Opinión

La not-derecha

DRAGOMIR YANKOVIC/ATON CHILE

Fue brillante al que se le ocurrió etiquetar productos que no eran como si fueran. Más brillante aún porque logró captar un rasgo característico muy nuestro, precisamente el de parecer algo que no somos. En la vida cotidiana, por ejemplo, parecemos bilingües. Ya no se encuentra cargo ni producto que no vaya identificado en inglés. ¿Cuántas personas entienden lo que significa “country manager”, “shop window”, “packaging”? Pocas en verdad. Pero simulamos entenderlas porque en el escaparate se ve el producto o en la tienda hay un rótulo debajo del cual un empleado ofrece una promoción empaquetada que dice “buy one, get one free”, que no es más que el “lleve dos y pague uno” típico en los quioscos donde se venden cuchuflíes.

En política estamos acostumbrados a lo mismo. En el Foro de Madrid que se celebra en Chile, exigimos al Presidente de la República que no vaya a aparecer tan derechista como en realidad es. Que el ministro de Defensa no vaya a decir lo que piensa sobre los reclamos argentinos que afectan nuestra soberanía en el Estrecho de Magallanes. Que el señor Lautaro Carmona juegue a la democracia cuando su norte es el caos y la dictadura. Que un grupo importante de parlamentarios haya sido elegido gracias a consignas que al minuto de capturar el sillón entierran para siempre (Pamela Jiles nos puede contar bastante de sus experiencias en el vuelo embanderada exigiendo el quinto retiro y el cómodo aterrizaje en el comercial mundo de Parisi).

De lo que estamos hablando no es broma. El panorama en la derecha es grave. Resulta inexplicable que el aplastante triunfo en las elecciones presidenciales se haya esfumado en apenas cinco meses. La descoordinación entre los ministros, la falta de comunicación, la falla persistente en no consultar previamente proyectos de enorme relevancia como la reforma constitucional en materia de seguridad, hacen pensar que en la derecha existen dos mundos irreconciliables. Por un lado, el de los políticos y, por otro, el de las ideologías. El primero llevará al fracaso a su propio gobierno porque en lugar de apoyarlo, lo critica dura y públicamente sin ofrecer soluciones que avancen en la dirección que el país desea, que no es otra que la de la seguridad (pero ahora, no después). El otro, el de las ideologías, es más peligroso. Es el de la derecha arrogante e intransigente, que, creyéndose afín al Presiente, desdeña que éste gobierna para todos los chilenos. Bajo este concepto, elabora proyectos autoritarios que incluso afectan garantías constitucionales, como ha sido el caso del nuevo estado de excepción.

La derecha no puede dejar abandonado el sueño de devolver a Chile su tranquilidad, estabilidad económica y progreso individual. La derecha no puede desentenderse de que está conformada por muchos chilenos trabajadores, sencillos y confiados en su Presidente.

De continuar este desorden, corremos el peligro de arruinar la ilusión que nos habíamos forjado. Probablemente no habrá otra oportunidad más formidable que esta. Aunque suene irónico, entre las dos facciones de la derecha, la más fuerte, la que menos piensa en los demás, es la not-derecha que gobierna.

Por Álvaro Ortúzar, abogado

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