Por Álvaro PezoaLibertad, responsabilidad y recuperación económica

Con Jorge Quiroz como coordinador económico de la campaña de José Antonio Kast, la propuesta republicana se ha situado con fuerza en el debate de fondo: cómo reactivar el crecimiento en un país que lleva más de una década estancado. Se trata de un aporte valioso. Su programa, claro y directo, se sostiene en tres pilares fundamentales: desregulación, reducción tributaria y orden fiscal. Bajo el lema “Chile Despega”, perfila una transformación audaz que busca liberar las energías productivas del país.
El primer eje apunta a una desregulación profunda como vía para devolver dinamismo a la economía. En un entorno asfixiado por trámites, permisos y normativas que frenan la inversión y desalientan el emprendimiento, esta propuesta aparece como una bocanada de aire fresco. El diagnóstico es ampliamente compartido: la burocracia excesiva no solo enlentece o paraliza proyectos, sino que también encarece la operación de empresas de todos los tamaños. Destrabar ese nudo permitiría avanzar con mayor fluidez en actividad, innovación y empleo.
Reducir la carga tributaria, segundo cimiento, es una apuesta decidida por una agenda procrecimiento y proempleo. Se buscaría así hacer un país más competitivo, atrayendo inversión y estimulando el ahorro, sin descuidar el compromiso con los sectores más vulnerables. No se trata de desfinanciar al Estado, sino de potenciar su eficiencia: menos presión fiscal y más energía económica, situación que en el mediano plazo debería ampliar la base tributaria.
El tercer pilar propone avanzar hacia un Estado ágil y responsable. En un contexto de excesiva expansión del gasto público, se propone ordenar las finanzas, racionalizar con criterios técnicos, evaluando el impacto y la eficacia de cada programa. El objetivo es lograr que el Estado cumpla mejor su función, concentrándose en lo esencial, especialmente en seguridad, salud y educación. De hecho, un Estado más eficiente no es un Estado ausente, sino uno que responde mejor a las necesidades de sus habitantes.
Los lineamientos del plan económico republicano tienen un mérito indiscutible: presentan una visión coherente, articulada y orientada a resultados. No se quedan en la crítica, sino que ofrecen una hoja de ruta concreta, alineada con principios de libertad económica, responsabilidad fiscal y modernización institucional.
Por supuesto, llevar adelante esta agenda no estará exento de desafíos. Requerirá capacidad técnica, gestión eficaz y firme voluntad política para enfrentar resistencias ideológicas y corporativas. En este escenario, el “factor Kast” resulta clave: su liderazgo firme y coherente parece ser la mayor garantía de que la conducción económica no solo tendrá respaldo, sino también continuidad para impulsar un programa de reformas ambicioso y bien ejecutado.
La propuesta aquí analizada puede marcar un punto de inflexión. Chile necesita recuperar la senda del crecimiento, y este enfoque parece ofrecer precisamente eso: un camino hacia una mejor calidad de vida para millones de ciudadanos.
Por Álvaro Pezoa, director del Centro de Ética y Sostenibilidad Empresarial, ESE Business School, U. de los Andes
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