Opinión

Elegir, aplicar y sostener la estrategia

Dragomir Yankovic/Aton Chile DRAGOMIR YANKOVIC/ATON CHILE

Cada gobierno elige su estrategia, la visión que busca proyectar al país, el orden de sus prioridades, la selección de las acciones que hará en el tiempo de la instalación. Se hizo así en el pasado, se hace en el actual gobierno y se hará en los gobiernos que vengan. El anhelo es controlar la agenda durante el máximo de tiempo posible, que se hable del gobierno y poder golpear cada semana, cada día, con anuncios, informaciones, decretos, decisiones.

¿Qué pasa si el Presidente se va a vivir a La Moneda? ¿O declaramos el cáncer como una alerta sanitaria? ¿O llamamos a la prensa y hacemos zanjas en el norte para proteger las fronteras? ¿Y si además hacemos gestos visibles como que todos los hombres vistan con corbatas y las mujeres se vistan de manera más recatada si trabajan en el servicio público? ¿Y si además retiramos todos decretos de la Contraloría para demostrar que somos distintos del gobierno que se acaba de ir? ¿Y si hacemos guiños ideológicos para nuestra base partidaria y retiramos -por ejemplo- el tercer plan nacional de derechos humanos y ver qué sucede? Las ideas de instalación se eligen. Tienen un propósito. Luego hay que aplicarlas y evaluar, ver cuántas se pueden sostener en el tiempo.

Sostener la estrategia es donde el modelo se empieza a trizar. Los problemas llegan por varias razones. La primera es sobrevalorar el sentido del triunfo y creer que existe carta blanca para hacer cualquier cosa y que se mantendrá el apoyo de las personas a todo evento. Esta semana se conoció que aumentó la desaprobación al gobierno en 30 puntos porcentuales según la encuesta UDD. Otra razón es la constatación de la falta de experiencia en el Estado y no comprender que gobernar es mirar hacia adelante y no hacia atrás: solo culpar al gobierno que se fue no sirve para recuperar una evaluación positiva. El país cotidiano (no el de las redes sociales) debe funcionar en paz y tranquilidad, proyectando un clima armónico para los cuatro años que vienen.

¿Y si el país ya no es el mismo que antes? Esta es una tercera razón. Que el diagnóstico falle. Que la opinión pública castigue a moros y cristianos, a los que se fueron y los que llegan, entre otras cosas porque prometieron que todo iba a estar bien y a los once días de gobernar la bencina y el petróleo suben 500 pesos por litro, un alza tan alta que no ocurría en los últimos 40 años. Y la manera de enfrentar este hecho fue traspasar el costo a las familias (mientras otros países bajan impuestos para proteger del alza) y organizar un relato sobre la guerra para enfrentar el problema.

¿Y qué pasa si la estrategia de instalación del copamiento de anuncios afecta a demasiados grupos a la vez y hace que la vida sea más cara, difícil y con una convivencia crispada en el país? Hay estrategias que aguantan bien en el papel, pero chocan con la contingencia y las personas culpan siempre al gobierno, del signo que sea. No basta con que el relato oficial culpe a la guerra, o diga que la guerra llegó “a la bomba de bencina de cada chileno” o declaren que el problema es que el Estado chileno “está quebrado”. Eso es jugar con fuego.

Por Paula Walker, profesora Magíster de Políticas Públicas, Universidad de Chile

Más sobre:GobiernoEstrategiaPrecio combustibles

COMENTARIOS

Para comentar este artículo debes ser suscriptor.

Lo más leído

Casi nadie tiene claro qué es un modelo generativo. El resto lo leyó en La Tercera

Plan Digital + LT Beneficios$6.990 al mes SUSCRÍBETE