Por Teodoro RiberaLas elecciones peruanas y la nueva cuestión altiplánica

Las elecciones en Perú merecen ser observadas, más allá de sus resultados y la orientación política ganadora, por la evolución de una fractura territorial y social que se ha profundizado durante las últimas décadas y que podrían tener implicancias en toda la región andina, incluido el altiplano de nuestro país.
En el sur andino peruano, para muchos habitantes de estas zonas el problema central no es ideológico, sino de representación, reconocimiento e integración territorial. En buena parte persisten fuertes vínculos culturales, históricos y comunitarios, especialmente entre poblaciones quechuas y aimaras. Se trata de realidades que preceden a los actuales Estados nacionales y que continúan proyectándose a través de las fronteras.
Desde esta perspectiva, el sur peruano no puede analizarse aisladamente. Forma parte de un espacio altiplánico más amplio que conecta el sur del Perú con Bolivia y el extremo norte de Chile.
Es aquí donde surge una cuestión de interés para nuestra política exterior.
Mientras Perú enfrenta una persistente crisis de representación política, Bolivia atraviesa una etapa de conflictividad social y económica. Las movilizaciones han puesto nuevamente en evidencia la capacidad de organización de actores territoriales, indígenas y comunitarios que conservan una influencia significativa en amplias zonas del altiplano.
Paralelamente, Chile experimenta un fenómeno menos visible, pero no menos importante: el agudo vaciamiento demográfico de su territorio altiplánico. La migración hacia ciudades costeras, el envejecimiento de la población rural y la disminución de habitantes en numerosas localidades interiores han transformado la realidad de Parinacota.
Cada uno de estos fenómenos podría parecer manejable por separado. Sin embargo, observados en conjunto sugieren una tendencia que merece atención. Allí donde los Estados enfrentan dificultades para integrar plenamente sus territorios periféricos, las identidades locales y transfronterizas tienden a adquirir una mayor relevancia relativa.
En este marco iniciativas como RUNASUR encuentran espacio para proyectar sus planteamientos. Más allá de los juicios políticos que puedan formularse sobre dicho proyecto, sería un error atribuirle la creación de dinámicas que son mucho más profundas y anteriores. Las identidades indígenas transfronterizas existen desde hace siglos. La pregunta relevante es por qué ciertos discursos encuentran hoy una audiencia más receptiva.
La respuesta parece estar en la combinación de fragmentación política, abandono estatal, crisis de representación y debilitamiento demográfico que afecta a distintas zonas del espacio andino.
Para Chile, la conclusión no debería ser el alarmismo, sino la anticipación estratégica. Si bien el desafío consiste en fortalecer la integración efectiva de nuestras regiones fronterizas mediante mayor conectividad, presencia estatal, oportunidades económicas y políticas de desarrollo territorial de largo plazo, está en el interés estratégico de Chile el fortalecimiento de los Estados nacionales.
Por Teodoro Ribera, rector Universidad Autónoma de Chile y ex ministro de Relaciones Exteriores
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