Astrónomas chilenas: La misión de enseñar ciencia a niñas y niños

Han decidido difundir la astronomía a las futuras generaciones con el fin de que sean más quienes estudien carreras científicas en el país. Acá la historia de tres mujeres profesionales que le muestran el universo a niños que sueñan con ir algún día al espacio.




Un sueño construido sobre la curiosidad

Teresa Paneque tiene 22 años y es magíster en Ciencias Mención Astronomía de la Universidad de Chile. Su amor por la ciencia y la motivación por divulgarla, la ha llevado a seguir especializándose, siendo actualmente alumna del Doctorado de Astronomía de la Universidad de Leiden (Holanda) y el Observatorio Europeo Austral (Eso Alemania).

Como ella dice, tiene la astronomía en la sangre y desde niña siempre buscó respuestas a los distintos fenómenos de su entorno. Cuenta que cuando pequeña le asombraba ver cómo la física podía predecir los comportamientos dinámicos de la naturaleza a través de las ecuaciones matemáticas. “Dentro de todas las áreas de la física elegí el universo porque sentía que las preguntas eran muchísimas. Creo que ser astrónoma fue un sueño que se construyó sobre la curiosidad, las distintas preguntas y mi pasión por la docencia. Siempre he pensado que a través de la astronomía se pueden enseñar muchos conceptos”, dice.

Cuando pasó a primero medio, con apenas doce años, ya tenía decidido que quería dedicarse a la ciencia. “Respecto a la área específica, eso varió, pasé por la química, física y finalmente astronomía. En mi profesión actualmente ocupo las tres”. Al salir del colegio, a los 16 años, su opción universitaria era una sola: Licenciatura en Ciencias Mención en Astronomía en la Universidad de Chile. A lo largo de su carrera revela que lo más difícil fue la falta de referentes mujeres en su área. “La interacción con una investigadora -en la que una pueda proyectarse- es fundamental para motivar el interés y la confianza en campos con poca presencia femenina. Necesitamos más profesoras y académicas en posiciones de poder y directorios, hacen falta más referentes que inspiren y que apoyen las carreras de jóvenes científicas”, dice.

Actualmente es una de las mujeres astrónomas de la nueva generación de científicas chilenas. “La astronomía es una ciencia privilegiada, tenemos una proporción bastante similar de hombres y mujeres investigando a nivel de postgrado y pregrado, sin embargo, la mayor diferencia se ve en el estamento académico. De a poco estas circunstancias están cambiando y se están haciendo esfuerzos en los institutos a nivel mundial para promover el respeto, la equidad y un entorno de trabajo con perspectiva de género”.

Como una forma de ayudar a generar un cambio en nuestra sociedad, la científica se ha dedicado, además de investigar, a realizar cursos de astronomía a niños y niñas. Este último tiempo los ha hecho de forma online en el Departamento de Astronomía de la Universidad de Chile. Dice que las temáticas que más le gusta enseñar son la astronomía planetaria, formación, detección y análisis de condiciones de habitabilidad de planetas.

Sobre sus pequeños alumnos, dice que ellos son los mejores científicos, porque todavía no sienten vergüenza de hacer preguntas. "Trabajar con estudiantes en edades tempranas y motivarlos a aprender puede cambiar la manera en que ellos enfrentan sus clases en el colegio. Me motiva mucho inspirar y promover la ciencia en los niños porque no hay mejor regalo que cuando algún estudiante me dice: ‘Yo quiero ser científica como la profe’”.

Luchar contra el machismo en la ciencia

Cuando tenía 5 años, Bernardita Ried le decía a todo el mundo que sería astrónoma. Los cielos estrellados de su casa en Tongoy la inspiraban y hacían soñar con serlo, deseo que se cumplió cuando se tituló a los 23 años de Licenciada en Astronomía y Física de la Universidad de Chile. Actualmente la profesional cursa el Magíster en Física de dicha casa de estudios y espera postular a un doctorado en 2022.

De carácter fuerte desde pequeña, dice, la astrónoma recuerda que cuando niña se encerraba horas a leer libros científicos. “Me terminaba todos los de astronomía del colegio y luego continuaba con los de dinosaurios. Sabía todo sobre el sistema solar, el número de lunas de Saturno, qué planetas tenían anillos, todo”.

A lo largo de su adolescencia su gusto por la ciencia y las matemáticas fueron creciendo. Así cuando pasó a cuarto medio y tuvo que pensar en una carrera, decidió que quería estudiar algo “muy” matemático, entonces postuló a Ingeniería civil matemática. “Ingresé al plan común de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile. Una vez dentro me di cuenta de que me iba mucho mejor en física, materia que nunca elegí en el colegio. Cuando en segundo año tuve el primer ramo de física, que era “corta cabeza”, como le dicen en Beauchef, me enamoré de él. En ese minuto decidí ser astrónoma y física, volviendo a mis raíces curiosas. Tenía 20 años”.

En sus años como estudiante, lejos lo más difícil que enfrentó -cuenta- fue la discriminación por ser mujer y estudiar una carrera científica. “Recuerdo que en plena revolución feminista del 2018 algunas personas me preguntaban si no me sentía nerviosa por ser mujer y saber que mis estudiantes me mirarían en menos. Hasta ese momento nunca lo había imaginado y fue doloroso, porque era algo que estaba ajeno a mi mente. Afortunadamente, tengo desarrollada la capacidad de levantarme y frente a todas las situaciones adversas que me he encontrado en la universidad, he logrado salir adelante”, dice.

Sobre por qué existen menos científicas y astrónomas en el mundo, la profesional cree que el machismo se manifiesta fuertemente en los círculos de ciencia. Dice que todavía hay quienes creen que las mujeres tenemos menos capacidad reflexiva y que somos más emocionales. “Tengo claro que eso es falso y es una excusa social para mantener el curso de las cosas. La ciencia no avanza si mantenemos ese estereotipo. Hoy en día hay enormes colaboraciones internacionales y se valoran mucho las habilidades de comunicación y de trabajo en equipo, una labor que históricamente los hombres de ciencia han mirado como inferiores”.

Actualmente, la profesional imparte el curso online para niños en el Departamento de Astronomía de la Universidad de Chile, que se llama El Laboratorio del Cosmos. En él la astrónoma enseña los fenómenos cosmológicos, como el origen del universo, qué elementos hay en este y las leyes que lo rigen. “Muchas veces los astrónomos olvidan la importancia de divulgar o se mira en menos esta labor. Pero yo les enseño a los niños porque quiero que sueñen, que no se contenten con su entorno y realidad, que sean actores del cambio y que se empoderen”.

La posibilidad de hacer campamentos de ciencias para niños y mostrar que los científicos no son hombres de delantal blanco que nunca salen de sus laboratorios, son algunos de los cambios en los que quiere contribuir. “Para eso necesitamos que realmente se divulgue la ciencia, que se invierta más, ya que Chile tiene de sobra una naturaleza rica para investigar. También que el currículum nacional de educación esté más comprometido con los experimentos, los que no necesariamente deben darse en un laboratorio”, dice.

La necesidad de un cambio cultural

Más que trabajar en ciencia, Francisca Contreras (24) siempre supo que su profesión estaría relacionada con la enseñanza. Cuenta que cuando era niña le gustaba leerle cuentos a sus compañeros de kínder y ayudarlos con las tareas. “Me encantaba jugar con juegos educativos en el computador, le pedía a mi mamá -que es profesora- que me dejara tareas y que me prestara libros de cursos superiores”.

Cuando llegó a la enseñanza media, y como era buena en matemáticas, esta joven profesional decidió que estudiaría en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, y entonces se esforzó para lograrlo. Fue así como al salir de cuarto medio, entró a la carrera. “En un comienzo estudiaba con muchos hombres en la biblioteca, panorama común en la Facultad. Recuerdo que me sentía muy incómoda con ellos y con sus chistes. La verdad es que me costó llegar a tener un grupo de amigas para estudiar e incluso recibí comentarios en redes sociales que le daban a mi grupo de estudio una connotación pornográfica”, cuenta.

A lo largo de su carrera, Francisca debió convivir con los desaires de académicos más tradicionales que la miraban distinto por ser mujer. Es por eso que esta joven profesional cree que es necesario un cambio cultural para que ninguna estudiante vuelva a pasar por lo que ella vivió. Por eso, difunde la ciencia en los niños, ya que quiere que amplíen su visión del mundo y que esto los incentive a interesarse por la ciencia y la verdad.

El curso online que la profesional realiza en el Departamento de Astronomía de la Universidad de Chile se llama ‘Mi primer curso de Astronomía’, a través del cual enseña a niñas y niños sobre el sistema solar. “Son cuatro clases y voy desde lo más básico. Incluso algunos papás han inscrito a sus hijos de tres años. En él invito a los niños a imaginar lo distinto que pueden ser los planetas que hay en el universo y que aun así ninguno es tan bueno para nosotros como el nuestro, así que tenemos que cuidar el medioambiente para tener agua que es tan importante para la vida”, dice.

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