Por Ricardo AbuauadPAES, ¿influye la arquitectura?

Las noticias de la PAES confirman que las comunas más ricas y la educación privada corren con ventaja enorme. Cada año reaparecen las mismas explicaciones y excusas, pero se elude una pregunta básica: ¿en qué condiciones materiales están aprendiendo los estudiantes de la educación pública? ¿Cuánto influye el edificio en que eso ocurre?
El aprendizaje tiene lugar en salas, corredores, patios y comedores. La arquitectura no reemplaza a un buen docente ni a una comunidad escolar sólida pero puede facilitar o sabotear ambas cosas: iluminación natural, ventilación, acústica, temperatura, patios con sombra y flexibilidad de las salas influyen en la concentración y el tiempo efectivo de trabajo. Bien pensados, esos espacios reducen el abandono, el ausentismo y la falta de motivación. Mejoran la convivencia y fomentan metodologías innovadoras. La OCDE ha sido clara: el diseño de la infraestructura educativa no es un asunto estético ni secundario, sino una dimensión concreta de la política educacional. No se trata solo de confort básico, sino también de edificios estimulantes, desafiantes, que promuevan el aprendizaje. El libro “Diseño de edificios para el futuro de la educación”, cuyos autores pertenecen a la Facultad de Educación de Oxford, lo explica claramente.
El nivel de la crisis de la educación pública en Chile exige explorar todas las variables que permitan un cambio, pero ésta ha sido relegada. No por desconocimiento técnico: el Mineduc establece criterios para el diseño de espacios educativos, desde el confort ambiental hasta la flexibilidad pedagógica y la inclusión. El problema es la brecha entre lo que se declara y lo que efectivamente se construye. ¿Es solamente un problema de recursos o de falta de atención a este factor?
En Finlandia la política educativa considera el entorno construido como parte integral del aprendizaje. La OCDE documenta cómo sus escuelas priorizan luz natural, espacios flexibles y diseño atractivo, entendiendo el edificio como una herramienta pedagógica. “No hay una clara división entre los espacios de pasillo y las clases”, declara el jefe de arquitectos de la Agencia Nacional de Educación de ese país. De este modo, explica, “los profesores y los estudiantes pueden elegir el espacio más adecuado para llevar a cabo un trabajo o un proyecto en función de si es individual, en equipo o en grupos más grandes”. No es casualidad que estas decisiones acompañen altos niveles de bienestar y resultados sostenidos. Más cerca nuestro, Medellín invirtió en arquitectura notable para sus bibliotecas públicas, jardines infantiles y escuelas, que mejoran la experiencia y reducen la tentación de abandonar los estudios.
Si el país quiere mejorar la educación pública, debe dejar de exigir resultados distintos en condiciones idénticas. La arquitectura no reemplaza a la pedagogía, pero puede sabotearla todos los días. Seguir ignorando esta variable no es neutral: es una forma silenciosa de aceptar que la brecha educativa siga ahí donde está.
Por Ricardo Abuauad, decano Campus Creativo UNAB y profesor UC
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