Las que abrieron camino

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El inicio del empoderamiento femenino y de la toma de consciencia sobre las injusticias y la opresión hacia las mujeres sigue siendo una incógnita. Algunas autoras afirman que comenzó a fines del siglo XIII, cuando Guillermine de Bohemia planteó crear una iglesia de mujeres; otras rescatan a las brujas como parte de esta lucha, quienes fueron asesinadas por promulgar conocimientos que no respondían al sistema religioso y patriarcal de esa época, e incluso hay teorías que se remontan a la Antigua Grecia y que catalogan a Eurípides como el responsable de formular las primeras ideas feministas de la historia a través de sus poemas. Sin embargo, es recién a mediados del siglo XIX cuando comienza una lucha organizada y colectiva. Junto a Carla Rojas, experta en género y académica de la Universidad de Chile, hicimos un repaso por aquellos momentos que marcaron la revolución feminista.

Primera ola: Las mujeres importamos

"La revolución de octubre de 1789, espontánea, imprevista, verdaderamente popular, les pertenece sobre todo a las mujeres", decía el historiador Jules Michelet en su libro La Historia de la Revolución Francesa. Y es que fue en esa época cuando, por primera vez, las mujeres invadieron en masa la calle con el propósito de manifestar por sus derechos. En su obra, Michelet describe a cuatro mil mujeres que partieron desde Champs-Élysées hasta el Palacio de Versalles con un cuaderno de quejas que incluía el derecho a voto, la reforma a la institución del matrimonio y la custodia de los hijos, además del acceso a la educación. Fue en lo que se conoce como Primera ola–la que comenzó en la Revolución Francesa y que se extendió hasta mediados del siglo XIX– cuando los derechos de la mujer empezaron a estar presentes en las tribunas políticas e intelectuales. El revolucionario girondino Nicolas Condorcet fue uno de los pocos filósofos de esos tiempos que denunció la condición de las mujeres. En 1970 escribió: "Queremos una constitución cuyos principios estén únicamente fundados en los derechos naturales del hombre. A partir del momento que exista un ser sensible capaz de razonar y tener ideas morales, debe gozar de estos derechos y no puede ser privado de ellos sin que haya injusticia. Las mujeres deben tener absolutamente los mismos derechos que los hombres". Y es que la lucha se trataba de eso. De considerar a las mujeres como un ciudadano más por el hecho de ser seres razonables y morales. Esto estaba en total discordancia con las constituciones presentes a final del siglo XVIII, que incluso negaban a las mujeres el derecho de ciudadanía. Uno de los personajes claves de esta primera ola fue la escritora Mary Wollstonecraftm, quien publicó Vindicación de los Derechos de la Mujer en 1792, una de las primeras y más influyentes obras feministas. Allí argumenta que las mujeres no son inferiores a los hombres, sino que sólo lo parecen por tener menos acceso a la educación.

Segunda ola: El derecho a votar

Se extiendió desde mediados del siglo XIX hasta la década de los cincuenta del siglo XX (final de la Segunda Guerra Mundial) y se caracterizó, principalmente, por el derecho a voto de las mujeres. Esta ola comenzó en Seneca Falls (Nueva York) donde se celebró la primera convención sobre los derechos de la mujer en Estados Unidos, organizada por las feministas Lucretia Mott y Elizabeth Cady Stanton, junto a diferentes movimientos sociales y organizaciones. El resultado fue la publicación de la "Declaración de Seneca Falls", un documento basado en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos en el que denunciaban las restricciones, sobre todo políticas, a las que estaban sometidas las mujeres. Reclamaban la independencia de la mujer de las decisiones de padres y maridos, así como el derecho al trabajo, al que daban prioridad por encima del voto. En Inglaterra, además, aparecieron las Sufragistas, lideradas por Emmeline Pankhurst, y el debate sobre el sufragio universal se hizo cada vez más intenso. Durante la primera mitad del siglo XX, se fue incorporando a las legislaciones democráticas, pero limitado en edad o estrato social. Además, continuaron las reivindicaciones sobre el acceso a la educación. Recién a partir de 1880 algunas universidades comenzaron a admitir a mujeres en las clases, sin embargo, se trató de casos excepcionales. Antes de esto, la mujer logró el acceso a la educación primaria y secundaria, aunque bajo el pretexto de ser buena madre y esposa.

Tercera ola: Liberación de la mujer

Comenzó con las revoluciones de los años 60 hasta la actualidad, aunque algunas teóricas marcan el punto final en los años 80. El objetivo de esta lucha se centró contra la mujer como estereotipo sexual en los medios de comunicación, el arte y la publicidad, luego de que en los años cincuenta se definiera un tipo de femineidad, de la que se hizo propaganda en la televisión y cine. También, fue una época en la que, por primera vez, se pidió la abolición del patriarcado porque se llegó a la conclusión de que más allá del derecho al voto, la educación y otros logros de las primeras feministas, es la estructura social la que provoca las desigualdades y establece jerarquías que favorecen a los hombres. En este movimiento fueron fundamentales los anticonceptivos porque le otorgaron el poder del control de la natalidad (y la liberación del goce sexual, no atado a la reproducción) y el divorcio se hizo ley en muchos países. También, las mujeres comenzaron a ser candidatas reales en el mundo político, aunque su porcentaje, al igual que hasta ahora, es inferior al de los hombres. A partir de los años ochenta, adquirieron especial importancia las diversidades femeninas, el multiculturalismo, la solidaridad femenina y el debate, cada vez más intenso, entre diferentes corrientes del feminismo. Bajo el lema "Lo personal es político" entraron en el debate la sexualidad femenina, la violencia contra la mujer, la salud femenina, el aborto o la contracepción, entre otros.

Cuarta ola: Nosotras

Es la que vivimos en la actualidad y donde el activismo presencial y online cobraron gran protagonismo. Se considera que comenzó́ a principios de los años 2000, aunque el impulso no llegó hasta 2012 gracias al impacto de las redes sociales. Fue en ese momento en el que se empezaron a iniciar campañas y movilizaciones virales que contribuyeron a la extensión de una conciencia feminista global. Sin embargo, fuera de las redes, también hubo varios hechos que potenciaron el resurgir feminista, como la llegada de mujeres a puestos de poder en organizaciones y partidos, y los relatos personales o los casos de violencia de género que se apoderaron de la opinión pública. Las demandas de esta época tienen que ver con el fin del patriarcado y la violencia en contra de la mujer. Y la sororidad, concepto que habla de la solidaridad entre mujeres, es central. Uno de los hechos más importantes de este movimiento fue el primer paro internacional de mujeres, llevado a cabo el 8 de marzo de 2017, inmortalizado como #8M. En Chile, hubo un punto de inflexión con el 2016 con el caso de Nabila Rifo, el que coincide en fechas con el de Lucía Pérez, a quien asesinaron y empalaron en Argentina. Esto generó la primera protesta en la que se unieron varios países de Latinoamérica bajo el lema 'Ni una menos'.

La descolonización del feminismo

"Hemos leído y escuchado que el feminismo ha sido una propuesta que nace de la ilustración. Desde una historia contada de forma lineal y euronorcéntrica, se asume que aparece con la Revolución Francesa, como si antes de ese hecho en otros lugares que no son Europa, las mujeres no se hubiesen opuesto al patriarcado", escribió la activista y teórica del feminismo latino y caribeño Ochy Curiel en su ensayo Descolonizando el feminismo: una perspectiva desde América Latina y el Caribe. Y es que para ella, al igual que para otras historiadoras, uno de los grandes errores de este movimiento fue academizarlo. "Existe todo un movimiento feminista indígena y afroamericano que siempre ha luchado en pro de la mujer, sin embargo, al no estar registrado en los libros, es invisibilizado. Por esta razón salieron en su defensa historiadoras de oposición al feminismo blanco, heterosexual, institucional y estatal, que proponen un movimiento sin fronteras", explica Carla Rojas.

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