenten con las condiciones adecuadas para recibir sobre todo a visitantes de corta estadía, para lo cual se requiere que los propietarios de las actuales instalaciones vean las ventajas y oportunidades que ello permitiría. Pero es indispensable dar un paso más, que pasa por un cambio de visión en la forma de concebir nuestras montañas, pues a lo que finalmente se debería apuntar es al desarrollo de un enorme polo que congregue masivamente a la población durante todo el año, y no solo a esquiar. En la medida que exista una infraestructura que permita aprovechar la cordillera tanto en invierno como en verano se generaría un potentísimo efecto en el turismo, considerando que no son demasiados los lugares en el país que se pueden dar el lujo de recibir turistas en toda época, lo que entonces justificaría plenamente invertir recursos para mejorar los accesos.

Hay un enorme desafío por delante, que debe congregar tanto al sector público como privado. En el intertanto, mientras no exista infraestructura adicional es fundamental que esta ruta sea adecuadamente gestionada en cuanto a los horarios de subida y bajada, intervenciones que permitan brindar mayores niveles de seguridad y evitar situaciones caóticas que desde luego dan una muy mala imagen a nuestro turismo.

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