“Así nos ‘curaríamos’ las dos a la vez: ella crecería fuerte y a mí me criaría así”

“Hace un año inicié una terapia porque no aguantaba a mi madre y me sentía la peor persona del mundo. Gracias al acompañamiento de una buena terapeuta y a lecturas reveladoras sobre madres narcisistas, pude reconciliarme con la niña que fui –esta fue una de las primeras cosas que me dijo mi psicóloga: ‘Eva, no te has perdonado la infancia’–. Fui una niña muy insegura, con trastornos de conducta alimentaria. Perdonarme por fallar ha sido lo mejor que me he regalado este año y para el resto de mi vida.
Entendí que aunque mi madre no es consciente, como decía una chica mexicana: el árbol genealógico también se poda. Mi abuela, a la que adoro, fue una madre ausente, vivió de niña la Guerra Civil Española pasando mucha hambre y privaciones, tuvo un padre maltratador. Al final son muescas que se van insertando en los genes.
Resumiendo, cuando me tocó a mí ser madre, inconscientemente sabía que el camino para educar, no era el mismo que habían usado conmigo, y para avanzar, desaprendí para poder aprender. Y aunque no le guardo rencor a mi madre, si pudiera ser su madre, le daría el amor y la confianza que le fueron negados, al igual que con mi abuela. Así nos ‘curaríamos’ las dos a la vez: ella crecería fuerte y a mí me criaría así”.
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