Por Margarita DucciUn pacto por la Tierra

A menudo, cuando hablamos de crisis climática, nos perdemos en la frialdad de las cifras olvidando que en el centro de esta grave situación estamos nosotros, nuestras familias, nuestros barrios y ciudades, y el futuro de quienes hoy comienzan a vivir. Detener este impacto exige un cambio de paradigma que nazca desde la empatía y la responsabilidad profunda, transformando no sólo nuestra forma de producir, sino también nuestra manera de consumir y de convivir con el entorno. Si bien hoy existe un compromiso global que nos une, la realidad nos grita con fuerza que debemos acelerar el paso con un sentido de urgencia que sea, ante todo, profundamente humano.
Hoy, sin transmitir pesimismo, es necesario destacar cómo las decisiones oportunas, nos permiten vislumbrar un futuro posible. Sin embargo, los datos son implacables y una señal de alerta que no podemos ignorar. Tras un 2024 que se consolidó como el año más cálido jamás registrado, superando por primera vez el umbral crítico de los 1,55°C sobre los niveles preindustriales, el 2025 se mantuvo en esa preocupante tendencia como uno de los tres años más calurosos de la historia (1,44°C). No se trata de un episodio aislado: hemos vivido el trienio más extremo desde que tenemos registros, lo que sitúa el calentamiento a largo plazo, peligrosamente cerca del límite del Acuerdo de París. A nivel global, la ciencia es tajante: para no perder la meta de los 1,5°C, debemos reducir las emisiones un 43% para 2030; sin embargo, las proyecciones actuales advierten que, si no corregimos el rumbo hoy, el mundo podría superar ese límite de forma permanente antes de que termine esta década.
Desde Pacto Global impulsamos a las empresas a entender que la sostenibilidad ya no es una opción ética, sino el único camino para la viabilidad del negocio. Afortunadamente en Chile, hemos dado pasos agigantados: nuestra matriz de Energías Renovables No Convencionales (ERNC) ya representa el 47% de la generación eléctrica acumulada en lo que va de 2026, consolidando una tendencia que el año pasado ya nos permitió cerrar con un histórico 63% de participación renovable total. Ello demuestra que la descarbonización no es un sueño, sino una realidad que debemos seguir con convicción.
Pero la naturaleza nos está enviando señales cada vez más estridentes. Los eventos extremos del último año, con olas de calor, precipitaciones intensas en lapsos breves y cortes de suministro eléctrico, revelan nuestras falencias en resiliencia urbana.
La tierra se está comunicando, por ello hacemos nuevamente un llamado a la acción humana. Pensemos en el Chile que queremos habitar en 2050. Tenemos la oportunidad de construir un país más armónico y resiliente, que brinde bienestar no sólo a través del crecimiento económico, sino a través de la protección de la vida en todas sus formas. Hagamos un nuevo pacto con la tierra para que nuestro propósito sea el refugio de las próximas generaciones.
Por Margarita Ducci, directora ejecutiva Pacto Global Chile, ONU
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