Garrote o zanahoria



Por Jorge Alessandri, diputado de la República

Transcurridos seis días desde que los cotizantes comenzaron a solicitar el retiro de su 10% del saldo ahorrado en sus cuentas individuales, el resultado ha superado con creces las expectativas, con más de 7 millones de solicitudes. Muchas de ellas significarán el retiro del 100% del saldo ahorrado, con su consecuente e irreparable impacto previsional.

Para poner en contexto algunas ideas que afloraron durante, en medio y en pleno proceso de retiro del 10%, es bueno recordar la metáfora del garrote o la zanahoria. Esta metáfora se refiere al uso de recompensas y castigos con el fin de inducir a la conducta deseada. Proviene del viejo cuento que, para lograr que se mueva un burro, es necesario poner frente a él una zanahoria o golpearlo por detrás con un garrote.

Escuchamos la opinión de destacados economistas, exministros de gobiernos anteriores y una buena parte del mundo civil, quienes transversalmente alzaron su voz haciéndonos ver los efectos negativos que traería el masivo rescate de fondos. De quienes, si la apoyaron la medida, solo he rescatado el profundo sentido de pertenencia respecto de los fondos ahorrados por tantos años, idea muy importante de reforzar ante la irrupción de actores que desean “estatizar nuestros fondos de pensiones”. 

Es el momento de pensar en algunas cosas referidas a la conducta que queremos inducir. Primero, me cuesta concebir que quienes llegan a la edad de pensión (60-65) y lograron ahorrar solo cerca de 35 millones de pesos en su vida laboral, se autofinancien la misma pensión o menos, que aquella persona que depende enteramente del estado. En términos numéricos, quienes no reciben aporte alguno del Estado necesitan de cerca de treinta y cinco millones de pesos para auto financiarse la misma pensión básica solidaria (PBS) y de nada menos que cien millones para acercarse a la pensión máxima con aporte solidario (PMAS). Esto no puede sino provocar una desconfianza enorme en el sistema para aquellos que pudieron ahorrar bajo los 100 millones, sino que una sensación de injusticia tremenda. Segundo, quien por años y en forma metódica ahorró para otros bienes como es la vivienda, educación, etc., puede quedar fuera de una ficha de protección social. Tercero, la falta de conexión entre las disposiciones legales referidas a materias previsionales y las cinco adecuaciones hechas a tablas de mortalidad no dejan de sorprender a los más entendidos. 

Volvamos al primer punto, el actual sistema carece absolutamente de una zanahoria y pareciera que con un garrote desincentiva a una gran fracción de ahorrantes, forzándolos inclusive a la informalidad en parte o la totalidad de sus ingresos. Hoy, el número de cotizantes bordea los 11 millones, de los cuales, el 50% son menores de 40 años y los mayores de 55 años representan solo el 14%. De ellos podríamos proyectar que solo el 13% llegará a jubilar con un un saldo de 100 millones o más, monto necesario, por ejemplo, para financiar el PMAS (entre $407.058 y $488.469, dependiendo de la edad del pensionado). El resto de los cotizantes, producto de bajos ingresos, lagunas previsionales u otros factores, percibirá pensiones inferiores a los $400.000. Preocupa de sobre manera que en este mismo grupo etario, el 42% tiene un saldo menor a 10 millones, monto muy distante de los 35 millones necesarios que alguien necesita para financiar, por ejemplo, la Pensión Básica Solidaria (PBS). 

Buena parte del universo de los actuales ahorrantes no habían nacido para la promulgación del DL 3.500 el año 1980. Los que hoy, 40 años después se pensionan, son parte de la generación que durante los años 80 vieron como Chile salió al mundo gracias a un próspero mercado de capitales y que premió a muchos ahorrantes que llamo los baby boomers chilenos y que hoy, a sus 65 años, son la primera generación de cotizantes que estuvieron 40 años en el sistema y que nunca pensaron en las actuales expectativas de vida cercanas a los 90 años. Trabajaron y ahorraron pensando en una pensión de X y su realidad después de 5 ajustes de tabla de longevidad es una fracción de X.

Toda nuestra fuerza y convicción debe ir en defensa de los ahorros de todos los chilenos de una pensión digna para todos y de una vejez feliz.  Por ello, es nuestra obligación entrar al tema de fondo y hacernos varias preguntas. ¿Cómo reformamos y mejoramos nuestro sistema de ahorro individual? ¿El pilar solidario fomenta el ahorro individual? ¿Cómo damos los incentivos correctos para que más personas coticen y funcionen dentro del mercado laboral formal? ¿Cómo incentivamos un mecanismo de recaudación que nos permita sostener el pilar solidario? ¿Podemos hacer modificaciones a los actuales sistemas de pensión?

La longevidad, es sin dudas el principal factor de ajuste a la baja de nuestras pensiones. El gobierno ha puesto sus fichas en el 50% de la ecuación, la parte referida a la acumulación de ahorro que con un incremento de 6% en la cotización individual mejorará en cerca de 30% las futuras pensiones. El otro 50% de la ecuación refiere a la pensión misma y es el momento de empezar a pensar que ajustes o transformación necesita el actual sistema de retiro programado y renta vitalicia que permita a nuestros pensionados una mejora en las mismas. 

La discusión es larga y profunda, necesitamos generar un cambio de conducta en materia de ahorro, para los cual urge poner adecuadas zanahorias que motiven a los ahorrantes. El análisis necesita de técnica, pero también de política. La política sin técnica es ciega, la técnica sin política es torpe. 

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