Procesión al descaro



Por Pía Mundaca, directora ejecutiva de Espacio Público

Poco antes de la conmemoración del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer fueron denunciadas una serie de afirmaciones indescriptibles proferidas por el diputado electo Johannes Kaiser. Diversos videos de su programa de YouTube nos permitieron conocer la visión que tiene sobre las mujeres. No le hagamos el honor de repetirlas. Basta señalar que sus dichos son una amenaza directa a los derechos y dignidad de las mujeres. Presionado por su impacto, José Antonio Kast señaló que los dichos de quien en ese momento era militante de su mismo partido eran inaceptables y que sería pasado al tribunal supremo. Lo anterior no prosperó, puesto que Kaiser renunció al partido. No deja de ser preocupante que un partido respalde la candidatura de una persona con opiniones públicas como las de Kaiser. Alegar desconocimiento no resulta muy convincente. Los reproches posteriores de Kast tendrán poco efecto: Kaiser puede mantenerse como diputado independiente.

Las malas señales para los derechos de las mujeres siguieron poco después, cuando los dos candidatos a la Presidencia de Chile, el mismo Kast y Gabriel Boric aceptaron la invitación al programa online de Franco Parisi “Bad Boys”. Ambos candidatos parecen no tomarle el peso a lo que significa políticamente este gesto. Una cosa es, sin duda, intentar conectar con todos aquellos que legítimamente vieron en la candidatura de Parisi soluciones a los problemas que los aquejan. Pero otra, muy distinta, es elevar casi a la calidad de “gran elector” a quien carga con una deuda millonaria de pensión de alimentos. Solo para dimensionar lo que significa este tipo de deudas para las mujeres de Chile, según cifras de 2020, un 84% de las pensiones reguladas judicialmente están impagas (esto no considera todas las deudas que no son judicializadas).

Como bien señalan los Objetivos de Desarrollo Sostenible, “la igualdad de género no solo es un derecho humano fundamental, sino que es uno de los fundamentos esenciales para construir un mundo pacífico, próspero y sostenible”, muchas mujeres esperaríamos que los actos de los candidatos estuvieran en sintonía con aquello. No es difícil adivinar que si estas pensiones se pagaran muchos de los problemas de pobreza y desigualdad, que como sabemos afectan especialmente a mujeres y niños, se aliviarían de manera significativa.

La lucha por el poder en democracia admite un espectro más que amplio de maniobras electorales para alcanzarlo. No se trata de escandalizarse por las prácticas duras e incluso poco decorosas que son inevitables en elecciones tan ajustadas. Pero todo esto tiene límites, aun cuando no se encuentren en las leyes. Los candidatos no debieran olvidar que lo que están dispuestos a hacer para alcanzar al poder es en cierta medida un anticipo de cómo lo ejercerán en caso de ganarlo, y una señal de hasta donde son capaces de llegar para no perderlo. No es buena receta subestimar al electorado y menos al femenino.

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