Opinión

Tiranía consentida

Tiranía consentida

Durante la campaña electoral de 2023, el entonces candidato Javier Milei se refirió al artículo 14 bis de la Constitución argentina -norma que garantiza los derechos laborales y previsionales- como “un cáncer” que había que extirpar. El ahora Presidente Milei está a punto de lograr la aprobación de una reforma legal que recorta drásticamente un grupo considerable de esos derechos laborales, con el pretexto de modernizar la estructura productiva e incentivar el crecimiento económico. Dicha reforma ha generado una creciente ola de protestas ciudadanas.

Más de alguien se extrañará del divorcio entre el Presidente argentino y la ciudadanía que lo eligió. Después de todo, si el Presidente Milei se apresta a cumplir lo prometido, ¿de qué (y por qué) se quejan los argentinos? Esa pregunta es abordada en una suerte de experimento social, realizado por Sergio Rodríguez (“Sergio en la calle”), un influencer trasandino. En los videos que postea regularmente en diversas plataformas se lo ve entrevistando a transeúntes, indagando sus opiniones políticas, e invitándolos a dar razón de sus dichos o creencias. En unas redes sociales colonizadas por la evasión, la caricatura o la hostilidad, dicho ejercicio es tan refrescante como ilustrativo. El intercambio entre Sergio y sus casuales entrevistados revela que las preferencias de los electores -la mayoría, votantes de Milei- no siempre son el fruto de una elección racional. Más que un cálculo reflexivo destinado a maximizar el beneficio (individual o colectivo) esperado, sus entrevistados invocan como motivaciones de sus preferencias políticas un cóctel efervescente de emociones. Muchos apelan a la necesidad de un cambio político. A pocos parece haberles preocupado, al momento de votar por Milei, qué dirección tomaría este cambio. Bastaba con que las promesas del libertario aplacaran el hartazgo, la rabia o la desconfianza, o fueran una ilusión seductora, no importa si “demasiado buena para ser cierta” o una apuesta muy arriesgada.

Confrontados con los magros o contraproducentes resultados del gobierno de Milei, los entrevistados de Sergio son renuentes a reconocer un error. Insisten en racionalizar su voto, hasta que su costo se vuelve muy alto o no puede externalizarse (algo parecido ocurre en EE.UU., donde votantes de Trump han sufrido las consecuencias de la acción del ICE en parientes o cercanos).

¿Por qué consentimos la tiranía? La pregunta es pertinente, pero no original. En el Discurso sobre la servidumbre voluntaria, escrito en 1574, Étienne de La Boétie decía que la tiranía se basa en dos cosas: el yugo o el engaño. Dado el auge de los autoritarismos de origen democrático, la conversación sobre cómo y por qué consentimos en ser tiranizados debiera multiplicarse. Para comenzar esa conversación, convendría abandonar la imagen de un pueblo sabio, tan explotada en el discurso político. Después de todo, la sabiduría no es condición de la democracia. La responsabilidad sí lo es, en cambio.

Por Yanira Zúñiga, profesora Instituto de Derecho Público, Universidad Austral de Chile

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