Opinión

Venezuela y el Derecho Internacional

La aspiración de que las relaciones entre los Estados estén regidas por un conjunto de normas de carácter general y obligatorio, de tal forma que sean ellas y no la fuerza las que diriman sus conflictos, es uno de los mayores avances civilizatorios de la humanidad. En ese esfuerzo se ha avanzado, algunos dirán que mucho y otros que muy poco, pero es indudable que sigue siendo una aspiración inconclusa.

Las grandes potencias, especialmente las que poseen arsenal nuclear, siguen sin someterse en todo lo que afecta sus intereses fundamentales a ninguna otra regla que no sean las útiles a sus propios objetivos. El poder de veto en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas es la demostración más evidente.

A lo anterior se agrega que, al alero de este conjunto de normas del llamado Derecho Internacional, se ha constituido una maraña de organismos con una burocracia de funcionarios que, en muchos casos, no son más que otro eslabón en la carrera de dirigentes políticos de todo el mundo. Ni qué decir de la ideologización que ha capturado agendas y objetivos por doquier.

Así, basta que un régimen dictatorial y opresivo como el de Maduro llegue a un acuerdo que lo ponga bajo la protección de cualquiera de los miembros permanentes del citado Consejo de Seguridad para que todo el sistema jurídico internacional quede absolutamente bloqueado. Al estilo de las más antiguas tradiciones mafiosas, el dictador venezolano compraba protección con petróleo, dando acceso a su territorio y quizás con qué otro tipo de acuerdos.

Desde luego que el Derecho Internacional es extraordinariamente valioso y que sus limitaciones no deben ser excusa para horadarlo aún más, sino que deben ser un estímulo para intentar fortalecerlo. La pregunta, sin embargo, es si la vida, la integridad física, los derechos fundamentales de millones de venezolanos son un precio razonable para sostener principios que no les ofrecen ninguna solución.

¿Qué respuesta le da el Derecho Internacional a la familia del ex teniente Ojeda? Ninguna y no se trata en este caso de las limitaciones materiales propias de todo sistema de justicia, sino de deficiencias estructurales que aseguran la impunidad a dictadores como Maduro. Tras casi 70 años el régimen cubano incluso participa de los organismos internacionales.

El estilo y las formas del presidente Trump son otra cosa. La manera descarnada en que exhibe sus intenciones y objetivos; la amenaza más o menos explícita de que, en este nuevo orden mundial, todos los países del continente americano están expuestos a resignar parte de su soberanía en todo aquello que pueda afectar los intereses estratégicos de la potencia norteamericana, son evidentemente hechos sumamente preocupantes, difícilmente motivo de celebración.

Pero Trump no es el problema, sino solo uno de los síntomas de un cambio profundo. Con todo, y pese a todo, sigo alegrándome de la caída de Maduro y sigo prefiriendo nuestra situación geopolítica a la de Ucrania. Es bueno no perder tampoco eso de vista.

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