Por Joaquín Vial R-TImpactos económicos de una nueva guerra
A momentos de escribir esta columna se estaba cumpliendo un mes del inicio del ataque de Estados Unidos e Israel a Irán. Si bien la impresión inicial era que esta guerra iba a durar poco después del descabezamiento de la cúpula política y militar de Irán, la realidad ha resultado más complicada: en este mes no solo ha sobrevivido el régimen político iraní, sino que también ha quedado en evidencia que el país todavía tiene capacidades militares suficientes para causar muchos problemas.
Hasta hoy se está viendo que está en condiciones de golpear a la población civil en Israel y otros países cercanos, así como ocasionar daños relevantes a la infraestructura que provee de gas natural y petróleo a los mercados mundiales. Además, ha logrado bloquear la salida de barcos petroleros desde los países del golfo.
Un derrumbe del régimen iraní parece difícil. No hay que olvidar que Irán es una teocracia, por lo que, además de la reacción natural frente a una agresión externa, cuenta con la adhesión religiosa de gran parte de la población.
Por otra parte, las posibilidades de lograr un acuerdo, al menos para un cese del fuego, parecen disiparse después de que funcionarios norteamericanos confesaran no saber cuál era la influencia y el poder real de sus interlocutores, en medio de la confusión general causada por la muerte de múltiples líderes políticos y militares.
Una vez pasado el optimismo sobre una “solución venezolana” al conflicto, los mercados financieros de todo el mundo han mostrado una tremenda volatilidad en los precios, reflejando la incertidumbre existente, pero con un tono claramente pesimista: Las bolsas de países desarrollados han caído cerca de un 6% en el mes y algo más del doble en países emergentes. El dólar y el oro se depreciaron, las tasas de interés a 10 años subieron 30 puntos base en EE. UU. y Alemania, posiblemente reflejando mayores expectativas de inflación. Todo esto mientras el precio del petróleo ha subido del orden de un 60% en los últimos 30 días.
Lo que está bastante claro es que, incluso si Estados Unidos encuentra con quién negociar y acuerda un cese del fuego pronto, los problemas de abastecimiento de hidrocarburos van a durar debido a la destrucción que ya ha ocurrido en las instalaciones petroleras del Golfo. Por otra parte, el tránsito de petróleo desde los puertos del Golfo va a estar a merced de cualquier perturbación o cambio de ánimo de los países en conflicto, por lo que, si bien el precio bajaría, todavía va a permanecer alto por un tiempo más, incluso en el mejor de los casos.
Por el momento, esto no es una gran crisis económica. Todavía no se habla de recesión global y aún no se publican cambios relevantes en las proyecciones de crecimiento a nivel global, pero en Chile el Banco Central acaba de rebajar en 0,5% la proyección de crecimiento para 2026 y los años siguientes, estimando un alza transitoria de la inflación para 2026 a 4%, la que luego vuelve a la meta. Por supuesto, estas proyecciones son muy tentativas y, como el propio Banco Central reconoce, van a ser monitoreadas estrechamente en las semanas y meses que vienen para ver si es necesario ajustar la política monetaria en la dirección que corresponda.
Estas son malas noticias, que cayeron justo cuando ya cundía la ilusión de que el precio del cobre iba a ayudar a aliviar en algo el financiamiento del déficit fiscal. Hoy se echa de menos los ahorros para financiar ayudas en períodos duros como el actual, reforzando la validez de los llamados, tanto del Banco Central como del Consejo Fiscal Autónomo, para reconstruir los fondos soberanos. En estas circunstancias, si bien todavía se puede abrigar esperanzas de que el conflicto se resuelva pronto, entre otras cosas porque el costo político para el gobierno de Estados Unidos ha sido elevado, es altamente probable que todavía siga generando problemas económicos graves a lo largo del año.
Por todo esto, ahora es extremadamente importante actuar con prudencia, cuidando la solvencia de las finanzas públicas y la credibilidad, tanto del Estado de Chile como del Banco Central. En estos momentos hay que estar muy atento a lo que ocurre en el mundo para reaccionar oportunamente. En el plano local se debe buscar acuerdos para enfrentar con responsabilidad y eficacia los desafíos que con seguridad vendrán en los meses que vienen.
*El autor de la columna es profesor adjunto del Instituto de Economía UC e investigador principal Clapes UC
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