Empecemos por la sociedad civil



Por Nicolás Birrell, director ejecutivo de Desafío Levantemos Chile

Cada cierto tiempo se dan las circunstancias para que un país se vuelva a replantear hacia dónde quiere ir. El cómo se llega a ese punto puede tener una infinidad de causas. Y qué duda cabe que un exhaustivo análisis de esas causas es esencial para dilucidar las acciones y cambios que se requieren para avanzar hacia un mayor bienestar social.

Por otro lado, también es vital dejar de lado las pasiones e ideologías que nos llevan a ver el mundo en blanco y negro, y abrirse a nuevos puntos de vista, matices y nuevas formas de plantear nuestro futuro. Lo anterior no apunta a reformularlo todo, sino que, al contrario, nos invita a analizar lo que ha funcionado y puede ser mejorado (o no), lo que se debe mejorar y aquello que de frentón debe ser eliminado.

Y aquí se encuentra Chile: en ese momento histórico de definir su hoja de ruta; y vaya la importancia de las definiciones que tomemos. Ciertamente, estas decisiones son muchas y todas muy determinantes para nuestro futuro. Hoy me quiero detener solo en una: la sociedad civil y su vital importancia. La Constitución le da a los “grupos intermedios” una atención menor y esto es a todas luces un craso error. En los tiempos que corren, la gente ya está cansada de añejas nomenclaturas como izquierdas y derechas, más o menos Estado y otras discusiones que -aunque importantes- muchas veces desvían nuestra atención de lo que realmente está en juego; y esto es cómo avanzamos todos y de manera equitativa hacia una vida más plena, armoniosa y feliz.

Es aquí en donde la sociedad civil juega un papel primordial no solo en la conexión con las personas, las comunidades y sus problemas, sino que sobre todo en la propuesta y ejecución de obras, programas y proyectos sociales. Para nadie es un secreto que las fundaciones, corporaciones y organizaciones no gubernamentales pueden ejecutar un sinnúmero de actos y contratos de manera mucho más rápida, eficiente y barata que el Estado. Pruebas de lo anterior hay por cientos: construcción de infraestructura como jardines infantiles, colegios y diversos centros médicos, acceso al agua potable en comunidades remotas, reducción a cero de listas de espera de patologías críticas, programas de educación, cultura y deporte, entre otros. Lo paradójico es que los que más se benefician con las bondades de la intervención de la sociedad civil en las problemáticas públicas señaladas son precisamente los más rezagados, olvidados y desposeídos de nuestra sociedad. Además, el Estado se ahorra una cantidad enorme de energía, burocracia y recursos con la intervención del tercer sector y éste participa y se empapa de una realidad oculta que debemos atender cuanto antes.

Ya que existen tantos temas en los que será muchísimo más complejo ponernos de acuerdo en el nuevo texto constitucional, la invitación es a darle la relevancia y el empuje a aquellas iniciativas en que debiésemos estar de acuerdo y nos benefician a todos. Así, una vez que empecemos por aquellos temas que nos unen y nos benefician, podemos avanzar en todos los otros que nos dividen y estancan.

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