
Jeannette Jara: ¿demócrata o socialdemócrata?
Si decimos que la política es una actividad colectiva, puede a la vez concluirse que la consistencia de sus líderes depende no solo de sus propias convicciones, sino también de la de los partidos y equipos que los siguen. En este sentido, aunque sea cierto que Jeannette Jara haya transitado desde el comunismo a la socialdemocracia, la gran pregunta es si este tránsito lo están haciendo también los miembros de su coalición. A la luz de la campaña de primarias de Gonzalo Winter (recuerde el lector la “Mesa del poder” de la Franja Electoral) y las declaraciones de Lautaro Carmona, presidente del PC —el partido de Jara—, no resulta tan claro que ella esté siendo bien acompañada en el referido tránsito. Para el caso de Carmona, tómese en cuenta no solo sus críticas a la política económica impulsada por Marcel, sino también su simpatía con la reforma judicial llevada a cabo por Morena en México que, mediante la elección popular de los jueces, y su consiguiente politización, ha socavado uno de los principios más esenciales de las democracias liberales, el de separación de los poderes.
Pero, además, la consistencia política se juega en el terreno conceptual. En esta línea, ¿cuál es el concepto de socialdemocracia al que habría transitado Jara? El diablo está en los detalles, como reza el dicho popular. Y lo está, en este caso, porque una cosa es la socialdemocracia escandinava y de la tercera vía inglesa que, si bien da cuenta de un Estado de bienestar fuerte, no opera en contra sino en cooperación con los privados, incluyendo al mercado. Otra cosa, en cambio, es la socialdemocracia del “otro modelo”, que descarta la participación del mercado en la provisión de los derechos sociales. Por lo mismo, si Jara adhiere a esta segunda versión, estaríamos en presencia de una suerte de revitalización del proyecto de Bachelet, por ejemplo, en materia educacional. Y de ser así, la renovación de Jara no sería más que una renovación aguada y con letra chica.
Por último, existe una tercera razón para (al menos) dudar del tránsito de Jara; en este caso, respecto de la democracia liberal y teniendo en mente el hecho más probable de que la izquierda actual pase a engrosar las filas de la oposición en el próximo periodo presidencial. ¿Respetará Jara y quienes la apoyan las reglas de la democracia? ¿Volverán ellos, como lo hicieron bajo Piñera II, a justificar la violencia, a presentar acusaciones constitucionales sin base jurídica; a tratar —incluso—, como lo vimos en 2019, de derrocar por secretaría al gobierno de derecha legítimamente electo? ¿Cambiarán las cosas en futuro? Nada es imposible, pero resulta difícil pensar que ello ocurra si recordamos la oposición fuertemente desleal a la democracia durante Piñera II, llevada a cabo no solo por Apruebo Dignidad, sino también —y casi en pleno— por el llamado “Socialismo democrático”. Y si eso ocurrió con un líder de derecha moderada y de pasado democratacristiano, ¿qué podría esperarse para un presidente situado a la derecha de la centroderecha?
Por Valentina Verbal, historiadora
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