Opinión

Reflexiones de un bromance

Europa ha sido considerada el caso emblemático de integración, con la conformación de un bloque que prácticamente eliminó las fronteras. Esta historia, empero, no ha estado exenta de complejidades y han motivado a sostener que la Unión Europea viene presuntamente de “capa caída”. Pero el enjambre de desafíos de nuestra época y que remece a Europa, ha abierto una interesante ventana de oportunidades en las que América Latina en general, y Chile en particular, tienen una posición privilegiada.

La UE lanzó este año su estrategia de reindustrialización, al mismo tiempo que avanza cerrando acuerdos comerciales con la India –la “madre de todos los TLC”, según Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea–, con el Mercosur y con México. Antes lo hizo con Chile suscribiendo el Acuerdo Marco Avanzado (AMA) que, tras arduas iteraciones, resultó ser un tratado de última generación y un benchmark para otros procesos de negociación. En esa nueva estrategia industrial y de política comercial de Europa, hay claves importantes.

Como botón de muestra, el AMA cuenta con un capítulo específico de energía y materias primas, hoy un trending topic geopolítico global, pues genera condiciones para la diversificación, seguridad y resiliencia de las cadenas de suministro, por ejemplo, de minerales críticos. Ello ha sido replicado por varios de nuestros socios comerciales, que han propuesto secciones similares. Dicho capítulo también resultó ser funcional a la eventual participación de proyectos chilenos en iniciativas impulsadas en el marco de la European Critical Raw Materials Act. Visto en retrospectiva, el AMA fue un adelantado a su tiempo.

Es este tipo de alianzas, en la forma y en el fondo, que seguro en parte inspira el bromance entre la UE y la Canadá de Mark Carney, economías que buscan sellar la incorporación de Ottawa como el primer miembro asociado en la historia del bloque (se ha especulado sobre Australia o Nueva Zelandia… ¿y luego?). También inspira el decidido impulso de Carney y Von der Leyen de explorar cómo construir un puente real entre la UE y ni más ni menos que el CPTPP, nuestro tercer socio comercial, que por su atracción excedió su marco Asia-Pacífico con la adhesión del Reino Unido y el eventual ingreso de Uruguay y Emiratos Árabes Unidos. Nuestro país fue pionero en ese tratado plurilateral y éste, a juzgar por los hechos, fue también adelantado a su tiempo.

Y un espacio fundamental de nuestra diversificación comercial se juega aquí. Por ello, Chile puede –y debe– tener un rol relevante en el acercamiento entre la UE y el CPPTP, por tener un acuerdo moderno con el primero y haber encabezado la creación del segundo. Desde el sector privado es posible impulsar esa agenda a través de eventuales capítulos empresariales con ambos bloques, al ser el principal usuario de los acuerdos comerciales.

Están dadas las condiciones para no quedar “fuera de la mesa”. También estamos a tiempo. Pero ello requerirá de una acción decidida, eficaz y coordinada de nuestra política exterior.

Por Rodrigo Yáñez, secretario general de Sofofa

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