Vacuna sin vacuna; cuarentena sin cuarentena

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Por Marcos Singer, director del MBA de la UC, y Luis Sota, presidente de Stratam LA

El mantra de la revolución en los negocios que protagonizaron Amazon, Uber y nuestra Corneshop fue descubrir que con la tecnología se pueden hacer las cosas de manera diferente. No se necesitan locales para hacer retail, ni autos para funcionar como taxi, ni ir al supermercado para ir al supermercado.

Lo mismo deberíamos cuestionarnos respecto de la guerra contra Covid-19; ¿es posible hacer una vacuna sin vacuna, o una cuarentena sin cuarentena? La respuesta ya está muy desarrollada: basta con “trackearnos”, esto es, localizarnos todos los ciudadanos, y marcarnos como contagiados o sospechosos cuando corresponda, mediante nuestros dispositivos móviles. Obvio.

¿Y por qué no lo estamos haciendo? Porque como todas las cosas, en realidad no son obvias. Así como defendemos el principio de la vida, también existe el principio de la libertad y la privacidad. Tal como lo explican Yuval Harari y Byung-Chul Han, la manera en que la sociedad resuelve esa tensión se deriva muy directamente de qué tan autoritario o, por el contrario, libertario sea el modelo político. En aquellos que en Occidente vemos como más autoritarios, como Singapur, Taiwán o incluso Corea del Sur, se implantaron exitosamente (hasta el momento) las tecnologías de “trackeo”, en desmedro de la libertad y la privacidad. En países más bien liberales, incluyendo EE.UU. y varios países de Europa, cualquier restricción individual es muy resistida. Elon Musk prefiere que lo lleven a la cárcel antes que le digan cómo debe cuidarse.

El menú tecnológico es amplio, con al menos siete opciones: 1) Rastreo de contactos con apps ya sea centralizadas o descentralizadas, 2) Rastreo masivo de localizaciones, 3) Crowdsourcing, 4) Drones de vigilancia, 5) Inteligencia artificial y Big data, 6) Pulseras digitales geolocalizadas, y, 7) Biometría y detección digital de síntomas.

Las ideologías políticas no han sido determinantes a la hora de escoger el modelo tecnológico para lidiar con la pandemia. Era esperable que Francia optara por un esquema centralizado, concentrando los datos en un servidor central, lo que da a los organismos de salud acceso a la información; ha sido más sorpresivo que Gran Bretaña, actualmente bajo un gobierno conservador, haya optado por una estrategia similar. Al hacerlo, ambos países entraron en colisión directa con el consorcio Apple/Google que provee tecnología solo para apps descentralizadas, que mantienen los datos en cada celular sin reportarlos a un servidor central. Por otro lado, Alemania, Italia y Suecia, países con Estados tradicionalmente más intervencionistas, optaron por usar la base tecnológica para apps descentralizadas.

Todas y cada una de estas opciones, centralizadas o distribuidas, requieren una adhesión social de por lo menos 60% para ser exitosas. Y el lugar en que se reúne la sociedad a discutir el modelo que quiere para sí misma es el parlamento, con o sin iniciativa del poder ejecutivo. Sin embargo, nada de esto se está conversado, no obstante podría ser el “Amazon” de la vacuna que tanto anhelamos y que puede que nunca se descubra.

Es urgente poner este tema en la mesa. Con un sacrificio moderado y temporal de libertad y privacidad podríamos dar un salto cuántico en la prevención de esta pandemia, y de la próxima. Aunque puede que ésta dure tanto, que ambas se terminen traslapando.

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