El Premio Nobel de Economía y el desafío a los prejuicios



Dany Jaimovich, Director del Doctorado en Economía de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Talca.

El pasado 11 de octubre fue anunciado que el economista David Card obtuvo el Premio Nobel de Economía por sus aportes al estudio empírico de la economía laboral, en conjunto con Joshua Angrist y Guido Imbens, por sus contribuciones metodológicas al análisis de relaciones causales.

Estas contribuciones han implicado un cambio de paradigma en el pensamiento económico. Antes de ellos, el foco de la investigación estaba en modelos teóricos que permitían explicar ciertos aspectos de determinados fenómenos, pero que muchas veces estaban fundamentados en escasos datos. Los aportes de los nuevos laureados llevaron al desarrollo de técnicas que permiten el uso de datos muy detallados para comprender los efectos causados por políticas públicas y otros fenómenos sociales. El golpe a la cátedra es que esos datos ya no son usados sólo para sustentar un modelo en particular, sino que, para entender relaciones causales en la vida real, las que muchas veces terminan contradiciendo algunos modelos económicos fundamentales.

El ejemplo más conocido es el estudio de Card, junto al recientemente fallecido Alan Kruger, que mostró que un aumento en el salario mínimo en el estado de Nueva Jersey en los 90s no tuvo ningún impacto en el empleo. Esto contradecía el modelo estándar del mercado laboral, que predecía desempleo. Pese a una lluvia de críticas por posibles fallas metodológicas, los resultados resultaron ser robustos, e impulsaron el desarrollo de nuevos modelos teóricos sobre los efectos de aumentos de salario mínimo. El análisis cuidadoso de datos se sobrepuso a la predicción de los modelos, algo cada vez más habitual en economía.

Otra bomba a la racionalidad económica noventera fue el estudio de Card respecto al efecto de la llegada masiva de migrantes en los salarios del país receptor. El modelo económico tradicional predice que un aumento fuerte de la oferta de trabajo presionará los salarios a la baja y aumentará el desempleo, argumento de base utilizado muchas veces en contra de la migración. Pues bien, Card utilizo una técnica similar a la del estudio de salarios mínimos en Nueva Jersey, denominada “experimentos naturales”, para analizar el fenómeno migratorio. En 1980 llegaron en muy pocos meses más de 100 mil cubanos a Miami, el llamado “Éxodo de Mariel”, lo que implicó un incremento de cerca del 7% en la fuerza laboral, incluso mayor si se considera el segmento de trabajadores de baja calificación. ¿Cuál fue el efecto de esta entrada masiva de trabajadores extranjero en el empleo local? ¡Ninguno! No aumentó el desempleo ni se redujeron los salarios. Esto llevo a repensar tanto las teorías económicas básicas como los prejuicios de algunos a la migración. Las explicaciones fueron el incremento de producción en ciertos sectores intensivos en trabajadores no calificados, la creación de demanda por ciertos servicios nuevos generados por los “Marielitos”, entre otros.

Los revolucionarios trabajos empíricos de Card, y muchos otros que lo siguieron en el campo de la microeconomía aplicada, no implican que nunca habrá efectos de subir el salario mínimo o de un ingreso masivo de migrantes. Por el contrario, la invitación de estos estudios es a no tener prejuicios ni dejarse llevar por paradigmas técnicos, sino que ser rigurosos en el uso de datos y flexible en el modelamiento teórico para entender fenómenos económicos y sociales complejos.

Comenta

Los comentarios en esta sección son exclusivos para suscriptores. Suscríbase aquí.