Opinión

Emprender y colaborar frente a la obsolescencia

Durante años, emprender fue sinónimo de crear, crecer y competir. Y quizás lo sigue siendo. Sin embargo, hoy esa mirada parece incompleta, pues ya no basta desarrollar proyectos innovadores que funcionen: importa que asimismo tengan sentido, que se desarrollen en colaboración y puedan mantenerse en el tiempo. Lo he constatado conversando con decenas de emprendedores de todo el país, jóvenes y adultos, cuya esperanza y entusiasmo se alimenta de esta permanente sed transformadora.

Tengo el convencimiento de que hay algo profundamente humano en el acto de crear empresas y hacerlas crecer. No se trata solo de inventar algo nuevo, o de formular y promover una buena idea. De manera silenciosa, emprender representa también un acto de rebeldía, de imaginar que las cosas pueden ser distintas. Implica decidir hacer algo diferente que deje huella, transforme la realidad e impacte positivamente a otros, pero no por una vez, sino de manera creciente. Así, la fuerza y creatividad emprendedora tienen una proyección en los demás, requieren de los demás.

A esto se suma algo decisivo: vivimos un momento único, donde las nuevas tecnologías han abierto posibilidades que hasta hace muy poco eran impensadas. Hoy, una iniciativa puede escalar rápidamente, cruzar fronteras y llegar a miles —o millones— de personas; la innovación ha dejado de ser un privilegio para volverse más accesible, abierta y desafiante, donde la inteligencia artificial, sus agentes y múltiples aplicaciones se ponen al servicio de esta creatividad humana.

La semana pasada se llevó a cabo —en todas las regiones del país— la Semana Chile Emprende Inacap. Fue muy revelador observar ese espíritu creativo en miles de estudiantes y dueños de empresas. Se respiraba entusiasmo, pero lo más importante es que se vivía la colaboración. Es que nadie crea solo... Las mejores ideas se gestan y crecen cuando se nutren y entrelazan con otras, cuando se comparten y se transforman en algo colectivo y del que muchas personas pueden sentir orgullo. En efecto, la creatividad se potencia cuando hay grupos de hombres y mujeres movilizados por una causa común, en donde confluyen distintas disciplinas, experiencias, edades y orígenes. Al respecto, hay estudios bastante concluyentes: grupos diversos son un 30% más productivos que cuando son homogéneos.

“El mejor modo de predecir el futuro es crearlo”, decía Peter Drucker. Estoy muy de acuerdo con esa afirmación, y quizás una buena forma de construir un mañana que valga la pena para todos, que permita la creación y reconversión de empresas y trabajadores, es justamente imaginarlo y construirlo entre todos. Esa cultura colaborativa es un desafío en el que Chile ha avanzado, pero que todavía requiere consolidarse y convencernos de que, cuando uno avanza, avanzamos todos.

Por Lucas Palacios Covarrubias, rector Inacap

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