Opinión

¿Puede ser Chile un centro financiero internacional?

El crecimiento sostenido de un país es resultado de la adopción de un modelo de desarrollo que se base en atributos diferenciadores, la implementación de las políticas para impulsar dicho modelo y una visión de largo plazo que dé continuidad a esta estrategia. Esto es lo que encontró Chile en la apertura internacional, las concesiones de infraestructura o la explotación de recursos naturales. Ese modelo está vigente, pero hoy tenemos el desafío de darle un nuevo impulso para potenciar dichos sectores, capitalizar nuevas oportunidades de negocios, y sumar un nuevo motor que nos saque de la mediocridad económica.

La idea de posicionar a Chile como centro financiero internacional toma un rol preponderante en este objetivo. Contamos con varios atributos necesarios para avanzar desde un modelo de captación de capital hacia uno en el que grandes inversionistas, nacionales y extranjeros, nos elijan como centro neurálgico para estructurar sus inversiones en Chile y la región, y, por qué no, como su lugar de residencia.

La pregunta, entonces, es qué debe hacer Chile para atraer a empresas que no sólo busquen desarrollar proyectos, que es relevante y ha estado en el centro de la discusión en los últimos años, sino también traigan capital para invertir desde Chile en otros países de la región, instalando aquí su centro de operación regional.

La estabilidad institucional de nuestro país sigue siendo un activo. Tenemos una democracia sólida, un Banco Central autónomo y Gobiernos que, en general, han actuado con responsabilidad macroeconómica. Un país, que al margen de los problemas de seguridad, sigue siendo un lugar muy superior a la mayoría de las capitales de nuestro continente para albergar a personas de alto patrimonio. Contando con esa ventaja, hoy se requieren reformas al mercado de capitales y ajustes tributarios que nos permitan crear una política coordinada de atracción de estos actores financieros.

Primero, es necesario corregir el efecto distorsionador del impuesto a las ganancias de capital por rentas pasivas, ya sea en acciones, bonos o depósitos a plazo en activos chilenos o hechas desde Chile en el extranjero, eliminando el requisito de presencia bursátil. Para esto, corresponde que esa tasa vuelva a cero o a un número de un dígito que mantenga la competitividad con otras economías que trabajan por atraer a grandes inversionistas. Hoy se da el absurdo, por ejemplo, que si una persona natural o jurídica invierte desde Chile en una acción en Estados Unidos, la eventual ganancia de capital no paga impuestos en el país norteamericano, pero sí lo hace en nuestro país. Un cambio como el anterior permitiría dotar de mayor competitividad y profundidad al mercado financiero local, con el consiguiente efecto favorable en el dinamismo de la economía, generando el potencial de ser un exportador regional de servicios financieros.

Adicionalmente, el mercado de capitales local debe incentivar la instalación de más holdings internacionales o nacionales que prefieran a Chile como plataforma de inversiones para el país y la región. Según el Banco Central, el stock de inversión directa chilena en el exterior se sitúa en torno a US$180 mil millones, lo que evidencia el potencial de la posición internacional de nuestra economía y que podría ser significativamente mayor si contáramos con un régimen tributario adecuado para este tipo de rentas internacionales de carácter operativo. Para que esto ocurra, una de las condiciones fundamentales es que estas compañías no paguen un nuevo impuesto en Chile por las inversiones que hicieron en el extranjero. En la medida que las rentas operativas no provengan de un paraíso fiscal, la filial debiera pagar el impuesto en el lugar que opera, sin cancelar un nuevo tributo en Chile, tal como funciona en diversos países de Europa como España, Alemania o Inglaterra, por mencionar algunos.

Chile, además de ser uno de los países con las tasas impositivas más altas de la OCDE, tiene un régimen tributario para las inversiones en el extranjero altamente complejo, sujeto a un costo administrativo elevado y que aplica un segundo impuesto a estas inversiones. Países como Irlanda o Singapur, con mercados más pequeños que el nacional, han ganado competitividad en el mercado de capitales al ofrecer las condiciones necesarias para diferenciarse de sus vecinos. La propuesta de reducir el impuesto corporativo contenida en el proyecto de Reconstrucción Nacional va en la dirección adecuada, pero se debe dar un segundo paso para convertir a Chile en el centro financiero de negocios para la región.

*El autor de la columna es director de empresas

Más sobre:OpiniónMercados

COMENTARIOS

Para comentar este artículo debes ser suscriptor.

La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.

50% Plan Digital+$5.150 al mes SUSCRÍBETE