Cómo el amor propio y la autoestima influyen en la calidad de vida de los adultos mayores




La autoestima y el amor propio son parte importante de la identidad de las personas, de quienes somos, como nos vemos y como nos presentamos ante los demás. Y son aspectos de nuestra vida que se ven influenciados por distintos factores, desde el físico y como lo abordamos, hasta lo que sabemos hacer, lo que hemos aprendido y la manera en la que resolvemos los conflictos. No es de extrañar, que distintos estudios han demostrado que la imagen que tenemos de nosotros mismos es fuerte durante la infancia, tiende a disminuir durante la adolescencia, para luego fortalecerse en la adultez y disminuir, una vez más, cuando se es adulto mayor.

“El adulto que envejece se ve forzado a encarar la incertidumbre profesional y social, la variabilidad o desaparición de los afectos y la fragilidad de las relaciones con sus semejantes. No sólo se es viejo, sino que además se siente viejo, lo tratan como a un viejo y ve que sus coetáneos mueren porque son viejos”, escribe la médico cubana María Guillermina Yanes García en su artículo Consejos y propuestas para un envejecimiento satisfactorio, publicado en 2011 en el medio especializado MediSur. Agrega, en el mismo documento, que en general a esta parte de la población se le exige más dedicación a los cuidados, más énfasis en una buena alimentación y en mantener un estilo de vida lo más saludable posible, aunque eso signifique dejar de lado aquello que le gusta, en la última parte de sus vidas: “El anciano puede aceptar varias limitaciones y mantener algunas capacidades para disponer de energía y orientarla en ciertas direcciones. Pero el autocuidado exclusivo o excesivo puede resultar mortífero. Cuidarse suprimiendo todo lo agradable –sexualidad, comida, bebida– tal vez baje el colesterol y los triglicéridos, pero también baje el entusiasmo por la vida”.

En tanto, el autor de Psychologie de l’adulte âgé, Daniel Alaphilippe, explica que la autoestima no está relacionada intrínsecamente con la edad, pero sí con factores que podrían estar asociados al envejecimiento, más que físico, emocional. “La autoestima no está relacionada con la edad cronológica, sino que con la calidad de integración social de las personas y con sus capacidades adaptativas para lidiar con eventos de su vida, incluyendo una disminución física y cognitiva”, dice.

Esta idea es secundada por el doctor y autor Richard Robins, quien explica en una artículo publicado el año pasado, por la Asociación Americana de Psicología, que “la mediana edad es un momento de estabilidad laboral y familiar, así como de relaciones románticas. Las personas tienden a ocupar en esta edad posiciones de poder y estatus, lo que podría promover su autoestima. En contraste, lo adultos mayores podría experimentar un cambio de roles, tales como el nido vacío, la jubilación y el tener habilidades obsoletas, lo que se suma a un empeoramiento en la salud”. Pero agrega que quienes han cuidado su salud física y mental a lo largo de su vida, y que han actualizado sus conocimientos en el campo laboral, sí podrían presentar mejores niveles de autoestima, incluso en la vejez.

Entonces, según estos tres expertos, la autoestima y el amor propio son fundamentales para mantener una buena salud- especialmente emocional- a toda edad, pero principalmente cuando se es adulto mayor. Y para esto, el mantenerse actualizado en términos laborales y cognitivos, así como cuidar la salud pero sin caer en los extremos, son clave.

Por otro lado, desde el sitio web especializado en vejez, Áegis Living, publicó un listado con maneras de promover el amor propio, la autoestima y salud emocional de nuestros padres o abuelos que estén atravesando por la vejez:

1. Conexiones sociales: Según estudios, los adultos mayores que estén rodeados de familiares y amigos en quienes apoyarse, gozan de una mejor autoestima.

2. Dejar atrás estereotipos negativos: Mantener una mirada positiva de la vejez, donde se recalquen los beneficios- sabiduría, descanso- por sobre las limitaciones.

3. Fuerza y balance: Recomendar clases que incentiven la actividad física es una buena idea. En este caso, se recomienda tai chi, pilates, o incluso caminatas.

4. Pedir consejos: Las personas mayores son una fuente de sabiduría y experiencia, y aunque en occidente lo pasamos por alto, es algo que siempre debiéramos tener en cuenta. Hacerles preguntas y respetar sus consejos es fundamental a la hora de demostrarles que son una parte importante de la sociedad.

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