Una tozudez sin límites



SEÑOR DIRECTOR

Chile enfrenta una situación compleja cuando se proyecta su población y su envejecimiento. La aguda caída en la tasa de fecundidad y el aumento en la población pasiva, genera un desbalance etario con más adultos mayores y menos juventud, que puede poner en jaque el financiamiento de las pensiones futuras. Y no hay fórmulas mágicas: ahorro previsional en la vida activa, y transferencias intergeneracionales hacia quienes no les alcanza, o sea, impuestos para financiar gasto fiscal redistributivo. En ambos casos, el requisito es el mismo: una economía pujante y mayor empleo. Pero tal como vamos, el panorama se ve francamente desolador.

En efecto, la aprobación del proyecto sobre el retiro de un 10% de los fondos de pensiones será no solo, como muchos quieren, un gesto simbólico para asestarle un golpe al sistema previsional, sino que agravará el problema de la escasa densidad de cotizaciones y las lagunas previsionales que son la raíz de las bajas pensiones. Hay 10.950 afiliados en el sistema que podrían retirar hasta US$ 20.800 millones. Esto tendrá daños colaterales inmensos. Desde luego, un cotizante de 30 años que retira hoy $1 millón se priva de una rentabilidad equivalente a recibir $2 millones adicionales al momento de jubilar. Y de paso, los afiliados que altos ingresos que pagan impuesto a la renta, recibirían un regalo del Fisco al no tributar en su global complementario por los retiros efectuados. Regresivo e injusto. Y si el retiro se compensa con un fondo colectivo de reparto del Estado, al margen de la presión fiscal, se abrirá el camino para poner fin al sistema previsional de capitalización que ha proporcionado los ahorros para financiar inversiones y ha sido puntal en el crecimiento económico de Chile. Y todo ello sin ni siquiera mencionar el temblor macroeconómico, en una economía débil, que puede causar la liquidación de activos en los fondos de las AFP.

En consecuencia, solo cabe juzgar la aprobación de este proyecto como una tozudez sin límites, populismo o una descomunal ceguera política. Más inverosímil aún es que una vertiente de la centroderecha, cuán inocentes útiles, en la expresión de Von Mises, se preste a este juego frívolo como “simpatizantes confundidos y descarriados”.

Carlos Williamson

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