Roberto Méndez

Roberto Méndez

Escuela de Gobierno UC

Opinión

“Rubia de los ojos celestes”


En alguna época me esforzaba por estar “al día” en las lecturas; esto significaba seguir la lista de los libros más vendidos, y leer lo que otros supuestamente estaban leyendo. Le eché un vistazo esta semana; encabeza la lista una obra titulada “Rubia de los ojos celestes”. Me dio alivio pensar que ya no es necesario estar “al día”, y me imagino que es cuestión de edad.

Llega uno a cierta etapa en la vida en que deja de importar lo que otros están haciendo y se adquiere independencia para hacer lo que interesa, o lo que importa. Debo confesar que no hace mucho tiempo que experimento esta liberadora sensación y, honestamente, es de las pocas cosas que aprecio de la edad madura; por lo demás, del todo desagradable. De paso, confieso que ya ni miro la lista de “más vendidos” en la prensa dominical y, sospecho, que no es mucho lo que pierdo (aunque con la rubia de ojos celestes, vaya uno a saber).

A cambio, he vuelto a releer lecturas de juventud. Volví a ellas con cierto temor. Temor de que se hubieran gastado con el tiempo, o fuera yo el gastado e incapaz de reencontrarlas. Así me resumí en Neruda; sí, el mismo, que hoy más suena por polémicas y aeropuertos que por su entrañable poesía, los cuentos de Julio Cortázar, poemas de Miguel Hernández, Pedro Salinas y otros por el estilo. Algo sesentero, pensé, casi como para Bob Dylan como música de fondo. Recordé a Rilke (creo que fue él) que aconsejaba “nunca volver al lugar de nuestras antiguas alegrías”. Error, gran sorpresa, la sensación está intacta (o casi), ellos están ahí, vivos aún; como nosotros.

Leonard Cohen, cantautor y poeta, decidió volver a fumar el día que cumplió 80 años. En entrevista al New York Times, en 2014, simplemente les dijo que “era una buena edad para volver a fumar”. Opinó que había pasado demasiado tiempo cuidándose, ahorrando y privándose de cosas para alcanzar un mejor futuro, que siempre está por llegar.

Cada vez con más frecuencia siento la tentación de dejar de atender los correos, las incesantes señales de las redes sociales, los multitudinarios “WhatsApp” y dejar de seguir a Waze por calles atascadas para llegar a reuniones que creemos importantes. Tentación de simplemente apagar todo, para volver a reencontrar tanto libro, tanta música, tantos amigos que se han ido perdiendo por la vida. Como Cohen, lamento tantos cigarrillos que dejé de fumar, tantos abrazos y besos que simplemente se perdieron, como el humo.

Pero la tentación pasa, y aquí estamos preparando la siguiente reunión, respondiendo los mensajes, ordenando la agenda y escribiendo esta extraña columna entre la noche y el cansancio.

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