Opinión

Frei como símbolo

El oficialismo -incluida la DC- aparenta vivir en la edad de la inocencia, como si las decisiones tomadas en los últimos años no tuvieran consecuencias. ¿Será posible que los actuales dirigentes de la centroizquierda de verdad hayan pensado que sus acciones no tendrían efectos? ¿En serio creen que usar ahora al expresidente Frei de chivo expiatorio los absolverá de su responsabilidad ante la derrota inminente?

Sigan soñando, porque jamás podrán borrar su huella en cada uno de los pasos dejados; una senda de irresponsabilidad y oportunismo que hoy los tiene ad portas de cosechar todo lo que han sembrado en más de una década. En rigor, lo que faltaría es que los líderes de la DC y el oficialismo intenten culpar, entre otros, a Eduardo Frei del resultado. Porque, si la DC hoy sólo puede mirarse en el espejo de su ruina e insignificancia, es por el empeño sistemático puesto por sus dirigentes. Y si la izquierda y la centroizquierda se encaminan a un escenario increíble: ser derrotados por lo que llaman la “ultraderecha”, es precisamente por haber apoyado y justificado cosas también increíbles, en especial, desde el 18 de octubre de 2019.

Mejor ni preguntarse por los efectos que todo esto ha tenido para el país, y si alguna vez eso estuvo en sus cálculos y consideraciones. Es probable que no, que el delirio refundacional que alimentaron durante el estallido, su complicidad activa con la violencia y la destrucción, nunca fueran confrontados en su conciencia. Ahora, el motivo de escándalo no es todo el daño producido -al país y a sí mismos-, sino una conversación entre el expresidente Frei y el candidato de oposición, que ni siquiera terminó con la explicitación de su voluntad de respaldarlo en las urnas.

Esta semana Eduardo Frei volvió a mostrarse como símbolo de una franja muy relevante de gente de centro y centroizquierda, que no sintió alegría ni entusiasmo cuando en Chile ardieron estaciones del Metro, se quemaron iglesias y se vandalizaron escuelas; un proceso en que vastas zonas del territorio fueron entregadas “por la vía de los hechos” al crimen organizado y a los narcos. Tiempo después, Frei junto al expresidente Lagos fueron también el símbolo de todos aquellos progresistas que no estuvieron dispuestos a aprobar la propuesta constitucional de la Convención, texto que desde la DC a los comunistas se exhibió sin pudor como lo que más se acercaba a lo que siempre soñaron. Fueron esos hitos, a lo que se agregó también la crítica evaluación del actual gobierno, lo que a la larga condujo a esta ruptura irreparable en el alma y el cuerpo de la centroizquierda chilena; un quiebre y un daño cuyos responsables -incluido un sector importante de la ciudadanía- hoy prefieren mirarlos con distancia.

Pero no: por fortuna personeros como el expresidente Frei siguen dando testimonio de la profundidad de este quiebre político y de la magnitud del daño generado al país. Aunque sus autores intelectuales no quieran hacerse cargo de las consecuencias de sus actos.

Por Max Colodro, filósofo y analista político.

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