Opinión

Vísperas de un cambio

Vísperas de un cambio

Me agotó esa polarización que desde hace 15 años nos tiene disparando desde trincheras que no avanzan a parte alguna y en cambio nos sume en una vida como sociedad caracterizada por el estancamiento, el desastre fiscal, la inseguridad, la violencia y la desconfianza en el otro.

En unos pocos días comienza un gobierno que no me convencía. Sin embargo, menos me convence ver a muchos obsesionados en encontrarle “peros” por todos lados. Me irrita ver a derrotados por Kast más preocupados en cómo socavarle apoyo, que de entender la magnitud de las equivocaciones que los llevaron a la derrota o de proponerse renovaciones que los salven a futuro. Silencian sus aciertos en demandas populares que lo hicieron triunfar y también la convocatoria trasversal a todos después de la elección, transformada luego en propuesta transversal consecuente para la conformación de equipos de gobierno. Me agobia verlos teorizando absortos en taras del futuro gobernante: su conservadurismo cultural, los peligros antidemocráticos que encarnaría, lo “iliberal” que sería, junto a alabanzas al gobierno que termina, justo cuando nos enteramos del desastre fiscal que deja como principal legado al futuro de Chile.

Y permítanme alegar algo sobre los prejuicios, a sabiendas que no estoy exento de ellos. Dejemos de presumirnos representantes exclusivos de un pueblo que ha mostrado variabilidad para optar. Nadie tiene derecho a privatizar para sí un pueblo diverso y cuyas demandas poco se inspiran en propuestas partidarias, por lo demás misérrimas. Es un chiste definirse como “transformadores” si no han transformado algo que importe a la gente.

Tampoco es serio descalificar a otro dando tinte clasista a la palabra élite siendo parte de ella. Usaré el caso de dos futuros ministros para explicarme. Una fue una entrevista de Cristián Warnken a Jorge Quiroz. Ante mi sorpresa descubrí en él no a un “tecnócrata” sino a un profesional nacido y criado en Valparaíso, hijo de maestra, crítico de la dictadura, lector de grandes novelas desde niño estimulado por su madre y escritor de cuentos con libro editado, con un nivel y diversidad cultural que quisiera en algunos de la “élite gobernante”. La otra es que, veraneando en Chiloé, caí en un restaurante cerca de Dalcahue. En una mesa cenaba Claudio Alvarado acompañado de otra persona. Nacido, criado y vivido en Chiloé. Estudió en la escuela D-922 y el liceo B-34 de Castro; trabajó largos años en los sectores público y privado de su región. No son ellos parte de la élite santiaguina de barrio alto, pero sí varios de sus detractores.

No fui su partidario y, como todos, seguro cometerá errores, pero me agota ser adversario antes de que parta un Presidente que ha dicho querer gobernar transversalmente con todos y no seguir polarizando. Eso me interpreta, no quiero seguir en esta pugna empantanada por años. Deseo que le vaya bien a Chile.

Por Óscar Guillermo Garretón, economista

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