
Es Jara la equivocada

Es posible que sea inexacto decir que Lautaro Carmona, el presidente del PC, socava la candidatura de Jeannette Jara, aunque sus relaciones sean el fenómeno más lutuoso de la campaña presidencial (las desafecciones en el territorio de Evelyn Matthei aún no alcanzan el mismo nivel). Inexacto porque, en lo esencial, Carmona (y su directiva, esto no es individual) parece más bien haberse despreocupado de la carrera de Jara, como un problema que ha dejado de ser el suyo.
El PC tenía que hacer pública la opinión que siempre ha tenido sobre el exministro Mario Marcel, independientemente de que él haya sido el sostén de la reforma previsional patrocinada por el Ministerio del Trabajo. Y eso si ignorar que tampoco esta reforma fue del gusto del partido. Ninguna razón, pues, para omitir un juicio que debería ser orientador para sus militantes. Para el PC, Marcel no es distinto de todos los ministros de Hacienda desde 1990.
Porque este es el problema del partido ahora: orientar, dirigir, apoyar a su lista parlamentaria, pero sin confusiones ni disfraces, con arreglo de su doctrina y no a la táctica que la candidata presidencial pueda considerar conveniente. Avanzan por sendas distintas, como esas paralelas que nunca se encontrarán; y si se encuentran será porque alguien torció el rumbo; o porque alguien mintió. La doctrina del partido, puede alegar la directiva, no ha cambiado. Y no va a cambiar por una aventura personal a la que le quedan unos meses.
El partido ha tenido unos cuantos candidatos presidenciales, ninguno ha ganado. Y ello es así porque no se han producido las “condiciones objetivas” que lo hagan posible. Por ahora, la campaña solo ha alimentado la idea de que existen fracciones dentro del PC y una disidencia supuesta que, sin embargo, tampoco ha ganado ninguna elección interna.
Carmona y la directiva son la voz oficial. No hay otra.
Y todo esto sin entrar todavía en los errores que la candidata ha cometido. Por ejemplo, declararse “socialdemócrata” sabiendo que ese es un anatema para los comunistas, que la socialdemocracia ha sido uno de sus peores enemigos desde el principio de los tiempos. Otra cosa es que las necesidades del momento favorezcan las alianzas tácticas frente a adversarios de mayor calado.
El paso del PC por el gobierno de Boric le ha significado costos, pero el mayor de todos sería no avanzar nada respecto del modesto programa del Frente Amplio. Y eso es lo que ha ocurrido con el aún modesto programa de Jara, que se presenta como un proyecto dirigido a la “unidad”, pero donde la “unidad” son los otros, no los comunistas.
¿Para qué necesitaría una candidatura en la que no pueda hacer valer sus puntos de vista?
El PC participó de las primarias del oficialismo y dice haber contribuido con entusiasmo y fuerza al triunfo de Jara. Es una afirmación inverificable, pero tampoco refutable. En todo caso, si así fuera, el PC cree no haber sido retribuido por la candidata en cuanto factor decisivo del triunfo. Al contrario, ha sido apartado, como lo expresa con elocuencia la discusión sobre los economistas. Y en ciertas ocasiones también ha sido maltratado.
Si jara no se dio cuenta que en una estrategia electoral decidida en forma autónoma podría entrar en contradicción con la dirección del PC, quiere decir que su formación militante ha sido muy deficiente. Si, en cambio, confundió su holgado triunfo en las primarias con una victoria personal mayor que el PC, no ha tenido la fuerza para hacerlo valer, por mucho que tuviese razón.
En la situación actual, las cosas no han mejorado, han empeorado. Pasó el engañoso momento del subidón posprimarias y se ha impuesto el techo ajeno, que ni siquiera es el techo propio sino el del gobierno. La decisión de eludir los debates y salir a recorrer Chile es un gesto de salvataje, no de afirmación. Apela a un electorado muy ingenuo. Lo que se vio antes de esa fuga no es solo que se distanciara del PC, sino que ignoraba incluso las posiciones del partido incorporadas en su propio programa de primarias. Es un exceso de fragilidad.
De allí que el PC tema que su desempeño pueda terminar comprometiendo a sus candidatos al parlamento. Y por eso se ha llegado al a paradoja de que ante las palabras de Carmona salten de alarma, digamos, Ricardo Lagos Weber o Paulina Vodanovic, no los parlamentarios del PC. Si esa es la forma de expresar la diversidad del Pc. Si esa es la forma de expresar la diversidad de la coalición, hay que decir que es la forma más retorcida que se pueda imaginar.
Más bien parece que, en la reiteración de esas contradicciones, no se divisa ninguna posibilidad de que Jara se imponga sobre la dirección del PC ni de que esta mantenga silencio ante sus desviaciones. Es Jara quien se ha equivocado.
Y a estas alturas no es un error reversible, que se pueda solucionar con la renuncia de Jara al PC o con la suspensión de su militancia. Esa oportunidad existió después de las primarias, pero entonces bastó una intervención de Daniel Jadue para echarla abajo.
Por estas raras decisiones creen algunos, especialmente en la derecha, que toda esta polémica no es más que aparente, que en realidad hay como un entendimiento secreto entre Jara y la dirección del PC para simular un conflicto y después mostrar sus verdaderas caras concordantes. La verdad es que para esa dramaturgia se necesitarían otros intérpretes.
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