Por Max ColodroLa desnormalización

Un gobierno que está concluyendo decide no entregar de manera seria y prolija la información a su sucesor. La administración entrante decide entonces suspender el proceso señalando que ha dejado de confiar en los antecedentes que le traspasan. Es inédito, deja un sabor amargo, pero confirma que el ciclo de polarización que el país vive en los últimos años sigue intacto.
Buscando hacer de la necesidad una virtud, el gobierno de Boric no tuvo más alternativa que presentar el fracaso de su proyecto refundacional como parte de un proceso de estabilización, donde el país empezaba a dejar atrás las secuelas del estallido social. Por arte de magia, la llegada de la izquierda a La Moneda metió las demandas del movimiento social en el congelador; las protestas se esfumaron y la violencia política se replegó hasta nueva orden. Si algo terminamos de entender en este período es que los dramas sociales, los abusos e injusticias, se activan y desactivan en función de quien gobierne, no de sus propios méritos ni dolores asociados.
¿Dónde estuvieron la Confech y los secundarios durante estos cuatro años? Y los empleados fiscales, los trabajadores de la salud pública, el Colegio de Profesores, los dirigentes de tomas y campamentos, ¿no han tenidos en este tiempo motivos para salir a la calle? Pues bien, ahora los van a tener. Frente al gobierno de Kast, un conservador de derecha, simpatizante de Pinochet, todas las causas y demandas ciudadanas habidas y por haber volverán a la luz. Quién crea que la estabilidad social de estos años es consecuencia de una genuina maduración de quienes apostaron todo a la violencia en octubre de 2019, simplemente no ha entendido nada.
Lo que se inicia a partir de este 12 de marzo no tendrá nada de sorpresivo. Será lo mismo que vivimos durante este gobierno, pero a la inversa: la alternancia en el poder y el natural cambio de roles. La forma de actuar de la izquierda y la centroizquierda en los gobiernos de derecha está clara desde el inicio de la primera administración de Sebastián Piñera, cuando los chilenos pudieron verlas en acción junto al movimiento estudiantil de 2011 y, con más nitidez aún, durante el estallido social. ¿Alguien podría entonces darse mañana por sorprendido? ¿El gobierno de Kast podrá decir que nunca lo imaginó y que, por tanto, no preparó un diseño político a la altura de lo que, tarde o temprano, debería enfrentar? No, el gobierno de Kast no tendrá derecho a decir que no sabía.
Porque los mismos que a partir de su fracaso histórico se han adjudicado en estos años el proceso de normalización del país, desde este miércoles estarán trabajando por la desnormalización. Con paciencia religiosa, paso a paso, alimentando cada frustración con bronca y resentimiento; esa amalgama de pulsiones que tienen la notable capacidad de neutralizar cuando son gobierno, ahora la volverán a desatar. Porque en rigor no saben hacer otra cosa y porque acumulan en el alma una lista larga de fracasos.
Por Max Colodro, filósofo y analista político
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