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La Guerra civil española: los 90 años del inicio del conflicto y su profundo impacto en Chile

El 17 de julio de 1936 ocurrió el golpe de estado contra el gobierno de la II República. Un acontecimiento que derivó en la Guerra Civil Española y que pronto tuvo repercusiones internacionales. Repasamos la forma en que los diarios chilenos informaron el inicio del conflicto, cómo la política local comenzó a verse permeada por el Viejo Mundo y de qué manera personalidades como Pablo Neruda se involucraron personalmente.

La Guerra civil española: los 90 años del inicio del conflicto y su profundo impacto en Chile

El titular de La Nación del sábado 18 de julio de 1936 era una noticia de índole interno: “‘El país dispone del trigo que necesita para el presente año’, dice la Junta de Exp. Agrícola”. Una noticia del ámbito económico que en el contexto del Chile de ese año, bajo el segundo gobierno de Arturo Alessandri Palma, no era menor. El “León” trataba de sacar adelante la productividad del país, que había sufrido los terribles embates de la Gran Depresión de 1929 (el más golpeado del mundo, según el famoso informe World Economic Survey de la Liga de las Naciones).

El país atravesaba algo parecido a la normalidad, como no la había tenido en años. Colo Colo y Magallanes se preparaban para jugar un match amistoso en el Estadio de Carabineros; la tenista Anita Lizana obtenía su pase a la final de un torneo en Irlanda; el radical Gabriel González Videla era proclamado candidato a senador por Coquimbo y Atacama por el Frente Popular, en una elección complementaria; y los chilenos y chilenas reían de buena gana con la última película del comediante estadounidense Eddie Cantor, Los apuros de Mister Pink.

Anita Lizana

Sin embargo, una noticia de la sección Informaciones Cablegráficas (hoy Mundo) que ocupaba un espacio muy pequeño en las páginas interiores, apenas dos pequeñas columnas, daba cuenta de la tensión que se vivía en España, específicamente en el protectorado español de Marruecos. “Estalló un movimiento militar en la Plaza de Melilla”. Y a continuación: “El ministro de Comunicaciones confirma que el levantamiento está limitado a Melilla. El gobierno controla la situación en el resto del país, en donde reina completa calma”.

“El Ministro de Comunicaciones, señor Bernardo Giner de los Ríos, ha confirmado el estallido de un levantamiento militar en Melilla. El Ministro dijo que la revuelta estaba estrictamente limitada a esa localidad africana. Agregó a la United Press que ‘reina una completa tranquilidad en la zona metropolitana’”. Pero lo cierto es que aunque se hablara de que todo estaba en calma, la tensión era creciente. Y las noticias llegaban de a pedazos a través del cable, de hecho “Los corresponsales en Madrid de los diarios matutinos dicen que la policía fiscal ha cancelado todas las vacaciones de verano del personal y que ha llamado a reconocer cuartel a todos los hombres que estaban disfrutando de estas vacaciones”, agregaba la nota.

La Nación, 1936

“Rumores no confirmados dicen que hay desórdenes en Cádiz, Santander y Ceuta”, pero daba cuenta de la situación del mandatario. “El Presidente Azaña se dirigió esta noche al Palacio Nacional desde El Pardo, en donde estaba residiendo. Madrid está tranquilo”.

El Mercurio también llevaba la noticia, y agregaba: “El arresto de derechistas ha continuado hoy día en toda España. Varios líderes han sido apresados” Además, daba que que la guarnición de Madrid “se mantiene leal al gobierno”.

El Mercurio, 1936

En realidad el alzamiento de Melilla no era más que el resultado de una tensión que se venía acumulando desde meses antes. Fue el chispazo inicial del golpe de Estado del 17 de julio de 1936 que buscaba derrocar al gobierno democrático de la llamada Segunda República, bajo la presidencia de Manuel Azaña (la monarquía se había abolido en 1931). Tras la victoria electoral del izquierdista Frente Popular en febrero de ese mismo año -con Azaña a la cabeza como Presidente de gobierno -, parte de la alta oficialidad militar cercana al mundo conservador decidió que la única vía posible de llegar al poder -cerrado el camino político- era un golpe de fuerza. Más aún, en mayo Azaña nuevamente ganó, ahora para presidente de la República, convirtiéndose en Jefe de Estado. Sin embargo, las tensiones en España habían alcanzado un punto de extrema polarización social y política, alimentadas por una constante conflictividad laboral y agraria, huelgas, un fuerte sentimiento anticomunista y la violencia callejera armada entre grupos de extrema derecha (como la Falange) y de izquierda.

El detonante definitivo que unificó a los generales indecisos fue el asesinato del líder monárquico de derechas José Calvo Sotelo el 13 de julio por parte de miembros de las fuerzas de seguridad del Estado (en represalia, a su vez, por el previo asesinato del teniente José del Castillo, militante socialista). Ello impulsó a los generales Emilio Mola y José Sanjurjo a liderar el alzamiento desde Melilla, desatando un quiebre institucional irreversible.

Manuel Azaña

Al día siguiente, domingo 19 de julio, ya se conocían más informaciones, y La Nación le daba más espacio. “La rebelión militar abarca todo el protectorado español de Marruecos e Islas Canarias”, titulaba. Y agregaba: “El gobierno reconoce que le es imposible precisar aún la verdadera situación”. Eso sí, se puntualizaba: “En la región metropolitana reina completo orden, aun cuando se informa que en Sevilla y Barcelona fueron sofocados sendos movimientos…El gobierno expresa hoy día su confianza en que muy pronto sería sofocada la revuelta militar que estalló anoche en Melilla, Marrueco Español. También ha dicho que en toda España hay indignación por el levantamiento”.

Sumaba además la reacción de los obreros ante los hechos. “La Unión General de Trabajadores ha declarado la huelga general en todas aquellas partes en que los rebeldes han establecido ilegalmente la ley marcial”.

El Mercurio, julio de 1936

“El levantamiento militar iniciado en Marruecos se habría propagado a diversos puntos de España”, titulaba El Mercurio en sus páginas interiores. Y agrega: “Las primeras noticias, procedentes de Rabat y de Tánger anunciaban que habían ocurrido graves desórdenes en Larache y que, al parecer, se trataba de un golpe de las fuerzas militares, que se habría generalizado en toda la zona española… En las esferas oficiales se hace notar que el movimiento subversivo no ha modificado la fisonomía de la capital. La población se impone de la noticia con la mayor calma, siguiendo el público tan numeroso como siempre en las calles, mientras que los obreros han concurrido de costumbre a su trabajo”.

“El golpe militar fue provocado por una violenta lucha entre los legionarios extranjeros y los socialistas. Se dice que los legionarios en horas de ejercicios, pasaron frente a la sede socialista, cuyos ocupantes los silbaron y les lanzaron insultos. Los legionarios rompieron filas, invadieron el edificio y arrojaron a varios socialistas por los balcones. Hubo muchos heridos. Se informó al corresponsal de la United Press que en toda España una parte de las tropas de la policía favorece la rebelión, pero que otra parte favorece al Gobierno, el que ha decretado el estado de alarma y ha reprimido rápidamente los motines en Lérida y otros lugares. La forma rápida en que fue sofocada la sublevación en Barcelona indica que el Gobierno cuenta con suficientes fuerzas para dominar la situación. Los viajeros que llegan de Barcelona a Cerbère informan que se libró un combate entre los guardias civiles rebeldes y los guardias de asalto y escuadras que permanecen leales al Gobierno”.

Además, el Decano daba cuenta de un personaje que iba a ganar más relevancia: ”EL GENERAL FRANCO AL FRENTE DE LA SITUACION”. Y agregaba: “Esta mañana, 18 personas resultaron heridas en las refriegas que se produjeron en Elksar y Larache, en Marruecos español. Durante la huelga general en Melilla tuvieron lugar sangrientos encuentros entre civiles y soldados. Dos destructores partieron de Ceuta para Melilla. La frontera ha sido completamente cerrada y las comunicaciones con las zonas francesa e internacional están interrumpidas. Sin confirmación se anuncia que el mayor [sic, general] Franco llegó en avión cerca de Arcila para hacer frente a la situación. La población nativa está tranquila”. En las mismas páginas se indicaba además: “El Gobierno destituyó al general Franco como Gobernador de las Islas Canarias”.

En ambos periódicos también se daba cuenta que las esquirlas de la revuelta forzaron a Madrid a un cambio de la jefatura de gobierno, asumiendo Diego Martínez Barrio. La tensión ya había estallado, y en vista que el golpe de Melilla no había logrado conquistar toda España, el bando rebelde, o Nacionalista, se vio obligado a prolongar la lucha; en tanto, el bando Republicano, comenzó a armarse para la defensa. Se iniciaba la Guerra Civil Española, que por tres años desangró a la Madre Patria. Y Chile no quedó ajeno.

Diario La Nación, julio de 1936

El Frente Popular chileno

En Chile, los hechos de España tuvieron repercusión en lo plano político, lo más evidente había sido la formación -tal como en la Madre Patria- del llamado Frente Popular, un conglomerado que reunía a los principales partidos de izquierda: partidos Radical, Comunista, Socialista, Democrático y Radical socialista. De hecho, se formó en mayo de 1936, poco antes del levantamiento de Melilla, y su primer presidente del Comité Ejecutivo Nacional fue el serenense Gabriel González Videla. Lo explica a Culto el historiador Rolando Álvarez, director del programa de Doctorado en Historia, USACH.

“Durante la década de 1930 la política chilena comenzó a internacionalizarse fuertemente. El Partido Comunista se conectaba con las orientaciones provenientes de la Internacional Comunista proveniente de Moscú. Por su parte, ya en la década de 1920, la dictadura del general Carlos Ibáñez miró con admiración el fascismo italiano. Su proyecto de ‘armonía social’ dialogaba mucho con la propuesta fascista de terminar con el conflicto de clases. También en la década de 1930 aparecieron los ‘nacis’ chilenos (con c), cuyo espejo era lo que sucedía en Alemania. Por lo tanto, durante esta época, la política chilena miraba al exterior”.

“Respecto al Frente Popular, tuvo su origen primero en Francia, en donde el avance de la ultraderecha en Alemania en 1933, tuvo hondas repercusiones en el país galo. En Francia el acuerdo entre radicales, socialistas y comunistas se firmó el día 11 de enero de 1936. En España lo hizo cuatro días más tarde, el 15 de enero. Y en Chile se formalizó en febrero de 1936 el acuerdo entre socialistas, radicales y comunistas para apoyar un candidato a senador en una elección complementaria en el mes de marzo de aquel año”.

Gabriel González Videla

Tal como había ocurrido con la Primera Guerra Mundial, los chilenos de la época dividieron sus simpatías. Así lo explica a Culto el historiador Cristián Garay, Doctor en Estudios Americanos, Director Magister de Estudios Internacionales USACH. “La Guerra Civil española polarizó a Chile entre los partidarios de la República y los nacionales. Muchos argumentaron que por haberse constituido un ‘Frente Popular’ idéntico al español y al francés había que contener al fascismo chileno, encarnado según ellos en la candidatura de Gustavo Ross Santa María, continuidad del gobierno liberal de Arturo Alessandri. Fue una lucha de exageraciones acerca del peligro rojo pero también del fascismo. También hubo una presencia poderosa, pero no absoluta de intelectuales y creadores por la República. La Iglesia defendió la causa cristiana, si bien los socialcristianos pusieron algunos matices, sobre todo después que Jacques Maritain cuestionó el apelativo de ‘Cruzada’ para la guerra. La cobertura del conflicto fue profusa y partidaria, y se complicó con el asilo colectivo de la embajada de Chile en Madrid y las recriminaciones de la izquierda por dar asilo a ‘fascistas’, aunque desde Madrid el embajador Aurelio Núñez Morgado informaba de ejecuciones masivas en la retaguardia republicana”.

Álvarez añade que el Frente Popular Chileno tuvo sus propias particularidades, diferentes de los modelos francés y español. “En Chile tuvo sus dinámicas nacionales propias, básicamente producto de la intención del Partido Radical de que uno de los suyos fuera el nuevo presidente de Chile y su rivalidad con la derecha, la influencia del ejemplo español fue entusiastamente recibido. Por ejemplo, el programa del FP de España y su proceso electoral, fue seguido muy de cerca por la prensa de centroizquierda chilena. Se valoraba el hecho que los partidos dejaran de lado rigideces doctrinarias en pos de la unidad del pueblo. Medidas propuestas por el gobierno republicano eran reinterpretados a la luz de la realidad chilena. Era el caso de la propuesta de la disolución de las ligas fascistas, que en Chile eran asimiladas a la Milicia Republicana. O el fomento y defensa de las libertades, el fomento y protección de la enseñanza, de la industria y las obras públicas”.

Y tal como los obreros españoles se fueron a huelga en reacción al levantamiento Nacionalista, en Chile también tomaron acciones. Lo cuenta Garay: “Hubo una movilización sindical obrera muy poderosa y una conjunción de intelectuales, cuyo adalid sería Pablo Neruda, aquí se creó en noviembre de 1937 la Alianza de los Intelectuales de Chile, que tuvo filiales en provincias y su sede en calle Santo Domingo, aunque el poeta siguió un tiempo en París. Fue importante también la filósofa María Zambrano que vivía en Chile en 1936. De los intelectuales chilenos de izquierda surgieron actos que se intercalaban con las visitas de políticos republicanos a Chile, especialmente relevante fue la visita en 1939 de Indalecio Prieto, socialista, a la toma de posesión de Pedro Aguirre Cerda, Ciertamente la guerra pesó electoralmente, pero en definitiva la paridad de izquierda y derechas fue rota por la matanza de nacis en el Seguro Obrero. Sin los votos nacistas -vaya paradoja- no hubiera habido triunfo de los radicales”.

Pedro Aguirre Cerda

Álvarez también destaca que los chilenos y chilenas de la época fueron más allá e incluso algunos acudieron a combatir a la Madre Patria. “La guerra civil española fue un factor que movilizó no solo a la izquierda chilena, sino que fue un fenómeno global, que se resume en la palabra antifascismo. Miles de personas de distintas partes del planeta se solidarizaron con su causa. Muchos de ellos, inclusive, se enrolaron en las Brigadas Internacionalistas para luchar en las filas del ejército republicano. De hecho, los historiadores hablan de una generación de hombres y mujeres de izquierda que dieron origen a una cultura política de carácter frentepopulista. En definitiva, la influencia de la Guerra Civil española en la historia de las izquierdas a nivel global está fuera de toda discusión. Y en ese contexto, el caso chileno no fue la excepción. Jóvenes chilenos participaron en las brigadas internacionalistas, se crearon comités de solidaridad con España y la guerra civil en la península ibérica fue objeto de constante atención en la política chilena”.

Garay agrega: “Hubo una movilización muy fuerte del Partido Comunista a través de las sindicales obreras, también fue muy potente el activismo de los intelectuales comprometidos -pienso en Neruda, Huidobro o Rokha-. El poema Explico algunas cosas de Neruda configuró el discurso de la izquierda por la República. España en el Corazón y Residencia en la Tierra fueron reimpresos muchas veces. La solidaridad con la República, coordinada por el embajador en Chile, Rodrigo Soriano, fue otro frente que compitió con la ayuda a los nacionales desde la colectividad española, especialmente la Beneficiencia española de derechas”.

Pedro Aguirre Cerda

En 1938, un año antes que terminara la guerra en España, el Frente Popular llegó al poder con el radical Pedro Aguirre Cerda a la cabeza, derrotando al candidato alessandrista, el ministro de Hacienda Gustavo Ross Santa María. Sin embargo, Rolando Álvarez relativiza el rol del conflicto español en dicha elección. “No creo que haya estado determinada o influida de manera decisiva por los sucesos de España. Más bien, la historiografía chilena se ha enfocado en el papel decisivo que habría dado Carlos Ibáñez luego de la matanza del Seguro Obrero, ocurrido en septiembre de 1938 por órdenes del presidente Arturo Alessandri Palma”.

“El triunfo de Aguirre Cerda fue el triunfo de los radicales, no de los comunistas -añade Garay-. Eso explica la moderación y los toques de realismo del Frente Popular. Pero la Guerra Civil fue el escenario discursivo de la ‘lucha contra el fascismo’, si bien respecto a esto sólo podía atribuirse muy caprichosamente para las derechas chilenas. Al final, ni hubo incendios de iglesias, ni de la derecha surgió un movimiento fascista como predecían las izquierdas. Aguirre Cerda se reunió con el Cardenal José María Caro por intercesión de la esposa del mandatario, Juanita Aguirre de Aguirre, y se dieron mutuas garantías. Chile fue un país normal e institucional, sin los extremismos de la política española. Me parece que ahí se verifica la excepcionalidad chilena: disenso, pero democracia y paz por muchas décadas”.

Archivo Histórico / Cedoc Copesa

“Frente a vosotros he visto la sangre de España levantarse”

La pensó como “casa de trabajo”. En 1939, Pablo Neruda compró una casa de piedra frente a la costa -a un viejo socialista español-, en un lugar hasta entonces desconocido llamado Isla Negra. Ya había publicado el esencial Residencia en la Tierra (1935) y preparaba un proyecto ambicioso. “Un poema central que agrupara las incidencias históricas, las condiciones geográficas, la vida y las luchas de nuestros pueblos”, como lo recordó él mismo en sus memorias Confieso que he vivido. Era el futuro Canto general, que publicaría recién en 1950, en México, porque España -nuevamente- tocó a la puerta de Isla Negra. “La vida me sacó de inmediato de allí”. El presidente Pedro Aguirre Cerda le quería encomendar una misión.

Para ese 1939, la Guerra Civil Española estaba culminando con la victoria del bando Nacional, pero en rigor, el involucramiento en el conflicto de Neruda había comenzado tres años antes, así lo comenta a Culto el historiador español Mario Amorós, quien escribió una documentada biografía del vate (Neruda. El príncipe de los poetas).

“Tras el golpe de Estado militar del 17 de julio de 1936 de las fuerzas reaccionarias contra el Gobierno democrático de la República, que derivó en la guerra civil, Pablo Neruda, quien entonces era el Cónsul de Chile en Madrid, tuvo que hacer frente a cinco meses de trabajo muy complicados, principalmente en relación con la concesión de visados y pasaportes y la protección de la colonia chilena”.

Pablo Neruda, 1968. Foto: Evandro Teixeira.

Amorós añade que meses después, el 8 de noviembre de 1936, Neruda tuvo que dejar la Madre Patria. “De madrugada, abandonó Madrid en automóvil, camino de Valencia junto con Rafael Alberti y María Teresa León, Luis Enrique Délano y Lola Falcón y el pequeño hijo de estos, Poli, quien había nacido en abril de aquel año en la capital española. Después, Neruda llegó a Barcelona y luego a Marsella y no regresaría a España hasta julio de 1937 para participar en el Congreso de intelectuales antifascistas, en la que sería su última estancia en Madrid y pudo hacer su última visita a la Casa de las Flores, que había sido bombardeada por la aviación fascista”.

En un primer momento, asegura Amorós, el rol de Neruda con el bando republicano fue más bien discreto. “Hasta 1937, su solidaridad con la República Española fue casi siempre encubierta. El 24 de septiembre de 1936, publicó de forma anónima su poema Canto a las madres de los milicianos muertos en El Mono Azul, periódico editado por la Alianza de Intelectuales Antifascistas, que abrió paso al compromiso político en su creación poética. El 12 de octubre leyó estos versos en un mitin organizado conjuntamente por la Federación Universitaria Hispanoamericana y la Alianza de Intelectuales en Cuenca, ante campesinos, ganaderos y obreros”.

Si bien su simpatía política por el bando republicano era un hecho crucial, lo cierto es que el fusilamiento de su amigo, el poeta y dramaturgo Federico García Lorca en agosto de 1936, terminó por sellar a fuego su compromiso. “A partir de entonces, asumió como propia la causa de la República Española y la memoria de aquel tiempo, como el recuerdo de Federico, le acompañó siempre, hasta sus últimos días”, señala Mario Amorós.

A la derecha, Federico García Lorca y a su izquierda, Pablo Neruda.

En noviembre de 1937, Neruda publicó en Chile un libro basado en el conflicto, España en el corazón. Un canto épico a la fibra del bando republicano. Incluye poemas como Explico algunas cosas, Antitanquistas, El general Franco en los infiernos o Almería (algunos de ellos publicados previamente en periódicos de la España republicana) y abrió el manantial de su poesía política, de sus versos de movilización y combate -dice Mario Amorós-. En aquellos días, Neruda estaba en Chile y participó activamente en múltiples actos de apoyo a la España republicana, como la masiva concentración celebrada el 12 de octubre de 1937 en el Parque Cousiño".

Al año siguiente fue publicado justamente en la Madre Patria. “España en el corazón es una obra determinante en su evolución poética y también es un libro legendario por la singular edición que Manuel Altolaguirre dirigió a principios de noviembre de 1938, mientras la resistencia republicana se desplomaba en Cataluña”, dice Amorós.

El mismo Altolaguirre lo dejó consignado en una carta de 1941 desde su exilio en Cuba. Comenta que la edición fue hecha de manera artesanal. “El libro de Pablo lo imprimí en el Monasterio de Montserrat, donde los frailes tenían uno de los mejores talleres de Cataluña. Pensé hacerlo en una máquina de pedal, que llevé conmigo al mismo frente para editar el Boletín Diario del XI Cuerpo de Ejército y otros materiales. El día que se fabricó el papel del libro de Pablo fueron soldados los que trabajaron en el molino. No solo se utilizaron las materias primas (algodón y trapos) que facilitó el Comisariado, sino que los soldados echaron en la pasta ropas y vendajes, trofeos de guerra, una bandera enemiga y la camisa de un prisionero moro. Impreso bajo mi dirección, fue compuesto a mano por soldados tipógrafos e impreso también por soldados. (…) Solo hicimos quinientos ejemplares; algunos ejemplares pasaron la frontera en la mochila de los soldados, pero casi la totalidad de la edición quedó en Cataluña”.

Hubo también una segunda edición, asegura Amorós. “Se terminó una segunda edición de mil quinientos ejemplares el 10 de enero de 1939. De ambas han sobrevivido muy pocos volúmenes. La Universidad Autónoma de Barcelona conserva uno. En la Colección Neruda de la Universidad de Chile está el número 41 de la primera edición, con una dedicatoria del Comisario de Guerra del Ejército del Este, José Ignacio Mantecón, al Presidente de Chile, Pedro Aguirre Cerda, fechada el 9 de diciembre de 1938. La Biblioteca del Congreso, en Washington, conserva el ejemplar número 55, catalogado como Rare book, con una dedicatoria manuscrita de Neruda fechada el 5 de marzo de 1943”.

Pablo Neruda

Como último punto, la misión que le encargó el presidente Aguirre Cerda fue la de ir a buscar refugiados republicanos. “Tráigame millares de españoles. Tenemos trabajo para todos. Tráigame pescadores; tráigame vascos, castellanos, extremeños”, fue lo que le dijo el Mandatario según recuerda el poeta en Confieso que he vivido.

“Seguramente, Neruda era el ciudadano chileno idóneo para coordinar o ser la cabeza visible de esta iniciativa por el impacto que le había producido la guerra, por su prestigio literario y por sus relaciones con la intelectualidad republicana española y sus dirigentes políticos”, señala Amorós. “El 5 de marzo de 1939, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile designó al poeta Cónsul Especial para la Inmigración Española con sede en París. Neruda se embarcó en Buenos Aires, donde participó en un acto de solidaridad con el exilio republicano español, al igual que el 24 de marzo en Montevideo, en el Teatro Mitre, donde denunció la situación de los refugiados españoles en el sur de Francia y logró comprometer ayuda económica para los refugiados de organizaciones de apoyo a la República Española de Argentina y Uruguay. El 8 de mayo se instaló en la Embajada de Chile en París e inició las gestiones, que no resultaron sencillas pero que finalmente permitieron el viaje del Winnipeg, que zarpó el 4 de agosto con más de dos mil refugiados republicanos españoles a bordo”.

España, indica Amorós, y la Guerra Civil Española, significaron mucho para el poeta. “Neruda vivió dos años en el Madrid anterior a la guerra. Allí entabló relación y amistad con muchos de los poetas de la denominada Generación del 27 (Alberti, Altolaguirre, Aleixandre, María Teresa León…) y otros más jóvenes, como Miguel Hernández. En Madrid nació también su única hija, Malva Marina, gravemente enferma de hidrocefalia. Y conoció a Delia del Carril, con quien contrajo matrimonio años después, en México. Allí nació también su compromiso político. ‘Empecé a ser comunista en España, durante la Guerra Civil”, explicó en 1971, pocas semanas antes de recibir el Premio Nobel de Literatura’”.

“A todos nos atrajo esa enorme resistencia al fascismo que fue la guerra de España. (…) La República era para mí el renacimiento de la cultura, de la literatura y de las artes en España”.

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