Opinión

Se acabó la paciencia

calentamiento-global

Por Matías Asun, director en Greenpeace

Peter Kalmus es un científico de la NASA que la semana pasada decidió protestar amarrándose a las puertas de un banco en Los Ángeles, Estados Unidos, que financia a la industria de combustibles fósiles. Con pancartas dibujadas a mano y un delantal blanco, reclamó frente a la inacción del mundo ante el cambio climático. Antes de que fuera detenido por la policía, Kalmus afirmó que la ciencia “no estaba siendo escuchada” (...) y que “llevaba décadas intentando advertirlo”. Se cansó.

Así como Kalmus, no será extraño que comencemos a ver a grupos de expertos climáticos tirando sus computadores y planillas con precisos cálculos matemáticos a la basura en el corto plazo, uniéndose a la gran masa de activistas que salimos a reclamar lo que se ha dicho en todas las formas, tonos y lenguas: ya no es como era antes, estamos en un punto crítico que avecina el inicio de nuestra propia destrucción como humanidad, condenando a cientos de especies a la extinción y nosotros mismos enfrentándonos a niveles de sufrimiento sin paralelo histórico.

Hace unos días se conmemoró el Día de la Tierra, y a pesar de que la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas lo proclamó en 2009, hace más de 50 años que la sociedad lo tiene presente. Pese a ello, el tiempo para el planeta se acaba. Nunca antes en la historia de la humanidad fue más serio y grave. Más que nunca debemos hacer un llamado de atención a la inacción, a la pasividad que líderes políticos, gobiernos de todo el mundo, industrias financieras y extractivistas, no han querido entender.

¿Aún le parece lejana la crisis climática y ecológica? En 2020, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) confirmaba que en febrero se registraba un nuevo récord de temperatura máxima puntual en la Antártica, de +18,3 °C. En enero de 2022, en la Isla Fray Jorge del mismo continente, se registró una temperatura de 34°C. Y en febrero, datos del Centro Nacional de Datos de Hielo Marino, señalaron que este año el hielo marino antártico alcanzó la extensión más baja registrada por un satélite en su historia: de marzo 2017 a febrero de 2020, la superficie alrededor del continente pasó de 2,1 a 1,8 millones de kilómetros cuadrados. Inimaginable.

Diversas organizaciones ambientalistas, grupos de jóvenes, centros de estudios científicos, universidades, premios Nobel, entre muchos otros alrededor del mundo, se movilizan activamente ante la crisis climática que afecta a nuestro planeta Tierra. Y mientras eso pasa, los gobiernos lo mantienen en la postergación. El reciente informe del Panel intergubernamental del Cambio Climático (IPCC), advierte que con los objetivos y políticas actuales estamos acercándonos al precipicio, cerrando la puerta del límite de calentamiento de 1,5 °C, establecido en el Acuerdo de París.

Aunque bien se han implementado estrategias desde los gobiernos para cuidar el planeta, es necesario que se profundice en trabajar sobre soluciones que reduzcan las emisiones de gases de efecto invernadero. En este sentido, este reciente informe trae buenas noticias ya que propone alternativas para al menos reducir a la mitad las emisiones globales en solo ocho años y avanzar hacia cero emisiones a partir de ahí. Lo último que se pierde, siempre, es la esperanza y estamos a tiempo.

Kalmus, pese a su frustración y entre lágrimas, se atrevió a tirar una pequeña luz en su mensaje: “Esto (la protesta) es por los niños del mundo, por los jóvenes, esto es más grande que cualquiera de nosotros. Es momento de tomar sacrificios por nuestro planeta”, dijo antes de que se lo llevaran.

Desde hace más de cinco décadas, existe un movimiento de ambientalistas-activistas que accionan en favor del cuidado, conservación y protección del planeta Tierra. La ciencia ya hizo su parte y ya estableció límites, tiempos, consecuencias, responsables, acciones, daños y causantes. ¿Cuánto más debemos seguir citando papers e investigaciones sobre la debacle a la que nos acercamos? El tiempo empezó a correr y hasta ahora vamos llegando tarde.

Aún nos queda entender que este planeta y sus ciclos climáticos requieren no sólo reducir las emisiones, también que cuidemos la maravillosa biodiversidad que convive con nosotros, que es la principal tarea que tenemos en continentes como el nuestro. Es gracias al verde y al azul que este planeta es único, y seguir destruyéndose en aras a una promesa de progreso que fracasó estrepitosamente, es demencial.

Hoy existe un enorme potencial de cambio, que viene con muchos beneficios, pero no sucederá por sí solo: debe darse bajo la perspectiva energética y políticas actuales basadas en atacar otras de las principales amenazas para nuestro planeta, como la mala relación de uso y disponibilidad del agua, el avance de la salmonicultura en las zonas más prístinas del mundo en nuestros fiordos patagónicos, la deforestación, el consumo irresponsable, el cambio de uso del suelo, la producción agrícola y ganadera intensiva y la destrucción de los océanos.

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